Santiago 3:2–12
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2Porque todos tropezamos1 de muchas manerasa. Si alguno no tropieza en lo que dice2b, es un hombre perfectoc, capaz también de refrenar todo el cuerpod.
3Ahora bien, si ponemos el freno en la boca de los caballosa para que nos obedezcan, dirigimos también todo su cuerpo.
4Mirad también las naves; aunque son tan grandes e impulsadas por fuertes vientos, son, sin embargo, dirigidas mediante un timón muy pequeño por donde la voluntad1 del piloto quiere.
5Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosasa. Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuegob!
6Y la lengua es un fuegoa, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpob, es encendida por el infierno1c e inflama el curso2 de nuestra vida3.
7Porque todo género1 de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domado por el género1 humano,
8pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno mortala.
9Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padrea, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Diosb;
10de la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
11¿Acaso una fuente por la misma abertura echa agua dulce y amarga?
12¿Acaso, hermanos míos, puede una higuera producir aceitunasa, o una vid higos? Tampoco la fuente de agua salada puede producir agua dulce.
Footnotes
Cross references
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