Lucas 6:20–49
La Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Greek
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
Las bienaventuranzas
20Volviendo su vista hacia sus discípulos, decía: Bienaventuradosa vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Diosb.
21Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
22Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecen, cuando os apartan de sía, os colman de insultosb y desechan vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.
23Alegraos en ese día y saltada de gozo, porque he aquí, vuestra recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban1 de la misma manera a los profetasb.
24Pero ¡ay de vosotros los ricosa!, porque ya estáis recibiendo todo vuestro consuelob.
25¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados1!, porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís!, porque os lamentaréis y lloraréis.
26¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque de la misma manera trataban1 sus padres a los falsos profetasa.
El amor verdadero y su recompensa
27Pero a vosotros los que oís, os digo: amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecena;
28bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperana.
29aAl que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa1, no le niegues tampoco la túnica.
30A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames.
31Y así como queréis que los hombres os hagan, haced con ellos de la misma maneraa.
32Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los amana.
33Si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.
34Si prestáisa a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos la misma cantidad.
35Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced biena, y prestad no esperando nada a cambio1, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimob; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos.
36Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso.
El juicio hacia los demás
37aNo juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad1, y seréis perdonadosb.
38Dad, y os será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán en vuestro regazoa. Porque con la medida con que midáis, se os volverá a medirb.
39Les dijo también una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyoa?
40Un discípulo no está por encima de su maestroa; mas todo discípulo, después de que se ha preparado bien, será como su maestro1.
41¿Y por qué miras la mota1 que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?
42¿O cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, déjame sacarte la mota1 que está en tu ojo», cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota1 que está en el ojo de tu hermano.
43aPorque no hay árbol bueno que produzca fruto malo, ni a la inversa1, árbol malo que produzca fruto bueno.
44Pues cada árbol por su fruto se conoce. Porque los hombres no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarzaa.
45El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es maloa; porque de la abundancia del corazón habla su bocab.
Los dos cimientos
46¿Y por qué me llamáis: «Señor, Señora», y no hacéis lo que yo digo?
47aTodo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica1, os mostraré a quién es semejante:
48es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo1 y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente2 rompió contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida.
49Pero el que ha oído y no ha hecho nada, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin echar cimiento; y el torrente rompió contra ella y al instante se desplomó, y fue grande la ruina de aquella casa.
Footnotes
Cross references
- aMat. 5:3–12; Luc. 6:20–23
- bMat. 5:3
- aJuan 9:22; 16:2
- b1 Ped. 4:14
- aMal. cap. 4
- b2 Crón. 36:16; Hech. 7:52
- aLuc. 16:25; Sant. 5:1
- bMat. 6:2
- aMat. 7:15
- aMat. 5:44; Luc. 6:35
- aMat. 5:44; Luc. 6:35
- aLuc. 6:29, 30; Mat. 5:39–42
- aMat. 7:12
- aMat. 5:46
- aMat. 5:42
- aLuc. 6:27
- bMat. 5:9; Luc. 1:32
- aLuc. 6:37–42; Mat. 7:1–5
- bMat. 6:14; Luc. 23:16; Hech. 3:13
- aSal. 79:12; Isa. 65:6, 7; Jer. 32:18
- bMar. 4:24
- aMat. 15:14
- aMat. 10:24; Juan 13:16; 15:20
- aLuc. 6:43, 44; Mat. 7:16, 18, 20
- aMat. 7:16; 12:33
- aMat. 12:35
- bMat. 12:34
- aMal. 1:6; Mat. 7:21
- aLuc. 6:47–49; Mat. 7:24–27; Sant. 1:22 y sig.
Copyright 1986, 1995, 1997 The Lockman Foundation