Josué 5–6
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Cuando los reyes de los amorreos que habitaban al lado occidental del Jordán y los reyes de los cananeos que vivían en la región costera, oyeron que el Señor había mantenido seco el cauce del Jordán hasta que los israelitas lo atravesaron*, desfalleció su corazón y les faltó el aliento para hacer frente a los israelitas.
LOS ISRAELITAS SE CIRCUNCIDAN EN GUILGAL
Por aquellos días dijo el Señor a Josué:
— Hazte unos cuchillos de pedernal y circuncida por segunda vez a los israelitas.
Así lo hizo Josué y circuncidó a los israelitas en el Collado de los Prepucios. El motivo por el que Josué practicó esta circuncisión fue que toda la población masculina salida de Egipto y útil para la guerra, había muerto en el desierto después de salir de Egipto, mientras iban de camino; esta era una población que estaba ya circuncidada. Pero la gente nacida mientras iban de camino por el desierto después de salir de Egipto, no había sido circuncidada. Los israelitas, en efecto, anduvieron por el desierto durante cuarenta años, hasta que perecieron todos los hombres útiles para la guerra que habían salido de Egipto. Desobedecieron la voz del Señor y el Señor les juró que no les dejaría ver la tierra que mana leche y miel, la tierra que iba a darnos conforme había prometido a nuestros antepasados. El Señor los sustituyó por sus hijos y estos son los que Josué circuncidó, porque, al no haber sido circuncidados mientras iban de camino, estaban sin circuncidar. Cuando todos quedaron circuncidados, permanecieron en el campamento, donde estaban, hasta que se curaron. Entonces dijo el Señor a Josué:
— Hoy les he quitado a ustedes de encima el oprobio de Egipto.
Por eso aquel lugar recibió el nombre de Guilgal y todavía se llama así.
CELEBRACIÓN DE LA PASCUA
Los israelitas acamparon en Guilgal y el día catorce de aquel mes, al atardecer, celebraron allí la Pascua, en la llanura de Jericó. A partir del día siguiente a la celebración de la Pascua comieron ya de los productos del país: panes sin levadura y espigas tostadas. Desde ese mismo día en que comenzaron a comer de los productos del país, cesó el maná para los israelitas que, ya aquel año, se alimentaron de los productos de la tierra de Canaán.
APARICIÓN DEL SEÑOR A JOSUÉ
Estando ya cerca de Jericó, Josué alzó los ojos y vio enfrente a un hombre de pie con una espada desenvainada en la mano. Josué se acercó a él y le preguntó:
— ¿Eres amigo o enemigo?
Respondió el interpelado:
— Yo soy el jefe del ejército del Señor y acabo de llegar.
Cayó Josué rostro en tierra, lo adoró y le preguntó:
— ¿Qué manda mi Señor a su siervo?
El jefe del ejército del Señor respondió a Josué:
— Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es sagrado.
Y Josué lo hizo así.
ETAPAS DE LA CONQUISTA (6–11)
CONQUISTA DE JERICÓ
Jericó estaba cerrada a cal y canto por miedo a los israelitas: nadie podía entrar ni salir. El Señor dijo a Josué:
— Mira, yo te entrego a Jericó y a su rey. Todos los guerreros de ustedes darán cada día una vuelta alrededor de la ciudad. Así durante seis días. Siete sacerdotes llevarán delante del Arca siete trompetas de cuerno de carnero. El séptimo día darán ustedes siete vueltas a la ciudad y los sacerdotes tocarán las trompetas. Cuando los sacerdotes toquen el cuerno de carnero y oigan ustedes el sonar de la trompeta, todo el pueblo prorrumpirá en un poderoso grito de guerra y la muralla de la ciudad se derrumbará. El pueblo se lanzará entonces al asalto cada uno por enfrente de donde está.
Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes y les dijo:
— Tomen el Arca de la alianza y que siete sacerdotes vayan delante del Arca del Señor llevando siete trompetas de cuerno de carnero.
Y al pueblo le dijo:
— Pónganse en marcha y den una vuelta a la ciudad; que los que van armados se coloquen delante del Arca del Señor.
En cuanto acabó de hablar Josué al pueblo, los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de cuerno de carnero delante del Arca del Señor se pusieron en marcha y tocaron las trompetas; el Arca de la alianza del Señor iba tras ellos; los que iban armados marchaban delante de los sacerdotes que tocaban las trompetas, mientras la retaguardia caminaba detrás del Arca al son de las trompetas. Josué había dado esta orden al pueblo:
— No lancen gritos de guerra ni dejen oír sus voces: que no salga ni una palabra de su boca, hasta el día en que yo les mande lanzar el grito de guerra. Entonces lo lanzarán.
Hizo, pues, Josué que dieran una vuelta a la ciudad con el Arca del Señor, rodeándola una vez; luego regresaron al campamento, donde pasaron la noche. Josué se levantó de madrugada y los sacerdotes cargaron a hombros el Arca del Señor. Los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de cuerno de carnero delante del Arca del Señor, iban tocando las trompetas según caminaban. Los que iban armados marchaban delante de ellos mientras la retaguardia desfilaba detrás del Arca del Señor al son de las trompetas. El segundo día dieron otra vuelta a la ciudad y regresaron al campamento. Así durante seis días. El séptimo día, se levantaron de madrugada y, siguiendo el mismo ritual, dieron siete vueltas a la ciudad; únicamente el séptimo día dieron siete vueltas a la ciudad. A la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron las trompetas y Josué dijo al pueblo:
— ¡Lancen el grito de guerra, porque el Señor les ha entregado la ciudad! La ciudad, con todo lo que hay en ella, será consagrada al exterminio en honor del Señor. Sólo quedará con vida Rajab, la prostituta, junto con todos los que están con ella en su casa, pues ocultó a los exploradores que enviamos a Jericó. Pero ustedes, guárdense de quedarse con algo consagrado al exterminio, pues si se dejan llevar de la codicia y se quedan con algo de lo que está consagrado, acarrearían la desgracia a todo el campamento de Israel convirtiéndolo en objeto de exterminio. Toda la plata, todo el oro y todos los objetos de bronce y de hierro están consagrados al Señor y deberán ingresarse en su tesoro.
El pueblo lanzó el grito de guerra y sonaron las trompetas. Al escuchar el pueblo el sonar de la trompeta, lanzó un poderoso grito de guerra y la muralla se desplomó. El pueblo asaltó la ciudad, cada uno por enfrente de donde se encontraba, y se apoderaron de ella. Consagraron al exterminio todo lo que había en la ciudad: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, bueyes, ovejas y asnos, pasándolos a filo de espada.
RESPETAN A RAJAB Y SU FAMILIA
Josué dijo a los dos hombres enviados a explorar el país:
— Entren en casa de la prostituta y hagan salir de ella a esa mujer con todo lo que le sea propio, pues así se lo juraron ustedes.
Los jóvenes espías fueron e hicieron salir a Rajab, a su padre, a su madre, a sus hermanos con todo cuanto le pertenecía. También permitieron salir a todos los de su familia, dejándolos fuera del campamento de Israel. Luego prendieron fuego a la ciudad con todo lo que contenía. Sólo la plata, el oro y los objetos de bronce y de hierro los depositaron en el tesoro de la casa del Señor.
Pero Josué respetó la vida de Rajab, la prostituta, así como la de la familia de su padre y la de todos los suyos que continúan viviendo en medio de Israel hasta el día de hoy. Todo ello porque Rajab escondió a los espías que envió Josué a explorar Jericó.
MALDICIÓN CONTRA QUIEN RECONSTRUYA JERICÓ
En aquella ocasión Josué pronunció este juramento:
— ¡Maldito sea ante el Señor quien que se atreva a reconstruir esta ciudad! ¡Echar sus cimientos le costará la vida de su primogénito, y asentar sus puertas la de su hijo menor!
Y el Señor estuvo con Josué, cuya fama se divulgó por toda la tierra.
Footnotes
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