Logos Bible Study

Joel 1:1–2:27

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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TÍTULO

Palabras que el Señor comunicó a Joel, hijo de Petuel.

EL DÍA DEL SEÑOR (1–3)

RELATO DE PLAGAS Y SEQUÍA

¡Oigan esto ustedes, los ancianos;

habitantes todos del país, escuchen!

¿Aconteció algo igual en sus días

o en los días de sus antepasados?

Cuéntenselo a sus hijos,

sus hijos a los suyos,

y sus hijos a una nueva generación.

Lo que dejó la “devastadora”

lo comió la “acaparadora”;

lo que dejó la “acaparadora”

lo comió la “lamedora”,

y lo que dejó la “lamedora”

lo comió la “devoradora”.

Despierten, los embriagados, y lloren.

Giman, los bebedores de vino,

por el mosto que se les ha quitado de la boca.

Porque un pueblo ha invadido mi tierra;

es poderoso e innumerable;

sus dientes son dientes de león,

y tiene muelas como de leona.

Ha asolado mi viñedo,

ha destrozado mis higueras,

las ha descortezado del todo

haciendo blanquear sus ramas;

luego las ha derribado.

Llora tú como una joven vestida de luto

por causa del marido de su juventud.

Ofrenda y libación han cesado

en el Templo del Señor;

hacen duelo los sacerdotes,

los servidores del Señor.

El campo está devastado,

enlutada la tierra;

el trigo se ha perdido,

se echa en falta el mosto,

se ha agotado el aceite.

Constérnense, labradores,

giman, viñadores,

pues se ha echado a perder

la cosecha del trigo y la cebada.

Está reseco el viñedo

y marchita la higuera,

así como el granado,

el manzano y la palmera:

se han secado por completo

todos los árboles del campo.

Incluso entre la gente

ha desaparecido la alegría.

CONVOCATORIA AL AYUNO Y LA ORACIÓN

Vístanse de luto y lloren, sacerdotes;

giman ustedes, servidores del altar;

vengan a dormir sobre esteras,

ustedes, los que sirven a mi Dios,

pues ofrenda y libación han cesado

en el Templo de su Dios.

Promulguen un ayuno,

convoquen una asamblea,

reúnan a los ancianos

y a todos los que habitan el país

en el Templo del Señor, su Dios,

y clamen al Señor.

ANUNCIO DEL DÍA DEL SEÑOR

¡Ay, qué terrible aquel día!

Porque el día del Señor está cerca;

la destrucción del Destructor

está a punto de llegar.

Ante nuestros propios ojos

nos ha sido arrebatada la comida

junto con la alegría y el gozo

en el Templo de nuestro Dios.

Las semillas se han podrido

debajo de los terrones;

están los graneros en ruinas

y los silos derruidos,

porque el trigo se ha perdido.

¡Cómo muge el ganado!

Deambula vacilante la vacada

porque no encuentra pastos;

también las ovejas desfallecen.

A ti clamo, Señor,

porque el fuego ha consumido

los matorrales de la estepa,

y las llamas han abrasado

todos los árboles del campo.

Incluso las bestias salvajes

braman dirigiéndose a ti,

porque se han secado los arroyos

y el fuego ha consumido

los matorrales de la estepa.

¡Toquen la trompeta en Sión,

den la alarma en mi santo monte!

Tiemblen todos los que habitan el país,

porque viene el día del Señor;

está ya a las puertas:

día de oscuridad y de tinieblas,

de nubarrones y densa niebla.

Como el amanecer sobre los montes,

así avanza un pueblo fuerte y numeroso;

nunca antes hubo otro como él,

ni volverá a existir después

por muchas generaciones que pasen.

Su vanguardia es fuego consumidor,

llama abrasadora su retaguardia.

Antes de su paso, era el país un paraíso;

después, todo es estepa desolada:

nada se escapa ante él.

Similar a los caballos es su aspecto,

cabalgan como si fueran jinetes.

Retumban como carros de guerra,

saltan por las cimas de los montes;

son igual que el crepitar del fuego

cuando consume el rastrojo;

igual que un pueblo poderoso

dispuesto para el combate.

Ante él tiemblan los pueblos,

palidecen todos los semblantes.

Avanzan como valientes,

cual guerreros escalan la muralla;

cada uno marcha en su fila,

sin desviarse de su trayectoria;

ninguno estorba al compañero,

avanza cada cual por su camino;

aunque caigan flechas a su alrededor,

no rompen la formación.

Invaden la ciudad,

escalan la muralla;

asaltan las casas

irrumpiendo como ladrones

a través de las ventanas.

En su presencia tiembla la tierra,

los cielos se estremecen,

el sol y la luna se oscurecen

y dejan de brillar las estrellas.

El Señor alza la voz

al frente de su ejército;

son innumerables sus tropas

y fuerte el que ejecuta su palabra.

El día del Señor es grandioso y temible:

¿quién podrá resistirlo?

LLAMADA AL ARREPENTIMIENTO

Ahora, pues, —oráculo del Señor—

vuélvanse hacia mí de todo corazón,

con ayuno, lágrimas y lamento.

Rasguen su corazón

en lugar de sus vestidos;

vuélvanse al Señor, su Dios,

que es misericordioso y compasivo,

lento para airarse y lleno de amor,

siempre dispuesto a no hacer mal.

Quizá se decida a no hacer daño

y a sembrar bendiciones a su paso:

ofrendas y libaciones

para el Señor, su Dios.

¡Toquen la trompeta en Sión!

Decreten un ayuno,

convoquen una asamblea;

congreguen al pueblo,

santifiquen la asamblea,

reúnan a los ancianos,

junten a los niños,

incluso a los que aún maman;

salga de la alcoba el esposo

y la esposa de su lecho nupcial.

Lloren los sacerdotes

entre el atrio y el altar;

digan los servidores del Señor:

“Perdona, Señor, a tu pueblo;

no expongas tu heredad al oprobio

ni a la burla de los paganos.

Que no se diga entre los pueblos:

¿dónde está su Dios?”.

RESPUESTA DEL SEÑOR

Lleno de amor por su tierra,

el Señor se compadeció de su pueblo

y le respondió diciendo:

Voy a enviarles trigo, vino y aceite

hasta que estén saciados;

nunca más los expondré

al oprobio de los paganos.

Alejaré de ustedes

al enemigo del norte

haré que se disperse

por terrenos áridos y desolados:

su vanguardia hacia el mar Oriental,

hacia el Occidental su retaguardia;

despedirá hedor y pestilencia,

porque ha hecho cosas tremendas.

No teman, campos de cultivo,

regocíjense y alégrense:

el Señor hará cosas grandiosas.

No teman, bestias del campo;

reverdecerán los matorrales de la estepa,

los árboles producirán su fruto,

darán su riqueza la vid y la higuera.

También ustedes, habitantes de Sión,

regocíjense y alégrense

en el Señor, su Dios,

pues les ha dado la lluvia oportuna en otoño

y derramará sobre ustedes como antaño

las lluvias de otoño y primavera.

Las eras se llenarán de trigo,

los lagares rebosarán de vino y aceite.

Los compensaré por aquellos años

en que todo lo arrasaron

la “recolectora”, la “lamedora”,

la “devoradora” y la “devastadora”,

aquel inmenso ejército

que envié contra ustedes.

Comerán hasta quedar saciados

y alabarán el nombre

del Señor, su Dios,

que hizo portentos con ustedes.

Y nunca jamás mi pueblo

volverá a quedar cubierto de oprobio.

Tendrán que reconocer así

que estoy en medio de Israel

y que yo, y ningún otro,

soy el Señor, su Dios.

Y nunca jamás mi pueblo

volverá a quedar cubierto de oprobio.

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Joel 2:12: “Yet even now,” declares the LORD, “return to me with all your heart, with fasting, with weeping, and with mourning...