Isaías 1:2–20
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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ORÁCULOS SOBRE JUDÁ E ISRAEL (1–12)
DIOS ACUSA A SU PUEBLO DE INFIDELIDAD
Oye, cielo; escucha, tierra,
porque va a hablar el Señor.
Hijos hermosos crié,
que se han vuelto contra mí.
El buey conoce a su dueño,
el asno, el pesebre del amo;
pero Israel no conoce,
mi pueblo no entiende.
¡Ay del país pecador,
del pueblo abrumado por la culpa:
raza de canallas, prole degenerada!
Han abandonado al Señor,
despreciaron al Santo de Israel,
le han dado la espalda.
¿Dónde seguir golpeándolos,
rebeldes recalcitrantes?
La cabeza es pura llaga,
todo enfermo el corazón;
de los pies a la cabeza
nada sano queda en él:
contusiones, cicatrices,
heridas sin restañar,
sin limpiar y sin vendar,
sin suavizar con aceite.
Su tierra devastada,
sus pueblos calcinados;
ven cómo de sus campos
se aprovechan extranjeros.
Desolación y desastre como en Sodoma.
La capital Sión ha quedado
como choza en una viña,
cual cabaña en melonar,
como una ciudad sitiada.
Si el Señor del universo
no nos hubiera dejado un resto,
seríamos como Sodoma,
parecidos a Gomorra.
NUEVA ACUSACIÓN: FALSO CULTO
Escuchen la palabra del Señor,
gobernantes de Sodoma;
oigan la enseñanza de nuestro Dios,
pobladores de Gomorra.
¿Qué utilidad me reportan
sus abundantes sacrificios?
— dice el Señor—.
Estoy harto de holocaustos de carneros,
de la enjundia de cebones;
no me agrada la sangre de novillos,
de corderos y machos cabríos.
Cuando entran en mi presencia
y penetran por mis atrios,
¿quién les exige esas cosas?
No traigan más ofrendas injustas,
el humo de su cremación
me resulta insoportable.
Novilunio, sábado, asamblea…
no soporto reuniones de malvados.
Odio novilunios y fiestas,
me resultan ya insoportables,
intento en vano aguantarlos.
Cuando levantan las manos suplicantes,
aparto mi vista de ustedes;
por más que aumenten las oraciones,
no pienso darles oído;
sus manos están llenas de sangre.
Lávense, purifíquense;
aparten de mi vista
todas sus fechorías;
dejen ya de hacer el mal.
Aprendan a hacer el bien,
tomen decisiones justas,
restablezcan al oprimido,
hagan justicia al huérfano,
defiendan la causa de la viuda.
Vengan y discutamos esto,
— dice el Señor—.
Aunque sean sus pecados
tan rojos como la grana,
blanquearán como la nieve;
aunque sean como la púrpura,
como lana quedarán.
Si están dispuestos a obedecer,
comerán lo mejor de la tierra;
si se niegan y se rebelan,
la espada los comerá.
Es el Señor quien ha hablado.
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