Logos Bible Study

Isaías 41–63

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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LA HISTORIA PRESENTE TAMBIÉN EN MANOS DE DIOS

Escúchenme, islas, en silencio;

pueblos, esperen mi reprensión.

Que se acerquen y entonces hablaremos,

comparezcamos juntos a juicio.

¿Quién lo ha suscitado por oriente

y le ofrece la victoria a cada paso,

pone a su alcance a las naciones

y le somete a sus reyes?

Su espada los reduce a polvo,

su arco los avienta como paja;

los persigue y avanza seguro,

y ni tocan sus pies el camino.

¿Quién lo ha hecho y realizado?

El que llama al futuro desde el principio.

Yo soy el Señor, el primero;

y estaré presente con los últimos.

Las islas lo contemplan temerosas,

tiemblan los confines de la tierra;

ya se acercan, ya están aquí.

Cada cual ayuda a su compañero,

y dice al de al lado: “Ánimo”.

El escultor anima al orfebre,

el forjador al que golpea el yunque;

le dice: “Va bien la soldadura”,

y la sujeta bien fuerte con clavos.

FUTURO SERENO DEL PUEBLO ELEGIDO

Y tú, Israel, siervo mío,

tú, Jacob, mi elegido,

estirpe de mi amigo Abrahán,

a quien tomé del confín de la tierra,

a quien llamé de lejanas regiones;

a quien dije: Tú eres mi siervo;

te he elegido, no te he rechazado.

No temas, que estoy contigo;

no te angusties, que soy tu Dios.

Te doy fuerza y voy a ayudarte,

te sostiene mi diestra salvadora.

Mira: se retraen avergonzados

todos los que se afanan contra ti;

en nada quedarán, perecerán

todos los que pleitean contigo.

Buscarás pero no encontrarás

a la gente que te anda provocando;

en nada quedarán, sin valor,

todos los que te hacen la guerra.

Porque yo, el Señor tu Dios,

soy quien te toma de la mano,

quien te dice: Nada temas,

porque yo soy tu auxilio.

NUEVO ORÁCULO DE SALVACIÓN

No temas, gusanito de Jacob;

no te angusties, cosita de Israel;

te voy a auxiliar —oráculo del Señor—.

Tu redentor es el Santo de Israel.

Voy a convertirte en trillo cortante,

en trillo nuevo, lleno de dientes.

Trillarás, triturarás montañas,

reducirás a paja las colinas;

los aventarás, el viento los dispersará,

el torbellino los arrebatará consigo.

Pero tú te alegrarás en el Señor,

te gloriarás del Santo de Israel.

EL DESIERTO TRANSFORMADO

En vano los pobres buscan agua,

la sed reseca su lengua.

Yo, el Señor, les respondo;

como Dios de Israel, no los abandono.

Abriré canales en cumbres peladas,

fuentes en medio de los valles;

transformaré la estepa en estanque,

la tierra desierta en manantiales.

Llenaré la estepa de cedros,

de acacias, mirtos y olivos;

plantaré en el desierto cipreses,

y a la vez olmos y abetos.

Para que así vean y entiendan,

y a la vez se fijen y aprendan

que lo ha hecho la mano del Señor,

lo ha creado el Santo de Israel.

LOS ÍDOLOS NADA SABEN Y NADA SON

Presenten su causa, dice el Señor,

aduzcan sus pruebas, dice el Rey de Jacob;

que se acerquen y nos digan

lo que va a suceder.

Dígannos cómo fue el pasado

y prestaremos atención;

anúnciennos el futuro

y lo reconoceremos cuando llegue;

predigan los signos del futuro

y sabremos que son dioses.

Hagan algo, bueno o malo,

y que todos lo veamos admirados.

Mas ustedes no son nada,

sus obras son vacío;

es detestable elegirlos como dioses.

Del norte he suscitado

a uno que está llegando;

de oriente lo llamo por su nombre:

pisoteará príncipes como barro,

como pisa un alfarero la arcilla.

¿Quién lo dijo de antemano

para que lo supiéramos por adelantado,

para que asintiéramos diciendo: “Es cierto”?

Pero nadie lo cuenta ni lo explica,

y nadie escucha sus palabras.

Lo he anunciado primero en Sión,

he enviado un heraldo a Jerusalén.

Miré, pero a nadie vi,

ni un consejero entre ellos

que pudiese responder a mi pregunta.

Son todos pura nadería,

sus obras un cero a la izquierda,

viento y nulidad sus estatuas.

PRIMER CANTO DEL SIERVO

Este es mi siervo, a quien sostengo,

mi elegido, en quien me complazco.

Lo he dotado de mi espíritu,

para que lleve el derecho a las naciones.

No gritará ni alzará la voz,

ni se hará escuchar por las calles.

No romperá la caña ya quebrada,

ni apagará la llama que aún vacila;

proclamará el derecho con verdad.

No desfallecerá ni se quebrará,

hasta que implante el derecho en la tierra,

en las islas que esperan su enseñanza.

Así dice Dios, el Señor,

que ha creado y desplegado el cielo,

que ha establecido la tierra y su vegetación,

que ha dado aliento a la gente que hay en ella,

vida a cuantos se mueven por ella:

Yo, el Señor, te llamo con amor,

te tengo asido por la mano,

te formo y te convierto

en alianza de un pueblo,

en luz de las naciones;

para que abras los ojos a los ciegos

y saques a los presos de la cárcel,

del calabozo a los que viven a oscuras.

Yo soy el Señor, así me llamo,

y no cedo a nadie esa gloria,

ni ese honor a los ídolos.

Como ya se ha cumplido lo antiguo,

voy a anunciar cosas nuevas;

antes de que germinen se las digo.

HIMNO AL SEÑOR VICTORIOSO

Canten al Señor un cántico nuevo,

llegue su alabanza a los confines de la tierra;

lo ensalce el mar y cuanto hay en él,

las islas y los que habitan en ellas.

Exulten la estepa y sus poblados,

las aldeas donde habita Quedar;

griten alegres los que moran en Selá,

aclamen desde las cimas de los montes;

reconozcan la gloria del Señor,

proclamen su alabanza en las islas.

El Señor sale como un guerrero,

excita su ardor como un soldado;

lanza el grito, el alarido de guerra,

se muestra valiente ante sus enemigos.

LA RESTAURACIÓN ESTÁ A PUNTO

Por mucho tiempo he callado,

me contenía en silencio;

pero, igual que parturienta,

grito, resuello y jadeo.

Secaré montes y cerros,

agostaré su verdor;

de sus ríos haré un yermo,

secaré sus humedales.

Guiaré a los ciegos por rutas que ignoran,

los encaminaré por sendas desconocidas;

convertiré a su paso la tiniebla en luz,

transformaré lo escabroso en llanuras.

Todo esto haré, sin dejar nada.

Retrocederán llenos de vergüenza

todos los que confían en los ídolos,

los que dicen a simples estatuas:

“Ustedes son nuestros dioses”.

UN PUEBLO DE SORDOS Y CIEGOS

Ustedes, sordos, escuchen;

ciegos, miren con atención.

¿Quién es ciego, sino mi siervo?,

¿quién sordo, sino mi enviado?

¿Quién es ciego, sino mi elegido?,

¿quién sordo, sino el siervo del Señor?

Mucho has visto, pero no has hecho caso;

oías muy bien, pero no escuchabas.

El Señor, por su justicia, se propuso

engrandecer y exaltar su propósito;

pero es un pueblo saqueado y despojado,

atrapados todos en cuevas,

detenidos todos en mazmorras,

convertidos en botín, sin salvación,

en despojo, sin que nadie lo reclame.

¿Quién de ustedes prestará oído,

escuchará con atención el futuro?

¿Quién entregó a Jacob como botín

y dio a Israel a los saqueadores?

¿Acaso no pecamos contra el Señor?

Rehusaron caminar por sus sendas,

no escucharon sus indicaciones;

así que derramó sobre Israel su cólera,

la violencia de la guerra;

lo incendiaba y no comprendía,

lo quemaba y no hacía caso.

CONFIANZA EN LA SALVACIÓN

Y ahora, así dice el Señor,

el que te ha creado, Jacob,

el que te ha formado, Israel:

No temas, que te he rescatado,

te llamo por tu nombre y eres mío.

Si cruzas las aguas estoy contigo,

si pasas por ríos no te hundirás;

si pisas ascuas no te quemarás,

la llama no te abrasará.

Pues yo soy el Señor, tu Dios,

el Santo de Israel, tu salvador.

Entregué a Egipto para rescatarte,

a Etiopía y Sabá en tu lugar,

pues eres precioso a mis ojos,

muy importante, y te quiero.

Entregaré tierras en tu lugar,

naciones por salvar tu vida.

No temas, que estoy contigo.

Traeré de oriente a tus hijos,

desde occidente te reuniré.

Al norte diré: “¡Dámelos!”,

y al sur: “¡No los retengas!”.

Trae a mis hijos desde lejos,

a mis hijas del confín de la tierra;

a los que son llamados con mi nombre,

a los que he creado para mi gloria,

a los que he formado y he hecho.

ISRAEL, TESTIGO DEL SEÑOR

Saca al pueblo ciego, aunque tiene ojos,

a esos sordos, aunque tienen oídos.

Que se reúnan todos los pueblos,

que se junten todas las naciones.

¿Quién de ellos puede decir esto,

hablarnos de cosas pasadas?

Que traigan sus testigos y se justifiquen,

que sean oídos y se diga: “Es cierto”.

Ustedes son mis testigos

—oráculo del Señor—,

mi siervo, a quien he elegido,

para que comprendan y crean en mí,

para que entiendan que yo soy.

Antes de mí no fue formado ningún dios,

y ninguno habrá después de mí.

Yo, yo soy el Señor;

no hay salvador fuera de mí.

Yo lo predije, yo salvé y lo hice saber,

sin que tuvieran un dios extranjero.

Y ustedes son mis testigos

—oráculo del Señor—.

Yo soy Dios, desde siempre lo soy,

y no hay quien libre de mi mano.

¿Quién puede cambiar lo que hago?

LA SALVACIÓN RENOVADA

Así dice el Señor,

el redentor de ustedes, el Santo de Israel:

Por ustedes envío gente contra Babilonia

y arranco los cerrojos de su prisión;

la alegría de los caldeos cambia en llanto.

Yo soy el Señor, su Santo,

el creador de Israel, su rey.

Así dice el Señor

que abre un camino en el mar,

una senda en aguas caudalosas;

que pone en acción carros y caballos,

ejército y valientes a una:

caen para no levantarse,

se apagan, se extinguen como mecha.

No recuerden lo pasado,

no piensen en lo de antes.

Pues voy a hacer algo nuevo;

ya brota, ¿no lo sienten?

Abriré un camino en la estepa,

pondré arroyos en el desierto;

me honrarán las bestias del campo,

chacales y crías de avestruz.

Llenaré de agua la estepa,

pondré arroyos en el desierto

para que beba mi pueblo, mi elegido,

este pueblo que formé para mí;

él proclamará mi alabanza.

EL SEÑOR ACUSA A ISRAEL

No me has invocado, Jacob,

te cansaste de mí, Israel.

No me trajiste ovejas en holocausto

ni me honraste con tus sacrificios;

no te obligué a servirme ofrendas

ni te cansé exigiéndote incienso;

no me compraste caña aromática

ni me saciaste con la grasa de tus ofrendas.

Al contrario, me agobiaste con tus pecados

y llegaste a cansarme con tus culpas.

Yo, soy yo quien borra tus crímenes

y decido no acordarme de tus pecados.

Aduce tus razones y discutamos,

dilas, si quieres ser absuelto.

Tu padre fue el primero en pecar,

tus guías se rebelaron contra mí.

Por eso dejé sin honra a los jefes del santuario,

entregué a Jacob al exterminio

y expuse a Israel a la ignominia.

ORÁCULO DE CONSUELO Y SALVACIÓN

Y ahora escucha, Jacob, siervo mío, Israel, a quien he elegido.

Así dice el Señor, tu Hacedor,

que te formó en el vientre y te auxilia:

No temas, Jacob, siervo mío,

Jesurún, a quien he elegido.

Voy a derramar agua en secano,

arroyos regarán la tierra seca;

derramaré mi espíritu en tu linaje,

mi bendición llegará a tus retoños;

crecerán…

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