Logos Bible Study

Ezequiel 27

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

Spanish

Arabic

Czech

English

French

German

Hebrew

Hungarian

Italian

Korean

Latin

Portuguese

Russian

Simplified Chinese

Traditional Chinese

ELEGÍA POR LA CAÍDA DE TIRO

El Señor me dirigió la palabra:

— Por lo que a ti respecta, hijo de hombre, entona una endecha sobre Tiro. Dirás a Tiro, la reina de las rutas del mar, que comercia con los pueblos de las costas lejanas: Esto dice el Señor Dios:

Eras, Tiro, un navío

de acabada belleza.

Tus fronteras se extendían

por el corazón del mar;

tus constructores te dotaron

de perfecta hermosura.

Te construyeron con tablas

de cipreses de Senir;

usaron cedro del Líbano

para fabricar tu mástil,

con encinas de Basán

hicieron tus remos;

te pusieron cubierta de ciprés

traído de las costas de Quitín;

hecha de lino recamado de Egipto,

tu vela te servía de enseña;

tu toldo, de púrpura y grana,

era de las costas de Elisá.

Los habitantes de Sidón y Arvad

eran tus remeros.

Tus expertos, que iban a bordo,

hacían de timoneles.

Los ancianos de Guebal,

con sus expertos a bordo,

reparaban tus averías.

Navíos y marineros

intercambiaban contigo mercancías.

Los de Persia, Lud y Put

se alistaban como soldados en tu ejército;

en ti colgaban escudos y yelmos,

y así te daban esplendor.

Los de Arvad, con tu ejército, guarnecían el contorno de tus murallas; los de Gamad custodiaban tus torres. Colgaban sus escudos en torno a tus murallas y hacían de ti un dechado de belleza. Tarsis era tu cliente, atraída por la abundancia de tus riquezas; a cambio te daba plata, hierro, estaño y plomo. Javán, Túbal y Mésec comerciaban contigo; a cambio te proporcionaban esclavos y utensilios de bronce. Los de Bet Togarmá te daban a cambio caballos de tiro y de competición, así como mulos. También comerciaba contigo la gente de Rodán; numerosos enclaves marítimos eran clientes tuyos, y a cambio de tus servicios te daban colmillos de marfil y madera de ébano. Edom era cliente tuyo, atraído por la abundancia de tus manufacturas; a cambio te daba malaquita, púrpura, telas recamadas, lino, corales y rubíes. También Judá e Israel comerciaban contigo; a cambio de tus servicios te proporcionaban trigo de Minit, galletas, miel, aceite y bálsamo. Damasco era cliente tuya, atraída por la abundancia de tus manufacturas y de tus riquezas; a cambio te daba vino de Jelbón y lana de Sajar. Dan y Javán, desde Uzal, te proporcionaban hierro forjado, canela y caña aromática. Dedán comerciaba contigo en sillas de montar. Arabia y todos los príncipes de Quedar intercambiaban contigo productos: corderos, carneros y machos cabríos. Los mercaderes de Sabá, Asur, Quilmad y Ramá comerciaban contigo; te daban a cambio perfumes exquisitos, piedras preciosas de toda clase y oro. Jarán, Cané y Edén comerciaban contigo en vestidos de lujo, mantos de púrpura, telas recamadas, tapices multicolores y sólidas cuerdas trenzadas. Las naves de Tarsis transportaban tus mercancías.

Te hiciste rica y opulenta,

anclada en el corazón del mar.

Pero los remeros de tus naves

te condujeron a alta mar

y el viento del este te destrozó

allí, en el corazón del mar.

Tus riquezas, mercancías y fletes,

tus marinos, timoneles y calafates,

tus agentes comerciales, tus guerreros

y toda la tripulación que transportas,

se hundirán en medio del mar,

contigo, el día que naufragues.

Al grito de auxilio de tus timoneles

todas las costas se asustarán;

entonces desembarcarán de sus naves

todos los que empuñan los remos;

marineros y hombres de mar

se quedarán quietos en tierra.

Lanzarán gritos por ti,

acompañados de amargos gemidos;

se echarán polvo en la cabeza,

se revolcarán en la ceniza;

se raparán la cabeza por tu causa,

se ceñirán la cintura de sayal;

llorarán amargamente por ti,

harán un amargo duelo.

Entonarán por ti una elegía,

te dedicarán una lamentación:

“¿Quién era comparable a Tiro

en medio del mar?”.

Cuando desembarcabas tus mercancías,

saciabas a pueblos numerosos;

con tus riquezas y productos abundantes

enriquecías a los reyes de la tierra.

Ahora, destrozada por las olas,

yaces en el fondo del mar;

tu carga y tu tripulación

se hundieron junto contigo.

Todos los habitantes de las costas

quedaron desolados por ti;

sus reyes están horripilados,

tienen el rostro demudado.

Comerciantes de otros pueblos

silban asombrados por ti:

te has convertido en espanto,

has desaparecido para siempre.

Read in Logos