2º Samuel 1:2–15
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Al tercer día llegó un hombre del campamento de Saúl, con la ropa destrozada y la cabeza cubierta de polvo. Cuando llegó ante David, se postró en tierra e hizo una reverencia. David le preguntó:
— ¿De dónde vienes?
Y él le contestó:
— He logrado escapar del campamento israelita.
David le dijo:
— ¿Qué ha sucedido? Cuéntamelo.
Y él respondió:
— La tropa ha huido de la batalla y ha habido muchas bajas y muchos muertos entre la gente. También han muerto Saúl y su hijo Jonatán.
David preguntó al muchacho que le informaba:
— ¿Cómo sabes que Saúl y su hijo Jonatán han muerto?
El muchacho le contestó:
— Yo me encontraba casualmente en el monte Guilboa, cuando vi a Saúl apoyado sobre su lanza y acosado por los carros y los jinetes. Entonces se volvió y, al verme, me llamó; y yo me puse a sus órdenes. Luego me preguntó quién era y yo le respondí que era un amalecita. Después me dijo: “Por favor, acércate y remátame, porque estoy agonizando y no acabo de morir”. Así que me acerqué y lo rematé, pues comprendí que no sobreviviría a su caída. Luego tomé la corona de su cabeza y el brazalete de su brazo y se los traigo aquí a mi señor.
Entonces David rasgó sus vestiduras, al igual que sus hombres. Hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, pues habían caído a espada. Luego David dijo al muchacho que le había traído la noticia:
— ¿De dónde eres?
Él respondió:
— Soy hijo de un emigrante amalecita.
David le dijo:
— ¿Y cómo es que te has atrevido a levantar tu mano para matar al ungido del Señor?
David llamó a uno de sus muchachos y le ordenó:
— Acércate y ejecútalo.
Él lo golpeó y lo mató.
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