Éxodo 24–31
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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CONFIRMACIÓN DE LA ALIANZA (24)
Dios dijo a Moisés:
— Sube a encontrarte conmigo acompañado de Aarón, Nadab y Abihú y de setenta ancianos de Israel. Cuando estén a una cierta distancia se postrarán. Sólo tú podrás aproximarte a mí; los demás no deberán acercarse, ni el pueblo subirá contigo.
Moisés comunicó al pueblo todo lo que el Señor le había dicho y ordenado, y el pueblo unánimemente contestó:
— ¡Haremos todo lo que ha dicho el Señor!
Entonces Moisés puso por escrito todas las cosas dichas por el Señor. Al día siguiente se levantó muy temprano, construyó un altar al pie del monte y colocó doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. Después mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer holocaustos e inmolar los novillos como sacrificios de comunión en honor del Señor. Moisés recogió la mitad de la sangre en una vasija, y con la otra mitad roció el altar. Seguidamente, tomó el libro de la alianza y lo leyó en voz alta al pueblo, el cual respondió:
— Nosotros obedeceremos al Señor y seguiremos sus órdenes.
Entonces Moisés tomó el resto de la sangre y roció con ella al pueblo diciendo:
— Esta es la sangre que confirma la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, de acuerdo con todas las cláusulas leídas.
Moisés, en compañía de Aarón, Nadab, Abihú y los setenta ancianos de Israel, subió al monte, y allí vieron al Dios de Israel: bajo sus pies tenía una especie de escabel de zafiro, tan resplandeciente como el mismo cielo. Y aunque contemplaron a Dios, él no hizo perecer a aquellos privilegiados de Israel. Después comieron y bebieron.
MOISÉS EN EL MONTE SINAÍ
El Señor dijo a Moisés:
— Sube a encontrarte conmigo en la montaña y quédate allí, pues te daré unas losas de piedra con la ley y los mandatos que he escrito para instruir a los israelitas.
Moisés, junto con su ayudante Josué, subió al monte de Dios, después de decir a los ancianos:
— Esperen aquí, hasta que regresemos. Si surge algún problema, acudan a Aarón y Jur, ellos se quedan aquí.
Cuando Moisés subió al monte, una nube lo envolvió: era la gloria del Señor que descansaba sobre el monte Sinaí. Durante seis días lo envolvió la nube. Al séptimo día el Señor llamó a Moisés desde la nube. La gloria del Señor era a los ojos de los israelitas como un fuego voraz sobre la cumbre del monte. Moisés se adentró en la nube, subió al monte, y permaneció allí cuarenta días y cuarenta noches.
INSTRUCCIONES SOBRE EL SANTUARIO Y EL CULTO (25:1–31:17)
LA OFRENDA PARA EL SANTUARIO
El Señor dijo a Moisés:
— Di a los israelitas que destinen un tributo para mí. Únicamente aceptaréis el tributo de aquellos que lo ofrezcan de corazón. Y estas son las cosas que aceptarás como tributo: oro, plata, cobre, púrpura violeta, escarlata y carmesí, lino fino y pelo de cabra, pieles de carnero curtidas, pieles de marsopa, madera de acacia, aceite para la lámpara, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. Me erigirán un santuario, y habitaré en medio de ellos. El santuario y todos sus utensilios los realizaréis según el modelo que yo te mostraré.
EL ARCA DEL TESTIMONIO
Harás un Arca de madera de acacia, de ciento veinticinco centímetros de largo, por setenta y cinco de ancho y setenta y cinco de alto. La recubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y le pondrás alrededor una moldura también de oro. Fundirás oro para hacer cuatro argollas que colocarás en las cuatro esquinas del Arca; dos a cada lado. Harás también unos varales de madera de acacia, los recubrirás de oro y los meterás por las argollas laterales del Arca, para poder transportarla. Los varales permanecerán metidos dentro de las argollas del Arca y no se sacarán. En el interior del Arca depositarás las losas del testimonio que yo te entregaré.
LA CUBIERTA DEL ARCA
Harás una cubierta de oro puro de ciento veinticinco centímetros de largo, por setenta y cinco de ancho. También harás dos querubines cincelados en oro, para colocarlos en los extremos de la cubierta. Pondrás un querubín en cada extremo, y ambos querubines formarán una sola pieza con ella; los querubines la cubrirán con sus alas extendidas hacia arriba y estarán situados uno frente al otro, mirando al centro de la cubierta. Cerrarás el Arca con la cubierta, no sin antes depositar en su interior las losas del testimonio que yo te entregaré. Allí, sobre la cubierta, entre los dos querubines que están sobre el Arca del testimonio, me manifestaré a ti y te iré dando normas de conducta para los israelitas.
LA MESA DE LOS PANES DE LA OFRENDA
Harás una mesa de madera de acacia, de un metro de largo, medio de ancho, y setenta y cinco centímetros de alto. La recubrirás de oro puro y le pondrás alrededor una moldura también de oro. Pondrás alrededor de ella un reborde, como de un palmo de ancho, y en torno a él colocarás una moldura de oro. Después harás cuatro argollas de oro, y se las colocarás en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro patas. Las argollas estarán sujetas a la moldura, y por ellas se pasarán los varales para transportar la mesa. Los varales los harás de madera de acacia, los recubrirás de oro y con ellos transportarás la mesa. Harás también platos, copas, jarras y tazones para la libación: todo ello de oro puro. Sobre esta mesa pondrás los panes de la ofrenda, de modo que siempre estén delante de mí.
EL CANDELABRO
Harás, asimismo, un candelabro de oro puro; todo labrado a cincel. Tanto su basa y fuste, como los cubiletes en forma de flor de almendro, con sus cálices y sus corolas formarán una sola pieza. De sus lados arrancarán seis brazos, tres a cada lado. Cada brazo tendrá tres cubiletes en forma de flor de almendro con cáliz y corola. Así han de ser cada uno de los seis brazos que salen del candelabro; y el fuste del candelabro tendrá también cuatro cubiletes en forma de flor de almendro, cada uno con su cáliz y su corola. Debajo de cada pareja de brazos que salen del candelabro habrá un cáliz. Así quedarán cada uno de los tres pares de brazos que salen del candelabro. Sus cálices y sus brazos formarán una sola pieza, toda ella cincelada en oro puro. Después harás siete lámparas y las pondrás en lo alto del candelabro, dispuestas de manera que alumbren hacia delante. De oro puro serán también sus despabiladeras y sus platillos. Para hacer el candelabro y todos sus accesorios emplea treinta y tres kilos de oro. Hazlo todo conforme al modelo que te fue mostrado en el monte.
LA MORADA
Harás la Morada con diez cortinas de lino trenzado con púrpura violeta, escarlata y carmesí, y con querubines esmeradamente bordados. Cada cortina medirá catorce metros de largo por dos de ancho; todas las cortinas tendrán las mismas medidas. Cinco cortinas estarán unidas una con otra, y las otras cinco irán empalmadas de igual modo. En cada uno de los bordes de las dos series de cortinas harás unas presillas de púrpura violeta; igualmente harás en el borde de la última cortina del otro grupo. Pon cincuenta presillas en la primera cortina, y otras cincuenta en la última del segundo grupo. Las presillas se corresponderán entre sí. Enlaza un cuerpo de cortinas con el otro mediante cincuenta corchetes de oro, de modo que la Morada forme un todo.
Después tejerás con pelo de cabra once cortinas que sirvan de cubierta para la Morada. Todas las cortinas deben medir lo mismo: quince metros de largo por dos de ancho. Empalma cinco cortinas por una parte y las seis restantes por la otra; une la sexta cortina de tal manera que pueda plegarse delante de la entrada de la Morada. Remata los bordes de cada serie de cortinas con cincuenta presillas. Y luego harás cincuenta pasadores de bronce, los meterás por las presillas y así cerrarás la Tienda, formando un todo. Como de las cortinas de la Tienda sobra una parte, la mitad de lo que sobra colgará por la parte posterior de la Morada; y el medio metro de cortina que sobra a ambos lados de la Tienda colgará sobre los costados de la Morada, cubriéndola. También harás para la Tienda una cubierta de pieles de carnero curtidas, y una sobrecubierta de pieles de marsopa.
LAS VIGAS DE MADERA
Harás unos tableros de madera de acacia, y los colocarás verticalmente para formar la Morada. Cada tablero tendrá cinco metros de largo, por setenta y cinco centímetros de ancho; y tendrán dos espigas, para ensamblarlos uno con otro. Así deberás hacer con todos los tableros de la Morada. Para el lado de la Morada que mira al sur, harás veinte tableros, y debajo de ellos, colocarás cuarenta basas de plata, dos por cada tablero, para sus dos espigas. Para el otro lado de la Morada, el que mira al norte, prepararás otros veinte tableros con sus cuarenta basas, dos por cada tablero. Y para la parte de la Morada que mira a poniente harás seis tableros, más otros dos tableros para las esquinas posteriores de la Morada. Estarán unidos de abajo a arriba hasta la primera argolla. Así quedarán conformadas las dos esquinas de la Morada.
En total habrá ocho tableros con sus correspondientes dieciséis basas de plata, dos por tablero.
Prepararás también cinco travesaños de madera de acacia para los tableros de un lado de la Morada, y cinco para los del otro lado y cinco más para los tableros de la parte posterior, la que mira al poniente. El travesaño central pasará por entre los tableros, de una punta a otra. Revestirás de oro los tableros; forjarás, también de oro, las argollas para pasar por ellas los travesaños, que estarán igualmente revestidos de oro.
Construye la Morada conforme al modelo que te fue mostrado en el monte.
VELOS DE SEPARACIÓN
Harás, asimismo, un velo de lino trenzado y púrpura violeta, escarlata y carmesí; todo ello esmeradamente realizado, y bordarás en él querubines. Después colgarás el velo sujetándolo con ganchos de oro sobre cuatro columnas de madera de acacia, revestidas de oro, sostenidas por cuatro basas de plata. Colgarás el velo en los ganchos, y allí, detrás del velo, colocarás el Arca del testimonio. El velo les servirá de separación entre el lugar santo y el…
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