Estudio bíblico Logos

Salmo 18:2–16

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Dijo:

Te quiero, Señor, eres mi fuerza.

El Señor es mi bastión, mi baluarte, el que me salva;

mi Dios es la fortaleza en que me resguardo;

es mi escudo, mi refugio y mi defensa.

Yo invoco al Señor, digno de alabanza,

y quedo a salvo de mis enemigos.

Me rodeaban las cadenas de la muerte,

me aterraban torrentes devastadores,

me envolvían las redes del abismo,

me acosaban trampas mortales.

En mi angustia invoqué al Señor,

a mi Dios le pedí ayuda.

Desde su santuario escuchó mi grito,

a sus oídos llegó mi clamor.

La tierra tembló y se estremeció,

se conmovieron los cimientos del mundo,

retemblaron por su furia.

Salió humo de su nariz,

fuego devorador de su boca,

despedía brasas ardientes.

Inclinó los cielos y descendió,

caminando sobre la niebla.

Montó en un querubín,

emprendió el vuelo

y se elevó sobre las alas del viento.

De las tinieblas hizo su refugio,

de aguaceros y densas nubes

una tienda que lo cubría.

Ante su resplandor las nubes se deshicieron

en granizo y chispas de fuego.

El Señor tronó desde el cielo,

el Altísimo alzó su voz,

granizo y fuego abrasador;

disparó sus flechas y los dispersó,

con rayos incontables los dejó aturdidos.

Emergieron los lechos de las aguas,

se mostraron los cimientos del mundo

por tu estruendo, Señor,

por el soplo de tu ira.

Leer en Logos
Psalm 18:2: The LORD is my rock and my fortress and my deliverer, my God, my rock, in whom I take refuge, my shield, and the horn of my salvation, my stronghold.