Salmo 76:1–150:6
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DIOS HABITA EN SIÓN
Al maestro del coro. Con instrumentos de cuerda. Salmo de Asaf. Canto.
En Judá Dios se da a conocer,
en Israel es grande su nombre;
en Salén tiene su tienda,
en Sión está su morada.
Allí rompió las flechas del arco,
el escudo, la espada y las armas. [Pausa[
Esplendoroso, majestuoso eres tú,
más que los montes llenos de caza.
Los valientes, despojados, cayeron dormidos;
quedaron sin fuerza los hombres valerosos.
Oh Dios de Jacob, a tu grito
se aturdieron caballos y carros.
Tú eres temible, ¿quién resistirá
ante ti cuando tu cólera estalle?
Desde el cielo proclamas la sentencia;
la tierra se atemoriza y guarda silencio
cuando Dios se levanta para juzgar,
para salvar a los humildes de la tierra. [Pausa[
Hasta el furor de los humanos te engrandece,
los que escapan a tu cólera te sirven de corona.
Hagan promesas a Dios su Señor y cúmplanlas;
que cuantos lo rodean traigan ofrendas al Temible,
pues él deja sin aliento a los príncipes
e infunde respeto a los reyes de la tierra.
SALMO 77
MI VOZ ALZO A DIOS Y PIDO AUXILIO
Al maestro del coro. De Yedutún. Salmo de Asaf.
Mi voz alzo a Dios y pido auxilio,
mi voz alzo a Dios y él me escucha.
Cuando estoy angustiado busco a mi Señor,
de noche alzo mis manos sin descanso
y no acepto recibir consuelo alguno.
Recuerdo a Dios y me estremezco,
reflexiono y quedo abatido. [Pausa[
Tú me impides cerrar los ojos,
estoy inquieto y no puedo hablar.
Pienso en los días de antaño,
en los años del pasado;
de noche recuerdo mi canto,
reflexiono y me pregunto:
“¿Nos abandona para siempre el Señor
y no vuelve nunca a aceptarnos?
¿Se acabó para siempre su bondad?
¿Ha cesado eternamente su palabra?
¿Acaso olvidó Dios ser compasivo?
¿Ha cerrado con ira sus entrañas?”. [Pausa[
Y yo digo: “Esto es lo que me aflige,
que el favor del Altísimo ha cambiado”.
Recuerdo las proezas de Dios,
recuerdo tus prodigios de antaño;
sobre todos tus actos medito,
sobre tus hechos reflexiono.
Oh Dios, santo es tu camino,
¿qué dios es tan grande como Dios?
Tú eres el Dios que haces prodigios,
tú muestras tu poder entre los pueblos;
con tu brazo redimiste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y José. [Pausa[
Te vieron, oh Dios, las aguas,
te vieron las aguas y temblaron,
los abismos del mar se estremecieron;
las nubes vertieron lluvias,
tronaron los cielos, zigzaguearon tus rayos.
Tu voz tronaba en el torbellino,
los rayos iluminaron el mundo,
se estremeció y tembló la tierra.
En el mar trazaste tu camino,
en las aguas caudalosas tu sendero,
y nadie descubrió tu rastro.
Cual rebaño guiaste a tu pueblo
por medio de Moisés y Aarón.
SALMO 78
CONTAREMOS LAS PROEZAS DEL SEÑOR
Salmo de Asaf.
Pueblo mío, escucha mi enseñanza,
atiendan a las palabras de mi boca.
Con sentencias sabias hablaré,
proclamaré enigmas de antaño.
Lo que nosotros oímos y sabemos,
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a sus hijos;
a la nueva generación le contaremos
las proezas del Señor y su poder,
las maravillas que él hizo.
Él estableció una norma en Jacob,
una ley instituyó en Israel;
él ordenó a nuestros padres
enseñarlas a sus hijos,
para que la generación venidera lo sepa
y los hijos que habrán de nacer
se dispongan a contarlo a sus hijos.
Así estos confiarán en Dios,
no olvidarán sus proezas
y respetarán sus mandatos;
no serán como sus padres,
generación terca y rebelde
que no fue fiel a Dios.
Los hijos de Efraín, diestros arqueros,
huyeron el día de la batalla.
No respetaron la alianza,
no quisieron seguir su ley;
olvidaron sus proezas,
los portentos que les mostró.
Ante sus padres hizo prodigios
en el país de Egipto, en los campos de Soán.
Abrió el mar y los hizo pasar,
como un dique detuvo las aguas;
con una nube los guiaba de día,
con luz de fuego durante la noche;
en el desierto hendió las rocas,
calmó su sed en caudalosos manantiales;
hizo brotar arroyos de las peñas
y como ríos descendieron las aguas.
Pero de nuevo pecaron contra él,
se rebelaron contra el Altísimo en el desierto.
En su interior retaron a Dios,
reclamaron comida con ansia.
Hablaron contra Dios, dijeron:
“¿Podrá Dios preparar una mesa en el desierto?
Es verdad que golpeó la roca
y el agua manó, los arroyos fluyeron;
pero ¿podrá también dar pan,
proporcionar carne a su pueblo?”.
Lo oyó el Señor y se llenó de furia,
su ira se encendió contra Jacob,
se alzó en cólera contra Israel,
porque no habían creído en Dios,
no confiaban en su salvación.
Entonces dio la orden a las nubes
y las puertas del cielo se abrieron.
Les hizo llover maná para comer,
les ofreció trigo del cielo.
Pan de ángeles* comió el ser humano,
víveres mandó para saciarlos.
En el cielo hizo soplar viento del este,
viento del sur levantó con su poder.
Les llovió carne abundante como el polvo,
aves numerosas como la arena del mar;
en medio del campamento las hizo caer,
alrededor de sus tiendas.
Ellos comieron hasta hartarse
y él cumplió así sus deseos.
Pero no estaban aún satisfechos,
aún tenían la comida en la boca
cuando Dios se enfureció con ellos
y acabó con los más vigorosos,
abatió a los mejores de Israel.
A pesar de ello siguieron pecando,
no confiaron en sus maravillas.
Entonces en un soplo consumió sus días,
sus años en un súbito terror.
Si los hacía morir lo buscaban,
se arrepentían dirigiéndose a él;
recordaban que Dios era su refugio,
el Dios Altísimo su redentor.
Pero con su boca lo engañaban,
con su lengua le mentían;
su corazón no era sincero,
eran infieles a su alianza.
Él, misericordioso, perdonaba
su pecado y no los destruía;
su ira contenía una y otra vez,
no desplegaba todo su furor.
Recordaba que eran humanos,
un soplo que pasa y no vuelve.
¡Cuántas veces se rebelaron en el desierto
y en el yermo lo llenaron de tristeza!
Una y otra vez provocaban a Dios,
enojaban al Santo de Israel.
No se acordaban de su poder,
del día que los salvó del enemigo,
cuando en Egipto hizo prodigios
y portentos en los campos de Soán.
Él convirtió en sangre sus ríos,
sus arroyos para que no bebieran.
Les envió plagas que los devoraron,
ranas que los destruyeron,
entregó a los saltamontes sus cosechas,
a las langostas sus tareas campesinas;
destruyó con el granizo sus viñedos,
con la helada sus higueras;
abandonó su ganado al pedrisco,
a los rayos sus rebaños.
Lanzó contra ellos el furor de su ira,
cólera, furia y calamidades,
una hueste de aciagos mensajeros.
Dio rienda suelta a su ira
y no los salvó de la muerte,
sino que entregó sus vidas a la peste;
a todo primogénito abatió en Egipto,
a todo primer nacido en las tiendas de Cam.
Como a un rebaño sacó a su pueblo,
por el desierto lo condujo como a ovejas;
en sosiego los guiaba y no temían,
pero a sus enemigos los cubría el mar.
Y los llevó hasta su tierra sagrada,
al monte que su mano conquistó.
Ante ellos expulsó naciones,
repartió en lotes su heredad
y en sus tiendas alojó a las tribus de Israel.
Pero ellos lo pusieron a prueba,
se rebelaron contra el Dios Altísimo,
no respetaron sus mandamientos.
Lo abandonaron, lo traicionaron como sus padres,
se desviaron como un arco mal tensado.
Lo enfurecieron con sus altares,
con sus ídolos le dieron celos.
Dios lo oyó y se llenó de furia,
detestó intensamente a Israel.
Abandonó su morada en Siló,
la Tienda que tenía en medio de ellos.
Al cautiverio entregó su poder,
a manos del enemigo su gloria;
abandonó su pueblo a la espada,
se enfureció contra su heredad;
a sus jóvenes consumió el fuego,
no hubo cantos de boda para sus doncellas;
sus sacerdotes murieron a espada,
sus viudas no los lloraron.
Pero el Señor despertó como quien duerme,
cual guerrero aturdido por el vino,
y atacó a sus enemigos por la espalda,
los cubrió de una vergüenza eterna.
Rechazó a la casa de José,
no eligió a la tribu de Efraín;
eligió a la tribu de Judá,
al monte Sión que él ama.
Erigió su santuario como el cielo,
como la tierra que asentó para siempre.
Eligió a David su siervo,
del redil de las ovejas lo tomó;
lo sacó de detrás de las corderas
para pastorear a Jacob, su pueblo,
y a Israel su heredad.
Y los pastoreó con corazón íntegro,
los condujo con mano diestra.
SALMO 79
QUE EL GRITO DEL CAUTIVO LLEGUE A TI
Salmo de Asaf.
Oh Dios, los paganos han invadido tu heredad,
han profanado tu santo Templo,
han reducido Jerusalén a escombros;
han arrojado el cadáver de tus siervos
como alimento a los pájaros del cielo,
el cuerpo de tus fieles a las fieras de la tierra;
han derramado su sangre como agua
por toda Jerusalén y nadie los sepulta.
Somos la burla de nuestros vecinos,
la mofa, la risa de los que están cerca.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Estarás siempre airado?
¿Estallará como el fuego tu celo?
Descarga tu ira sobre los pueblos que te ignoran,
sobre los reinos que no invocan tu nombre.
Porque ellos devoraron a Jacob,
convirtieron en ruinas su morada.
No esgrimas contra nosotros los pecados de antaño;
que nos llegue pronto tu misericordia
porque estamos exhaustos.
Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por la gloria de tu nombre;
líbranos, perdona nuestros pecados
haciendo honor a tu nombre.
¿Por qué han de decir las naciones:
“Dónde está su Dios”?
Que ante nosotros conozcan las naciones
el castigo por la muerte de tus siervos.
Que el grito del cautivo llegue a ti,
salva con tu poder la vida a los condenados;
pero a los vecinos devuélveles con creces
la ofensa que ellos, mi Dios, te hicieron.
Y nosotros, tu pueblo, rebaño de tus prados,
te daremos gracias por siempre,
proclamaremos tu alabanza por generaciones.
SALMO 80
OH DIOS, RESTABLÉCENOS
Al maestro del coro. Según “Los lirios del testimonio”. Salmo de Asaf.
Escucha, pastor de Israel,
tú que conduces a José como a un rebaño,
tú que te sientas sobre querubines, muéstrate;
delante de Efraín, Benjamín y Manasés
manifiesta tu poder, ven a salvarnos.
¡Oh Dios, renuévanos,
ilumina tu rostro y estaremos salvados!
Oh Señor, Dios del universo, ¿hasta cuándo
te enfurecerá la oración de tu pueblo?
Un pan de lágrimas le diste a comer,
un sinfín de lágrimas le diste a beber.
Nos has hecho la burla de los vecinos,
se ríen de nosotros nuestros enemigos.
¡Dios del universo, renuévanos,
ilumina tu rostro y estaremos salvados!
Tú arrancaste una viña de Egipto,
expulsaste naciones y volviste a plantarla;
preparaste el suelo para ella,
echó raíces y llenó la tierra.
Su sombra cubrió los montes,
sus ramas los majestuosos cedros;
llegaron hasta el mar sus brotes
y hasta el Éufrates…
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Footnotes
- [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.
- *Signo indicativo de nota
- *Pan de ángeles: Así según la versión griega de los ; el hebreo dice: Pan de fuertes.
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