Estudio bíblico Logos

Salmo 26–27

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

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SALMO 26

HAZME JUSTICIA, SEÑOR

De David.

Hazme justicia, Señor, pues camino con rectitud.

En el Señor confío, jamás dudaré.

Señor, examíname, ponme a prueba,

sondea mi conciencia y mis pensamientos.

Ante mí tengo presente tu amor

y con tu verdad recorro mi camino.

No tomo asiento con los falsos

ni me alío con los hipócritas;

detesto la asamblea de los malvados

y no me siento con los perversos.

Lavo mis manos en señal de inocencia

y me acerco a tu altar, Señor,

para hacer resonar un clamor de gratitud

y proclamar todas tus maravillas.

Señor, yo amo la casa en que habitas,

el lugar que es morada de tu gloria.

No me reúnas con pecadores,

ni con gente sanguinaria,

que el mal está en sus manos

y el soborno colma su diestra.

Pero yo camino con rectitud,

sálvame y apiádate de mí.

Mis pies están firmes en el camino recto.

En medio de la asamblea bendeciré al Señor.

SALMO 27

EL SEÑOR ME ACOGE

De David.

El Señor es mi luz, mi salvación,

¿de quién tendré miedo?

El Señor es mi refugio,

¿a quién temeré?

Cuando los malvados me atacan

para devorarme,

son ellos, enemigos y adversarios,

los que tropiezan y caen.

Si acampara contra mí un ejército,

no tendría miedo;

si se declarase contra mí una guerra,

me sentiría seguro.

Una sola cosa pido al Señor,

sólo esto quiero:

sentarme en la casa del Señor

todos los días de mi vida,

contemplar la gracia del Señor

y frecuentar su Templo.

Me resguardará en su cabaña

en el tiempo adverso,

me protegerá al abrigo de su Tienda,

me alzará sobre una roca.

Y entonces yo venceré

al enemigo que me asedia,

ofreceré en su tienda

sacrificios jubilosos;

cantaré y alabaré al Señor.

Escúchame, Señor, yo te llamo;

apiádate de mí, atiéndeme.

De ti el corazón me dice:

“¡Busca mi rostro!”.

Y yo, Señor, tu rostro estoy buscando.

No me ocultes tu rostro,

no rechaces con ira a tu siervo;

tú eres mi ayuda:

no me dejes, no me abandones,

Dios salvador mío.

Si mi padre y mi madre me abandonan,

el Señor me acogerá.

Muéstrame, Señor, tu camino,

llévame por la senda recta

porque tengo enemigos.

No me dejes a merced de mis rivales,

que se alzan contra mí testigos falsos

y se extiende la violencia.

Confío en ver la bondad del Señor

en la tierra de los vivos.

Espera en el Señor,

sé fuerte, ten firmeza;

pon tu esperanza en el Señor.

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