Estudio bíblico Logos

Job 12–13

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

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JOB RETA AL PODER DIVINO

Job respondió así:

¡Desde luego, ustedes son de esa gente

con la cual se agotará la sabiduría!

Pero también yo soy inteligente,

no me creo inferior a ustedes.

¿Quién no sabe tales cosas?

El hazmerreír de sus vecinos, ese soy yo;

yo, que me comunicaba con Dios.

¡El hazmerreír, siendo íntegro y honrado!

“¡Respondamos con burla a la desgracia

— dice quien se siente satisfecho—,

empujemos al suelo al que se tambalea!”.

¡Pero los bandidos habitan en paz,

viven seguros quienes provocan a Dios,

los que tienen a Dios en un puño!

Pregunta a las bestias y te instruirán,

a las aves del cielo y te informarán;

habla con los reptiles y te enseñarán,

te lo contarán los peces del mar.

¿Quién de todos ellos no sabe

que la mano del Señor lo hizo todo?

Él retiene la vida de los seres,

el aliento de todo ser humano.

¿No distingue el oído las palabras

y el paladar saborea la comida?

¿No es propia de los ancianos la sabiduría

y destaca la prudencia entre los viejos?

Pues él posee sabiduría y poder,

prudencia e inteligencia son suyas.

Si él destruye, nadie reconstruye;

si aprisiona, no hay escapatoria;

si retiene la lluvia, llega la sequía;

si la deja libre, se inunda la tierra.

Él dispone de fuerza y eficacia,

suyos son el engañado y el que engaña;

hace ir descalzos a los consejeros,

hace enloquecer a los magistrados;

deja a los reyes sin insignias,

les ata una soga a la cintura;

hace ir descalzos a los sacerdotes,

arruina a los que están bien situados;

retira la palabra a los confidentes,

deja sin discreción a los ancianos;

llena de desprecio a los señores,

afloja el cinturón de los robustos.

Revela la hondura de las tinieblas,

saca a la luz las densas sombras;

levanta pueblos y los destruye,

ensancha naciones y las destierra;

priva de su talento a los jefes,

los guía por desiertos intransitables,

por donde caminan a tientas y a oscuras,

tropezando lo mismo que borrachos.

Todo esto ya lo han visto mis ojos,

mis oídos lo oyeron y lo entendí.

Sé lo que ustedes saben,

no soy inferior a ustedes.

Pero quiero hablar con el Todopoderoso,

deseo disputar con Dios,

pues ustedes todo lo blanquean con mentiras,

parecen médicos sin serlo.

¡Cuándo acabarán de hablar

demostrando así que son sabios!

A ver si escuchan mis descargos

y oyen los argumentos que pronuncio.

¿Falsean la realidad por defender a Dios

y son capaces de mentir por él?

¿Tratan por ventura de excusarlo

y disputan acaso a su favor?

¿Qué tal si él los sondease?

¿Lo engañarían igual que a un humano?

Seguro que les pediría cuentas

por ser parciales con disimulo.

Su majestad los dejaría aterrados,

su terror se abatiría sobre ustedes.

Las acusaciones de ustedes serían como ceniza;

sus argumentos, argumentos de barro.

Silencio, que quiero hablar,

pues pase lo que me pase,

voy a jugármelo todo,

pienso arriesgar mi vida.

Aunque quiera matarme,

no me queda otra esperanza;

quiero defenderme en su presencia;

con eso me sentiría salvado,

pues el malvado no comparece ante él.

Escuchen con atención mis palabras,

presten oído a mi declaración;

tengo preparada mi defensa

y sé que soy inocente.

¿Alguien quiere pleitear conmigo?

Estoy dispuesto a callar y morir.

Concédeme sólo estas dos cosas

y permaneceré siempre en tu presencia:

que mantendrás tu mano lejos de mí

y que no me espantarás con tu terror.

Después acúsame y responderé,

o deja que me explique y tú replicarás.

¿Cuántos son mis errores y mis culpas?

¡Demuéstrame mis delitos y errores!

¿Por qué me ocultas tu rostro

y me tratas como a un enemigo?

¿Acosarías a una hoja volandera

o perseguirías a una paja ya agostada?

Anotas en mi cuenta rebeldías,

me acusas de faltas de juventud;

metes en cepos mis pies,

vigilas todas mis andanzas,

indagas las huellas de mis pasos.

¡A uno que se desgasta como un odre,

como vestido comido por la polilla!

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