Logos Bible Study

Jeremías 10:19–25

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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¡Ay de mí, qué desastre,

es muy grave mi herida!

Y eso que yo me decía:

“Es un mal que puedo aguantar”.

Mi tienda destrozada,

las cuerdas arrancadas;

mis hijos se me han ido,

ya no los tengo conmigo.

Ya no hay quien monte mi tienda

ni quien levante las lonas.

Los pastores perdieron el juicio,

ya no consultan al Señor;

no son competentes

y se ha dispersado su rebaño.

Corre la noticia: “Ahí llega

un estruendo imponente desde el norte,

que convertirá a las ciudades de Judá

en desolación, en cueva de chacales”.

Ya sé, Señor, que la persona

no es dueña de su conducta;

que no es dueño el caminante

de ir regulando sus pasos.

Corrígeme, Señor, pero hazlo con medida,

si no tu cólera acabaría conmigo.

Derrama tu ira sobre las naciones

que no te reconocen;

derrámala también sobre los pueblos

que no invocan tu nombre.

Pues han devorado a Jacob,

lo han devorado y consumido,

y han asolado su morada.

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Jeremías 10:23: SEÑOR, yo sé que el hombre no es dueño de su destino, que no le es dado al caminante dirigir sus propios pasos.