Estudio bíblico Logos

Isaías 24–26

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

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APOCALIPSIS DE ISAÍAS (24–27)

EL MUNDO SOMETIDO A JUICIO

Miren, el Señor ha decidido

devastar y asolar la tierra;

replegará su superficie,

aventará a sus habitantes:

a pueblo y sacerdotes,

siervos y señores,

siervas y señoras,

comprador y vendedor,

prestatario y prestamista,

acreedor y deudor.

La tierra será devastada,

será saqueada sin remedio,

que así lo ha dicho el Señor.

Languidece y se agosta la tierra,

el orbe se agosta y languidece,

el cielo y la tierra se marchitan.

Sus habitantes profanan la tierra:

violan las leyes, cambian las normas,

quebrantan la alianza eterna.

Por eso, la maldición devora la tierra,

son castigados los que habitan en ella.

Por eso, se consumen los que habitan la tierra,

sólo quedan unas pocas personas.

Se pierde el mosto, se agosta la vid,

se lamenta la gente dicharachera.

Enmudece la alegría de los panderos,

han cesado bullicio y diversión,

enmudece la alegría de la cítara.

No brindan ya entre canciones,

el licor amarga a los que beben.

La ciudad, vacía, se desmorona,

no se puede entrar en las casas.

Se lamentan, sin vino, por las calles,

la alegría declina mortecina,

el gozo escapa de la tierra.

La ciudad es una escombrera,

con sus puertas heridas de ruina.

Sucederá en el corazón de la tierra

y en el centro de todos los pueblos

lo mismo que al varear la aceituna,

igual que cuando acaba la vendimia.

ALEGRÍA PREMATURA Y CONMOCIÓN

Algunos gritan alegres,

cantan la grandeza del Señor,

lo vitorean desde occidente,

honran al Señor en oriente,

en las costas el nombre del Señor,

el nombre del Dios de Israel.

Desde el confín de la tierra

oímos cantos de alegría:

“Gloria al justo”.

Yo, en cambio, pensaba:

“Pobre de mí, pobre de mí,

ay de mí, los traidores traicionan,

los traidores traman traiciones”.

Terror, trampa y zanja

para ti, morador del país.

El que huya del grito aterrador

caerá de lleno en la trampa.

Aquel que salga de la trampa,

será apresado en la zanja.

Las compuertas celestes se abren,

tiemblan los cimientos del orbe;

se raja y resquebraja la tierra,

se quiebra y agrieta la tierra,

tiembla y retiembla la tierra.

La tierra se tambalea como un borracho,

insegura, lo mismo que una choza,

soportando el peso de sus faltas:

caerá sin volver a levantarse.

JUICIO Y REINADO DEL SEÑOR

Aquel día juzgará el Señor

al ejército del cielo en el cielo

y a los reyes de la tierra en la tierra.

Serán reunidos, amontonados,

encadenados en una mazmorra,

encerrados en un calabozo,

juzgados con el paso del tiempo.

La luna escapará avergonzada,

el sol se ocultará abochornado,

pues reina el Señor del universo

en el monte Sión y en Jerusalén,

honrado en medio de sus ancianos.

HIMNO DEL PUEBLO RESCATADO

Señor, tú eres mi Dios,

te ensalzo y te doy gracias,

pues hiciste cosas admirables,

planes fieles y firmes.

Convertiste en escombros la ciudad,

la villa amurallada en derribo;

el palacio extranjero no es ciudad,

nunca será reconstruido.

Por eso te honra la nación poderosa,

pueblos violentos te temen,

pues fuiste refugio del pobre,

refugio del mísero oprimido,

abrigo en la lluvia, sombra en el calor.

El ánimo violento es lluvia invernal,

lo mismo que el calor en tierra baldía.

Sofocas la algarabía de los extranjeros,

pones fin al canto de los tiranos.

UN BANQUETE EN SIÓN

El Señor del universo preparará

para todos los pueblos en este monte

un banquete de platos sustanciosos,

un banquete con vinos de solera,

platos sustanciosos y gustosos,

vinos de solera, generosos.

Rasgará el Señor en este monte

el velo que tapa a los pueblos,

el paño que cubre a las naciones.

Destruirá para siempre a la muerte,

el Señor Dios enjugará

el llanto que cubre los rostros,

barrerá la afrenta de su pueblo

en toda la superficie del país.

Lo ha dicho el Señor.

ACCIÓN DE GRACIAS DE ISRAEL

Aquel día dirás:

Aquí está nuestro Dios,

esperábamos que él nos salvara.

Él es el Señor, nuestra esperanza,

celebremos alegres su victoria.

La mano del Señor reposa en este monte.

HUMILLACIÓN DE MOAB

Pisarán a Moab donde esté,

como se pisa la paja en el estercolero:

moverá los brazos dentro de él

igual que el nadador al nadar.

El Señor humillará su orgullo,

a pesar del esfuerzo de sus brazos.

Derribará tu alcázar amurallado,

lo abatirá, reduciéndolo a polvo.

HIMNO TRIUNFAL DE LOS SALVADOS

Aquel día entonarán

este canto en tierra de Judá:

“Nuestra ciudad es una fortaleza,

murallas y baluartes la protegen.

Abran los portones,

que pase el pueblo fiel,

el pueblo que guarda lealtad.

Su propósito es firme,

va atesorando bienestar,

pues confía en ti.

Confíen siempre en el Señor,

él es nuestra Roca eterna:

humilló a los habitantes de la altura,

doblegó a la ciudad encumbrada,

la aplastó, la aplastó por tierra,

la hizo morder el polvo.

La pisotean los pies del humilde,

los pobres al caminar”.

ANGUSTIA Y ESPERANZA EN UN TIEMPO SIN FUTURO

El camino del justo es derecho,

tú allanas la senda del justo.

Echamos de menos, Señor,

tu forma de hacer justicia;

anhelamos tu nombre y tu recuerdo.

Mi ser te ansía de noche,

mi espíritu madruga en tu busca,

pues de tu forma de juzgar en la tierra

aprenden justicia sus habitantes.

Aunque el malvado sea perdonado,

nunca aprenderá justicia:

pervierte el derecho en el país,

no se fija en la grandeza del Señor.

Señor, tu mano está alzada,

pero no se fijan en ella.

Que vean avergonzados tu celo por el pueblo,

que un fuego devore a tus adversarios.

Señor, de seguro nos darás bienestar,

pues tú realizas todas nuestras obras.

Señor, Dios nuestro,

nos dominaron otros señores,

mas sólo reconocemos tu nombre.

Los que han muerto ya no viven,

no se levantan las sombras,

por eso los castigas y destruyes,

y acabas así con su recuerdo.

Pero tú multiplicas el pueblo,

lo multiplicas y demuestras tu poder,

ensanchas las fronteras del país.

Señor, en el peligro acudíamos a ti,

cuando más nos afligía tu castigo:

como embarazada a punto de parir,

que se retuerce y grita entre dolores,

eso parecíamos, Señor, ante ti.

Parimos, nos retorcimos,

pero dimos a luz viento:

no supimos socorrer al país,

no parimos habitantes al mundo.

Tus muertos revivirán

y se alzarán sus despojos,

despertarán clamorosos

los que habitan en el polvo.

Pues tu rocío es rocío de luz

y el país de las sombras parirá.

CASTIGO DE DESÓRDENES

Pueblo mío, entra en tu casa,

cierra las puertas tras de ti,

escóndete sólo un momento

hasta que pase la cólera.

Que el Señor sale de su morada

y piensa castigar la culpa

de todo el que habita en el país:

la tierra, empapada de sangre,

ya no ocultará a sus muertos.

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