Génesis 38:14–23
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Entonces ella se quitó el vestido de viuda, se cubrió con un velo para que nadie la reconociese, y se sentó a la entrada de Enáin, que se encuentra en el camino de Timná. Hizo todo esto porque veía que Selá ya tenía edad para casarse y sin embargo no se lo entregaban como esposo.
Cuando Judá la vio, creyó que era una prostituta, pues tenía cubierto el rostro; así que se desvió del camino hacia donde estaba ella y, sin saber que era su nuera, le dijo:
— Vamos, que quiero acostarme contigo.
Ella le preguntó:
— ¿Cuánto me darás por acostarme contigo?
Él respondió:
— Te mandaré uno de los cabritos de mi rebaño.
Ella replicó:
— Está bien, pero me tienes que dejar algo en garantía hasta que me lo mandes.
Judá preguntó:
— ¿Qué quieres que te deje?
Ella respondió:
— Tu sello con su cordón y el bastón que llevas en la mano.
Judá se los entregó, se acostó con ella y la dejó embarazada. Después Tamar se levantó y se fue. Se quitó el velo y volvió a ponerse la ropa de viuda.
Más tarde, Judá mandó el cabrito por medio de su amigo adulamita, para recuperar los objetos que había dejado a la mujer, pero Jirá no dio con ella. Así que le preguntó a las gentes del lugar:
— ¿Dónde está la prostituta que había junto al camino de Enáin?
Le contestaron:
— Aquí no ha habido ninguna prostituta.
El amigo regresó adonde estaba Judá y le dijo:
— No la pude encontrar. Además, las gentes del lugar me han asegurado que allí nunca ha habido una prostituta.
Y Judá contestó:
— Pues que se quede con las cosas; no es cuestión de que hagamos el ridículo. Yo le he enviado el cabrito y tú no la has encontrado.
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