2º Samuel 14:4–11
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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La mujer de Tecoa se presentó ante el rey, inclinó su rostro e hizo una reverencia. Luego le dijo:
— Socórreme, majestad.
El rey le preguntó:
— ¿Qué te pasa?
Ella respondió:
— Que soy una mujer viuda, pues mi marido murió. Tu servidora tenía dos hijos: tuvieron una pelea en el campo y, sin nadie que los separara, uno golpeó al otro y lo mató. Y ahora toda la familia se me ha enfrentado, exigiendo que les entregue al fratricida, para darle muerte, vengar a su hermano asesinado y acabar también con el único heredero. Así apagarán el rescoldo que me queda y dejarán a mi marido sin apellido ni descendencia sobre la tierra.
El rey le dijo a la mujer:
— Vete a casa, que yo solucionaré tu problema.
La mujer de Tecoa insistió:
— Majestad, yo y mi familia somos los responsables; el rey y su trono no tienen culpa.
El rey le dijo:
— Si alguien te dice algo, me lo traes, que no te volverá a molestar.
Ella le dijo:
— Su majestad pida a Dios que el defensor de la sangre no aumente las desgracias, acabando con mi hijo.
Él afirmó:
— ¡Vive Dios, que nadie tocará ni un pelo de tu hijo!
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