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2º Reyes 19:21–34

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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Y esta es la palabra que el Señor pronuncia contra él:

Te desprecia y se burla de ti

una simple muchacha,

la ciudad de Sión;

te hace mofa a tus espaldas

la ciudad de Jerusalén.

¿A quién insultas e injurias?

¿Contra quién levantas tu voz,

alzando altanera la mirada?

¡Contra el Santo de Israel!

Por medio de tus mensajeros

has insultado al Señor, diciendo:

“Gracias a mis carros numerosos

he subido a las cumbres más altas,

al corazón del Líbano;

he talado sus cedros más esbeltos,

sus más escogidos cipreses;

me adentré en su lugar más oculto,

en sus bosques más espesos.

Alumbré y bebí aguas extranjeras;

sequé bajo la planta de mis pies

todos los ríos de Egipto”.

¿Acaso no te has enterado

de que hace tiempo lo tengo decidido.

Lo he planeado desde antaño

y ahora lo llevo a término?

Voy a reducir a escombros

todas las ciudades fortificadas.

Sus habitantes, impotentes,

espantados y humillados,

son como hierba del campo,

como césped de pastizal,

como verdín de los tejados,

como mies agostada antes de sazón.

Sé bien cuándo te sientas,

conozco tus idas y venidas,

y cuándo te enfureces contra mí.

Puesto que ha llegado a mis oídos

tu furia y tu arrogancia contra mí,

pondré mi garfio en tu nariz

y mi argolla en tu hocico,

y te haré volver por el camino

por donde habías venido.

Y esto, Ezequías, te servirá de señal: este año comerán lo que retoñe, y el siguiente, lo que nazca sin sembrar, pero el tercer año sembrarán y cosecharán; plantarán viñas y comerán sus frutos. El resto superviviente de Judá volverá a echar raíces por abajo y a producir fruto por arriba, pues de Jerusalén saldrá un resto, y habrá supervivientes en el monte Sión. El amor apasionado del Señor del universo lo cumplirá.

Por eso, así dice el Señor a propósito del rey de Asiria:

No entrará en esta ciudad,

no disparará flechas contra ella,

no la cercará con escudos,

ni la asaltará con rampas.

Se volverá por donde vino

y no entrará en esta ciudad

—oráculo del Señor—.

Protegeré esta ciudad para salvarla,

por mi honor y el de David, mi servidor.

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