1º Samuel 30:1–19
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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DAVID CONTRA LOS AMALECITAS
Cuando David y sus hombres llegaron a Siclag, dos días después, los amalecitas habían hecho una incursión por el Négueb y Siclag, habían atacado e incendiado la ciudad y se habían llevado prisioneros a las mujeres, a los pequeños y a los ancianos del lugar. Aunque no habían matado a nadie, se los habían llevado y habían seguido su camino. Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad y vieron que había sido incendiada, y que sus mujeres, hijos e hijas habían sido hechos prisioneros, se pusieron a gritar y a llorar, hasta quedarse sin fuerzas. También habían capturado a las dos mujeres de David, Ajinoán, la de Jezrael, y Abigail, la mujer de Nabal, el de Carmel.
David estaba muy preocupado, porque la gente, afligida por sus hijos e hijas, hablaba de apedrearlo. Pero, reconfortado por el Señor, su Dios, pidió al sacerdote Abiatar, hijo de Ajinoán:
— Tráeme el efod.
Abiatar le llevó el efod y David consultó al Señor:
— ¿Puedo perseguir a esa banda? ¿Los alcanzaré?
El Señor le respondió:
— Persíguela, porque los alcanzarás y liberarás a los prisioneros.
David partió, acompañado de seiscientos hombres, y llegaron al arroyo de Besor donde algunos se quedaron. Entonces David continuó la persecución con cuatrocientos hombres. Los otros doscientos se quedaron allí, pues estaban demasiado fatigados para cruzar el arroyo de Besor. Encontraron a un egipcio por el campo y se lo llevaron a David. Luego le dieron pan para comer y agua para beber. Le dieron también una torta de higos y dos racimos de pasas. Él comió y se sintió reanimado, pues llevaba tres días y tres noches sin comer ni beber nada. Entonces David le preguntó:
— ¿De quién eres y de dónde vienes?
El muchacho egipcio contestó:
— Soy esclavo de un amalecita. Mi amo me ha abandonado, porque caí enfermo hace tres días. Habíamos hecho una incursión al sur de los quereteos, de Judá y de Caleb, y hemos incendiado Siclag.
David le preguntó:
— ¿Puedes llevarme hasta esa banda?
El muchacho respondió:
— Si me juras por Dios que no me matarás ni me entregarás a mi amo, te llevaré hasta esa banda.
Él los llevó y los encontraron desperdigados por el campo, comiendo, bebiendo y celebrando el gran botín capturado en territorio filisteo y en Judá. David los estuvo atacando desde el amanecer hasta el atardecer y no escapó ninguno, a excepción de cuatrocientos muchachos que agarraron los camellos y huyeron. David recuperó todo lo que se habían llevado los amalecitas y rescató a sus dos mujeres. No les faltó nada, pues David lo recuperó todo: del mayor al más pequeño, los hijos y las hijas, el botín y todo lo que les habían quitado.
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