Logos Bible Study

1º Samuel 3–4

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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VOCACIÓN DE SAMUEL

El joven Samuel estaba al servicio del Señor bajo la custodia de Elí. Por aquel entonces los mensajes del Señor eran excepcionales y escaseaban las visiones. Cierto día Elí dormía en su habitación; sus ojos se estaban apagando y no podía ver. La lámpara divina aún no se había extinguido y Samuel dormía en el santuario del Señor, donde está el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel* que respondió:

— ¡Aquí estoy!

Fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo:

— Aquí estoy, presto a tu llamada.

Elí le contestó:

— Yo no te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte.

Y Samuel fue a acostarse. El Señor volvió a llamar otra vez a Samuel y este se levantó y se presentó ante Elí, diciendo:

— Aquí estoy, presto a tu llamada.

Elí contestó:

— Yo no te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte. Y es que Samuel todavía no conocía al Señor, ni se le había revelado su palabra. El Señor volvió a llamar a Samuel por tercera vez y él se levantó y se presentó ante Elí, diciendo:

— Aquí estoy, presto a tu llamada.

Entonces comprendió Elí que era el Señor quien llamaba al muchacho y le dijo:

— Vuelve a acostarte y si alguien te llama, respóndele: “Habla, Señor, que tu servidor escucha”.

Y Samuel se fue a acostar a su habitación. El Señor volvió a insistir y lo llamó como antes:

— ¡Samuel! ¡Samuel!

Y él le respondió:

— Habla, que tu servidor escucha.

Y el Señor dijo a Samuel:

— Mira, voy a hacer una cosa en Israel que a los que la oigan les retumbarán los oídos. En ese momento voy a cumplir todo lo que he anunciado contra Elí y su familia de principio a fin. Ya le he comunicado que voy a condenar a su familia para siempre, porque él sabía que sus hijos ultrajaban a Dios, pero no los corrigió. Por eso, juro a la familia de Elí que ni sacrificios ni ofrendas podrán reparar nunca su delito.

Samuel se acostó hasta la mañana siguiente. Luego abrió las puertas del santuario, pero no se atrevió a contarle a Elí la visión. Elí lo llamó:

— Samuel, hijo mío.

Y él contestó:

— Aquí estoy.

Elí le preguntó:

— ¿Qué te ha dicho? No me lo ocultes. Que Dios te castigue si me ocultas una sola palabra de lo que te ha dicho.

Entonces Samuel se lo contó todo, sin omitir nada. Elí comentó:

— Él es el Señor, que haga lo que mejor le parezca.

Samuel seguía creciendo y el Señor lo protegía, sin dejar de cumplir ni una sola de sus palabras. Así supo todo Israel, desde Dan hasta Berseba, que Samuel era un profeta acreditado ante Dios. El Señor siguió manifestándose en Siló, donde revelaba su palabra a Samuel.

La palabra de Samuel se recibía en todo Israel.

HISTORIA DEL ARCA (4:1B–7:1)

VICTORIA FILISTEA

Por aquellos días Israel salió a luchar contra los filisteos y acampó en Eben Ézer, mientras que los filisteos acamparon en Afec. Los filisteos se desplegaron para atacar a Israel, se entabló el combate e Israel fue derrotado por los filisteos, perdiendo a cuatro mil hombres en el campo de batalla. Cuando el ejército volvió al campamento, los ancianos de Israel dijeron:

— ¿Por qué ha permitido el Señor que hoy nos derrotaran los filisteos? ¡Vamos a traernos de Siló el Arca de la alianza del Señor, para que nos acompañe y nos libre de nuestros enemigos!

Enviaron gente a Siló y trajeron de allí el Arca de la alianza del Señor del universo, entronizado sobre querubines. Los dos hijos de Elí, Jofní y Finés, acompañaban al Arca de la alianza de Dios. Cuando el Arca de la alianza del Señor llegó al campamento, todos los israelitas lanzaron un grito de guerra tan fuerte que retembló la tierra. Los filisteos oyeron aquel estruendo y se preguntaron:

— ¿A qué viene ese estruendo tan grande en el campamento hebreo?

Y cuando se enteraron de que el Arca del Señor había llegado al campamento, los filisteos se asustaron y se decían:

— ¡Su Dios ha llegado al campamento! ¡Pobres de nosotros, porque nunca antes había pasado nada igual! ¡Pobres de nosotros! ¿Quién nos librará de un Dios tan poderoso? Porque ese es el Dios que diezmó a los egipcios con toda clase de plagas en el desierto. ¡Ánimo y sean fuertes, filisteos! Que no los esclavicen los hebreos como ustedes los han esclavizado a ellos. ¡Sean valientes y combatan!

Los filisteos atacaron y derrotaron a Israel que huyó a la desbandada hasta su campamento. Hubo una gran masacre y la infantería israelita perdió treinta mil hombres. El Arca de Dios fue capturada y los dos hijos de Elí, Jofní y Finés, también murieron.

Un benjaminita salió corriendo del campo y llegó a Siló el mismo día, con la ropa hecha jirones y la cabeza cubierta de polvo. Cuando llegó, Elí estaba sentado en su silla junto al camino vigilando preocupado por la suerte del Arca de Dios. El hombre entró en la población para dar la noticia y todos los habitantes se pusieron a gritar. Elí oyó el griterío y se preguntaba qué significaba aquel tumulto. Entonces el mensajero llegó presuroso a darle la noticia a Elí. Con noventa y ocho años, Elí tenía la mirada fija y no veía nada. El mensajero le dijo:

— Acabo de llegar del campo de batalla, del que hoy mismo he logrado escapar.

Elí le preguntó:

— ¿Qué ha pasado, hijo mío?

Y el mensajero respondió:

— Israel ha huido ante los filisteos y el ejército ha sufrido una gran derrota. Tus dos hijos, Jofní y Finés, también han muerto y el Arca de Dios ha sido capturada.

Al mencionar el Arca de Dios, Elí se cayó de la silla hacia atrás contra la puerta, se rompió la nuca y murió, pues era viejo y estaba pesado. Había sido juez de Israel durante cuarenta años.

Su nuera, la mujer de Finés, estaba embarazada y a punto de dar a luz. Cuando oyó las noticias de la captura del Arca de Dios y de las muertes de su suegro y su marido, le sobrevinieron los dolores del parto, se agachó y dio a luz. Como estaba a punto de morir, las que la asistían le decían:

— ¡Ánimo, que has tenido un niño!

Pero ella no respondió ni hizo caso. Al niño le puso por nombre Icabod, pues decía: “Israel se ha quedado sin gloria”, refiriéndose a la captura del Arca de Dios y a las muertes de su suegro y de su marido. Y repetía: “Israel se ha quedado sin gloria, pues el Arca de Dios ha sido capturada”.

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Footnotes

  1. *Signo indicativo de nota
  2. *llamó a Samuel: La versión griega dice: El Señor llamó: ¡Samuel! ¡Samuel! y repite la fórmula en las dos siguientes ocasiones (3:6). El texto hebreo sólo incluye la mención doble del nombre en la última llamada (3:10).