1º Crónicas 15–16
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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PREPARATIVOS PARA EL ARCA
David se construyó edificios en la Ciudad de David. Luego preparó un lugar para el Arca de Dios y le levantó una Tienda. Entonces David ordenó:
— Sólo los levitas podrán transportar el Arca de Dios, pues a ellos los ha elegido el Señor para transportar su Arca y servirle siempre.
Luego convocó en Jerusalén a todo Israel para trasladar el Arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió también a los descendientes de Aarón y a los levitas: Uriel al frente de ciento veinte parientes descendientes de Queat; Asaías al frente de doscientos veinte parientes descendientes de Merarí; Joel al frente de ciento treinta parientes descendientes de Guersón; Semaías al frente de doscientos parientes descendientes de Elisafán; Eliel al frente de ochenta parientes descendientes de Hebrón; y Aminadab al frente de ciento doce parientes descendientes de Uziel. David llamó a los sacerdotes Sadoc y Abiatar y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semaías, Eliel y Aminadab, y les dijo:
— Ustedes, que son los jefes de los clanes levitas, habrán de purificarse, junto con sus parientes, para poder trasladar el Arca del Señor, Dios de Israel al lugar que le he preparado; pues por no estar ustedes la vez anterior, el Señor nuestro Dios nos castigó, porque no cumplimos con la norma.
Los sacerdotes y levitas se purificaron para poder trasladar el Arca del Señor Dios de Israel.
Los levitas cargaron el Arca de Dios con los varales sobre sus hombros, como lo había dispuesto Moisés por orden del Señor. David ordenó también a los jefes de los levitas que organizasen a sus parientes cantores con instrumentos musicales, salterios, cítaras y platillos, para que los tocasen con ímpetu y júbilo. Los levitas eligieron a Hemán, hijo de Joel, y a sus parientes Asaf, hijo de Berequías, y Etán, hijo de Cusaías y descendiente de Merarí. Y con ellos, como porteros, a sus parientes de segundo orden: Zacarías, Aziel, Semiramot, Jejiel, Uní, Eliab, Benaías, Maasías, Matatías, Eliflehu, Micneías, Obededón y Jeiel. Los cantores Hemán, Asaf y Etán tocaban los platillos de bronce. Zacarías, Aziel, Semiramot, Jejiel, Uní, Eliab, Maasías y Benaías tocaban los salterios en tonos agudos. Matatías, Eliflehu, Micneías, Obededón, Jeiel y Azazías tocaban cítaras en tonos graves para entonar los cantos. Quenanías, jefe de los levitas encargados del transporte, dirigía el traslado, pues era muy experto. Berequías y Elcaná eran los guardianes del Arca. Los sacerdotes Sebanías, Josafat, Natanael, Amasay, Zacarías, Benaías y Eliezer tocaban las trompetas ante el Arca de Dios; y Obededón y Jejías eran también guardianes del Arca.
REANUDACIÓN DEL TRASLADO
Entonces David con los ancianos de Israel y los capitanes del ejército fueron a trasladar el Arca de Dios desde la casa de Obededón con gran alegría. Y como Dios protegía a los levitas portadores del Arca de la alianza, se sacrificaron siete novillos y siete carneros. David iba revestido de un manto de lino, como todos los levitas portadores del Arca, los músicos y Quenanías, el director del traslado. David llevaba también una túnica de lino. Todo Israel subía el Arca de la alianza del Señor entre vítores, al son de cuernos, trompetas y platillos, y haciendo sonar arpas y cítaras. Cuando el Arca de la alianza del Señor entraba en la ciudad de David, Mical, la hija de Saúl, que estaba asomada a la ventana, vio al rey David brincando y bailando, y sintió un profundo desprecio por él.
Introdujeron el Arca de Dios y la colocaron dentro de la Tienda que David había preparado al efecto. Luego ofrecieron a Dios holocaustos y sacrificios de comunión. Cuando terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor y repartió a todos los israelitas, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y otro de pasas a cada uno.
ORGANIZACIÓN DEL SERVICIO DEL ARCA
David puso al servicio del Arca del Señor a algunos levitas encargados de invocar, dar gracias y alabar al Señor Dios de Israel. Asaf era el jefe, Zacarías el segundo, y luego Aziel, Semiramot, Jejiel, Matatías, Eliab, Benaías, Obededón y Jeiel con salterios y cítaras, mientras Asaf hacía sonar los platillos. Los sacerdotes Benaías y Jajaziel tocaban siempre las trompetas ante el Arca de la alianza de Dios. Y aquel día fue la primera vez que David encargó a Asaf y a sus parientes de alabar al Señor.
HIMNO DE DAVID
Alaben al Señor, aclamen su nombre,
proclamen entre los pueblos sus hazañas.
Canten y toquen para él,
pregonen todas sus maravillas,
enorgullézcanse de su nombre santo;
¡que se alegren los que buscan al Señor!
Recurran al poder del Señor,
busquen constantemente su presencia.
Recuerden sus acciones portentosas,
sus prodigios y sus justas decisiones;
ustedes, estirpe de Israel, su siervo,
descendencia de Jacob, su elegido.
Él es el Señor, nuestro Dios,
sus leyes dominan toda la tierra.
Él recuerda eternamente su alianza,
la promesa hecha por mil generaciones,
el pacto que selló con Abrahán,
el juramento que hizo a Isaac
y que confirmó como ley para Jacob,
como alianza perpetua para Israel
diciendo: “Te daré el país de Canaán
como propiedad hereditaria”.
Cuando eran sólo unos pocos,
un puñado de emigrantes en el país,
que iban vagando de nación en nación,
pasando de un reino a otro reino,
no permitió que nadie los maltratara,
y por su causa castigó a algunos reyes:
“No toquen a mis ungidos,
no hagan daño alguno a mis profetas”.
Cante al Señor toda la tierra,
pregonen día a día su salvación.
Pregonen su gloria entre las naciones,
sus prodigios entre todos los pueblos,
porque es grande el Señor,
es digno de alabanza,
y más admirable que todos los dioses.
Todos los dioses paganos son nada,
pero el Señor ha hecho los cielos.
Gloria y esplendor hay en él,
poder y alegría en su morada.
Rindan al Señor, familias de los pueblos,
rindan al Señor gloria y poder;
reconozcan que es glorioso su nombre;
tráiganle ofrendas y entren en su presencia;
adoren al Señor en su hermoso Templo.
Que tiemble ante él toda la tierra,
asentó el universo y no se mueve.
Que se alegren los cielos y exulte la tierra;
que se diga en las naciones: “¡El Señor es rey!”.
Que retumbe el mar y cuanto lo llena,
que el campo entero se llene de gozo.
Que griten de júbilo los árboles del bosque
ante el Señor que viene a gobernar la tierra.
Alaben al Señor por su bondad,
porque es eterno su amor.
Y proclamen: “Sálvanos, Dios, Salvador nuestro.
Reúnenos y rescátanos de entre las naciones,
para que alabemos tu santo nombre
y nos llene de orgullo tu alabanza”.
¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
desde siempre y para siempre!
Y todo el pueblo dijo:
— ¡Amén! ¡Aleluya!
CONCLUSIÓN
David dejó allí ante el Arca de la alianza del Señor a Asaf y a sus hermanos, para su servicio permanente, según el ritual cotidiano. Y designó como porteros a Obededón y a sesenta y ocho de sus familiares, junto con Obededón, hijo de Jedutún, y Josá. Al sacerdote Sadoc y a sus familiares sacerdotes los encargó de la Tienda del Señor que había en el santuario de Gabaón, para que ofreciesen holocaustos permanentemente al Señor sobre el altar de los holocaustos, por la mañana y por la tarde, según lo prescrito en la ley que el Señor dictó a Israel. Con ellos estaban Hemán, Jedutún y el resto de los escogidos y designados nominalmente para alabar al Señor, cuyo amor no tiene fin. Hemán y Jedutún hacían sonar trompetas, timbales y los instrumentos de la alabanza divina. Los hijos de Jedutún eran porteros.
Finalmente todo el pueblo se marchó, cada cual a su casa, mientras David regresaba también a bendecir su casa.
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