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Salmo 63–68
El alma sedienta se satisface en Dios
Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Judá.
1 Oh Dios, Tú eres mi Diosa; te buscaré con afán.
Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhelab
Cual tierra seca y árida donde no hay aguac.
2 Así te contemplaba en el santuario,
Para ver Tu poder y Tu gloriaa.
3 Porque Tu misericordia es mejor que la vidaa,
Mis labios te alabarán.
4 Así te bendeciré mientras vivaa,
En Tu nombre alzaré mis manosb.
5 Como con médula y grasa está saciadaa mi alma;
Y con labios jubilosos te alaba mi bocab.
6 Cuando en mi lecho me acuerdo de Tia,
En Ti medito durante las vigilias de la nocheb.
7 Porque Tú has sido mi ayudaa,
Y a la sombra de Tus alasb canto gozoso.
8 A Ti se aferra mi almaa;
Tu diestra me sostieneb.
9 Pero los que buscan mi vida para destruirlaa,
Caerán a las profundidades de la tierrab.
10 Serán entregados al poder de la espadaa;
Presa serán de las zorrasb.
11 Pero el rey se regocijará en Diosa;
Y todo el que por Él jura se gloriaráb,
Porque la boca de los que dicen mentiras será cerradac.
Oración pidiendo protección divina
Para el director del coro. Salmo de David.
1 Escucha mi voz, oh Dios, en mi quejaa;
Guarda mi vida del terror del enemigob.
2 Escóndeme de los planes secretos de los malhechoresa,
Del asalto de los obradores de iniquidadb,
3 Que afilan su lenguaa como espada,
Y lanzan palabras amargas como flechab,
4 Para herir en oculto al íntegroa;
Lo hieren repentinamente, y no temenb.
5 Se aferran en propósitos malignos;
Hablan de tender trampas en secretoa,
Y dicen: «¿Quién las veráb?».
6 Traman injusticias, diciendo:
«Estamos listos con una trama bien concebida;
Pues los pensamientosa del hombre y su corazón son profundos».
7 Pero Dios les dispararáa con flecha;
Repentinamente serán heridos.
8 Vuelven su lengua tropezaderoa contra sí mismosb;
Todos los que los vean moverán la cabezac.
9 Entonces todos los hombres temerána,
Declararán la obra de Diosb
Y considerarán sus hechos.
10 El justo se alegrará en el Señora, y en Él se refugiaráb;
Y todos los rectos de corazón se gloriarán.
La abundante generosidad de Dios
Para el director del coro. Salmo de David. Cántico.
1 Silencio habrá delante de Ti, y alabanza en Sión, oh Dios.
A Ti se cumplirá el votoa.
2 ¡Oh Tú, que escuchas la oración!
Hasta Ti viene todo hombrea.
3 Las iniquidadesa prevalecen contra mí,
Pero nuestras transgresiones Tú las perdonasb.
4 Cuán bienaventuradoa es aquel que Tú escoges, y acercas a Tib,
Para que more en Tus atrios.
Seremos saciadosc con el bien de Tu casa,
Tu santo templo.
5 Con grandes prodigiosa nos respondes en justicia,
Oh Dios de nuestra salvaciónb,
Tú eres la confianza de todos los términos de la tierrac y del más lejano mard;
6 El que afirma los montesa con Su poder,
Ceñido de potenciab;
7 El que calma el rugido de los mares,
El estruendo de las olasa,
Y el tumulto de los pueblosb.
8 Por eso los que moran en los confines de la tierraa temen Tus obras,
Tú haces cantar de júbilo a la aurora y al ocaso.
9 Tú visitas la tierra y la riegas en abundanciaa,
En gran manera la enriquecesb.
El río de Diosc rebosa de agua;
Tú les preparas su granod, porque así preparas la tierra.
10 Riegas sus surcos abundantemente,
Allanas sus camellones,
La ablandas con lluviasa,
Bendices sus renuevos.
11 Tú has coronado el año con Tus bienesa,
Y Tus huellas destilan grasab.
12 Destilan los pastos del desiertoa,
Y los collados se adornan de alegríab.
13 Las praderas se visten de rebañosa,
Y los valles se cubren de granob;
Dan voces de júbilo, sí, cantanc.
Himno a Dios por su poderosa liberación
Para el director del coro. Cántico. Salmo.
1 Aclamen con júbilo a Dios, habitantes de toda la tierraa;
2 Canten la gloria de Su nombrea;
Hagan gloriosa Su alabanzab.
3 Digan a Dios: «¡Cuán portentosas son Tus obrasa!
Por la grandeza de Tu poder, Tus enemigos fingirán que te obedecenb.
4 »Toda la tierra te adoraráa,
Y cantará alabanzas a Tib,
Cantará alabanzas a Tu nombre».
(Selah)
5 Vengan y vean las obras de Diosa,
Admirable en Sus hechosb a favor de los hijos de los hombres.
6 Convirtió el mar en tierra secaa;
Cruzaron el río a pieb;
Regocijémonos allí en Élc.
7 Él domina con Su poder para siemprea;
Sus ojos velan sobre las nacionesb;
No se enaltezcan los rebeldesc.
(Selah)
8 Bendigan, oh pueblos, a nuestro Dios,
Y hagan oír la voz de Su alabanzaa.
9 Él es quien nos guarda con vidaa,
Y no permite que nuestros pies resbalenb.
10 Porque Tú nos has probadoa, oh Dios;
Nos has refinado como se refina la platab.
11 Nos metiste en la reda;
Carga pesada pusiste sobre nuestros lomos.
12 Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezasa;
Pasamos por el fuego y por el aguab,
Pero Tú nos sacaste a un lugar de abundanciac.
13 Entraré en Tu casa con holocaustosa;
A Ti cumpliré mis votosb,
14 Los que pronunciaron mis labios
Y habló mi boca cuando yo estaba en angustiaa.
15 Te ofreceré holocaustos de animales engordados,
Con el humo de la ofrenda de carnerosa;
Haré una ofrenda de toros y machos cabríosb.
(Selah)
16 Vengan y oigan, todos los que temen1a a Dios,
Y contaré lo que Él ha hecho por mi almab.
Y ensalzado fue con mi lenguaa.
18 Si observo iniquidad en mi corazóna,
El Señor no me escucharáb.
19 Pero ciertamente Dios me ha oídoa;
Él atendió a la voz de mi oración.
20 Bendito sea Diosa,
Que no ha desechado mi oraciónb,
Ni apartado de mí Su misericordia.
Den gracias a Dios las naciones
Para el director del coro; con instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico.
1 Dios tenga piedad de nosotros y nos bendigaa,
Y haga resplandecer Su rostro sobre nosotrosb,
(Selah)
2 Para que sea conocido en la tierra Tu caminoa,
Entre todas las naciones Tu salvaciónb.
3 Te den gracias los pueblosa, oh Dios,
Todos los pueblos te den gracias.
4 Alégrense y canten con júbilo las nacionesa,
Porque Tú juzgarás a los pueblos con equidadb,
Y guiarás a las naciones en la tierrac.
(Selah)
5 Te den gracias los pueblos, oh Dios,
Todos los pueblos te den graciasa.
6 La tierra ha dado su frutoa;
Dios, nuestro Dios, nos bendiceb.
Para que le teman todos los términos de la tierraa.
El Dios del Sinaí y del santuario
Para el director del coro. Salmo de David. Cántico.
1 Levántese Dios; sean esparcidos Sus enemigos,
Y huyan delante de Él los que lo aborrecena.
2 Como se disipa el humo, disípalosa;
Como la cera se derrite delante del fuegob,
Así perezcan los impíos delante de Diosc.
3 Pero alégrense los justosa, regocíjense delante de Dios;
Sí, que rebosen de alegría.
4 Canten a Dios, canten alabanzas a Su nombrea;
Abran pasob al que cabalga por los desiertosc,
Cuyo nombre es el Señord; regocíjense delante de Él.
5 Padre de los huérfanosa y defensor de las viudasb
Es Dios en Su santa moradac.
6 Dios prepara un hogara para los solitarios;
Conduce a los cautivosb a prosperidad;
Solo los rebeldes habitan en una tierra secac.
7 Oh Dios, cuando saliste al frente de Tu puebloa,
Cuando marchaste por el desiertob,
(Selah)
8 Tembló la tierraa;
También se derramaron los cielos ante la presencia de Diosb;
El Sinaí mismo tembló delante de Diosc, el Dios de Israel.
9 Tú esparciste lluvia abundante, oh Diosa,
Tú fortaleciste Tu heredad cuando estaba extenuada.
10 Los de Tu pueblo se establecieron en ella;
En Tu bondad, oh Dios, proveíste para el pobrea.
Las mujeresa que anuncian las buenas nuevas son gran multitud:
12 «Los reyes de los ejércitos huyena; sí huyen,
Y la que se queda en casa repartirá el botínb».
13 Cuando ustedes se acuestan en los redilesa,
Son como alas de paloma cubiertas de plata,
Y sus plumas de oro resplandeciente.
14 Cuando el Omnipotente dispersó allí a los reyes,
Nevaba en el monte Salmóna.
15 Monte de Diosa es el monte de Basán;
Monte de muchos picos es el monte de Basán.
16 ¿Por qué miran con envidia, oh montes de muchos picos,
Al monte que Dios ha deseado para morada Suyaa?
Ciertamente el Señor habitará allí para siempreb.
17 Los carros de Diosa son miríadas, millares de millaresb;
El Señor está entre ellos en santidad, como en el Sinaí.
18 Tú has ascendido a lo altoa, has llevado en cautividad a Tus cautivosb;
Has recibido dones entre los hombres,
Y aun entre los rebeldes, para que el Señor Dios habite entre ellos.
19 Bendito sea el Señor, que cada día lleva nuestra cargaa,
El Dios que es nuestra salvaciónb.
(Selah)
20 Dios es para nosotros un Dios de salvacióna,
Y a Dios el Señor pertenece el librar de la muerteb.
21 Ciertamente Dios herirá la cabeza de Sus enemigosa,
La testa cabelluda del que anda en sus delitosb.
22 Dijo el Señor: «De Basána los haré volver;
Los haré volver de las profundidades del marb,
23 Para que tu pie los aplaste en sangrea,
Y la lengua de tus perros tenga la porción de tus enemigosb».
24 Ellos han visto Tu procesióna, oh Dios,
La procesión de mi Dios, mi Rey, hacia el santuariob.
25 Los cantores iban delante, los músicos detrása,
En medio de las doncellas tocando panderosb.
26 Bendigan a Dios en las congregacionesa,
Al Señor, ustedes del linaje de Israelb.
27 Allí va Benjamína, el más joven, dirigiéndolos,
Los príncipes de Judá con su grupo,
Los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalíb.
28 El Dios tuyo ha mandado tu fuerzaa;
Muestra Tu poder, oh Dios, Tú que has obrado por nosotrosb.
29 Por causa de Tu templo en Jerusalén
Te traerán presentes los reyesa.
30 Reprende las fieras de las cañasa,
La manada de torosb con los becerros de los pueblos,
Pisoteando las piezas de plata;
Él ha dispersado a los pueblos que se deleitan en la guerrac.
31 De Egiptoa saldrán mensajeros;
Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Diosb.
32 Canten a Dios, oh reinos de la tierraa;
Canten alabanzas al Señorb.
(Selah)
33 Canten al que cabalgaa sobre los cielos de los cielosb, que son desde la antigüedad;
34 Atribuyan a Dios fortalezaa;
Su majestad es sobre Israel,
Y Su poder está en los cielosb.
35 Imponentea eres, oh Dios, desde Tu santuario.
El Dios mismo de Israel da fortaleza y poder al pueblob.
¡Bendito sea Diosc!
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| 1 | O reverencian. |
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