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Salmo 40–46
Para el director del coro. Salmo de David.
1 Esperé pacientemente al Señora,
Y Él se inclinó a mí y oyó mi clamorb.
2 Me sacó del hoyo de la destruccióna, del lodo cenagoso;
Asentó mis pies sobre una rocab y afirmó mis pasosc.
3 Puso en mi boca un cántico nuevoa, un canto de alabanza a nuestro Dios.
Muchos verán esto, y temeránb
Y confiarán en el Señor.
4 Cuán bienaventurado es el hombre que ha puesto en el Señor su confianzaa,
Y no se ha vuelto a los soberbiosb ni a los que caen en falsedadc.
5 Muchas son, Señor, Dios mío, las maravillas que Tú has hechoa,
Y muchos Tus designios para con nosotrosb;
Nadie hay que se compare contigo;
Si los anunciara, y hablara de ellos,
No podrían ser enumeradosc.
6 Sacrificio y ofrenda de cereal no has deseado;
Me has abierto los oídos;
Holocausto y ofrenda por el pecado no has pedidoa.
En el rollo del libro está escrito de mí;
8 Me deleito en hacer Tu voluntad, Dios míoa;
Tu ley está dentro de mi corazónb».
9 He proclamado buenas nuevas de justicia en la gran congregacióna;
No refrenaré mis labiosb,
Oh Señor, Tú lo sabesc.
10 No he escondido Tu justicia dentro de mi corazóna;
He proclamado Tu fidelidad y Tu salvaciónb;
No he ocultado a la gran congregación Tu misericordia y Tu fidelidad.
11 Tú, oh Señor, no retengas Tu compasión de mí;
Tu misericordia y Tu fidelidad me guarden continuamentea,
12 Porque me rodean males sin númeroa;
Mis iniquidades me han alcanzadob, y no puedo ver;
Son más numerosas que los cabellos de mi cabezac,
Y el corazón me fallad.
13 aTen a bien, oh Señor, libertarme;
Apresúrate, Señor, a socorrermeb.
14 Sean avergonzados y humillados a unaa
Los que buscan mi vida para destruirlab;
Sean vueltos atrás y cubiertos de ignominia
Los que se complacen en mi mal.
15 Queden atónitos a causa de su vergüenzaa
Los que me dicen: «¡Ajá, ajáb!».
16 Regocíjense y alégrense en Ti todos los que te buscan;
Que los que aman Tu salvación digan continuamentea:
«¡Engrandecido sea el Señor!».
17 Por cuanto yo estoy afligido y necesitadoa,
El Señor me tiene en cuentab.
Tú eres mi ayuda y mi libertador;
Dios mío, no te tardes.
Oración en enfermedad y en tristeza
Para el director del coro. Salmo de David.
1 Bienaventurado el que piensa en el pobrea;
En el día del mal el Señor lo libraráb.
2 El Señor lo protegerá y lo mantendrá con vidaa,
Y será bienaventurado sobre la tierrab.
Tú no lo entregarás a la voluntad de sus enemigosc.
3 El Señor lo sostendrá en su lecho de enfermo;
En su enfermedad, restaurarás su salud.
4 Yo dije: «Oh Señor, ten piedad de mí;
Sana mi almaa, porque contra Ti he pecadob».
5 Mis enemigos hablan mal contra mía, diciendo:
«¿Cuándo morirá y perecerá su nombre?».
6 Y si alguien viene a verme, habla falsedadesa;
Su corazón recoge iniquidad para sí;
Cuando sale fuera, lo publica.
7 Todos los que me odian murmuran a una contra mí;
Traman hacerme dañoa, diciendo:
8 «Una cosa del demonio1 ha sido derramada sobre él,
Así que cuando se acueste, no volverá a levantarsea».
9 Aun mi íntimo amigo en quien yo confiaba,
El que de mi pan comía,
Contra mí ha levantado su talóna.
10 Pero Tú, oh Señor, ten piedad de mí y levántamea,
Para que yo les pague como se merecen.
11 En esto sabré que conmigo te complacesa,
Que mi enemigo no cante victoria sobre míb.
12 En cuanto a mí, me mantienes en mi integridada,
Y me afirmas en Tu presencia para siempreb.
13 Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
Desde la eternidad hasta la eternidad.
Amén y aména.
Salmo 42
Sed de Dios en la angustia y en el destierro
Para el director del coro. Masquildag de los hijos de Coré.
1 Como el ciervo anhela las corrientes de agua,
Así suspira por Ti, oh Dios, el alma míaa.
2 Mi alma tiene sed de Diosa, del Dios vivienteb;
¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Diosc?
3 Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de nochea,
Mientras me dicen todo el día: «¿Dónde está tu Dios?b».
4 Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mía;
De cómo iba yo con la multitud y la guiaba hasta la casa de Diosb,
Con voz de alegría y de acción de graciasc, con la muchedumbre en fiesta.
5 ¿Por qué te desesperas1, alma míaa,
Y por qué te turbas dentro de míb?
Espera en Diosc, pues he de alabarlo otra vez
Por la salvación de Su presenciad.
6 Dios mío, mi alma está en mí deprimida;
Por eso me acuerdo de Tia desde la tierra del Jordánb,
Y desde las cumbres del Hermónc, desde el monte Mizar.
7 Un abismo llama a otro abismo a la voz de Tus cascadas;
Todas Tus ondas y Tus olas han pasado sobre mía.
8 De día mandará el Señor Su misericordiaa,
Y de noche Su cántico estará conmigob;
Elevaré una oración al Dios de mi vidac.
9 A Dios, mi rocaa, diré: «¿Por qué me has olvidado?
¿Por qué ando sombríob por la opresión del enemigoc?».
10 Como quien quebranta mis huesos, mis adversarios me afrentan,
Mientras me dicen todo el día: «¿Dónde está tu Diosa?».
11 ¿Por qué te desesperas, alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios, pues lo he de alabar otra vez.
¡Él es la salvación de mi ser, y mi Diosa!
Plegaria implorando liberación
1 Hazme justicia, oh Diosa, y defiende mi causa contra una nación impíab;
Líbrame del hombre engañoso e injustoc.
2 Ya que Tú eres el Dios de mi fortalezaa, ¿por qué me has rechazadob?
¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigoc?
3 Envía Tu luz y Tu verdada; que ellas me guíen,
Que me lleven a Tu santo monteb
Y a Tus moradasc.
4 Entonces llegaré al altar de Diosa,
A Dios, mi supremo gozob;
Y al son de la lira te alabaréc, oh Dios, Dios mío.
5 ¿Por qué te desesperas1, alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios, pues lo he de alabar otra vez.
¡Él es la salvación de mi ser, y mi Diosa!
Oración nacional de intercesión
Para el director del coro. Masquildag de los hijos de Coré.
1 Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído,
Nuestros padres nos han contadoa
La obra que hiciste en sus díasb,
En los tiempos antiguosc:
2 Tú con Tu mano echaste fuera las nacionesa,
Pero a ellos los plantasteb.
Afligiste a los pueblosc,
Pero a ellos los hiciste crecerd.
3 Pues no fue por su espada que tomaron posesión de la tierraa,
Ni fue su brazo el que los salvó,
Sino Tu diestra y Tu brazob, y la luz de Tu presenciac,
Porque te complaciste en ellosd.
4 Tú eres mi Rey, oh Diosa;
Manda victorias a Jacobb.
5 Contigo rechazaremos a nuestros adversariosa;
En Tu nombre pisotearemos a los que contra nosotros se levantenb.
6 Porque yo no confiaré en mi arcoa,
Ni me podrá salvar mi espada;
7 Pues Tú nos has salvado de nuestros adversariosa,
Y has avergonzado a los que nos aborrecenb.
8 En Dios nos hemos gloriado todo el díaa.
Por siempre alabaremos Tu nombreb.
(Selah)
9 Sin embargo, Tú nos has rechazadoa y nos has confundidob,
Y no sales con nuestros ejércitosc.
10 Nos haces retroceder ante el adversarioa,
Y los que nos aborrecen tomaron botín para síb.
11 Nos entregas como ovejas para ser devoradosa,
Y nos has esparcido entre las nacionesb.
12 Vendes a Tu pueblo a bajo precioa,
Y nada has ganado con su venta.
13 Nos haces el oprobio de nuestros vecinosa,
Escarnio y burla de los que nos rodeanb.
14 Nos pones por proverbio entre las nacionesa,
Causa de risa entre los pueblosb.
15 Todo el día mi ignominia está delante de mí,
Y la vergüenza de mi rostro me ha abrumadoa
16 Por la voz del que me reprocha e insultaa,
Por la presencia del enemigo y del vengativob.
17 Todo esto nos ha sobrevenido, pero no nos hemos olvidado de Tia,
Ni hemos faltado a Tu pactob.
18 No se ha vuelto atrás nuestro corazóna,
Ni se han desviado nuestros pasos de Tu sendab;
19 Sin embargo, nos has quebrantadoa en la región de los chacalesb,
Y nos has cubierto con la sombra de la muertec.
20 Si nos hubiéramos olvidado del nombre de nuestro Diosa,
O extendido nuestras manos a un dios extrañob,
21 ¿No se habría dado cuenta Dios de esto?
Pues Él conoce los secretos del corazóna.
22 Pero por causa Tuya nos matan cada díaa;
Se nos considera como ovejas para el mataderob.
23 ¡Despiertaa! ¿Por qué duermes, Señorb?
¡Levántate! No nos rechaces para siemprec.
24 ¿Por qué escondes Tu rostroa
Y te olvidas de nuestra aflicción y de nuestra opresiónb?
25 Porque nuestra alma se ha hundido en el polvoa;
Nuestro cuerpo está pegado a la tierra.
26 ¡Levántatea! Sé nuestra ayuda,
Y redímenos por amor de Tu misericordiab.
Para el director del coro; según Sosanimdag. Masquildot de los hijos de Coré. Canción de amor.
1 Rebosa en mi corazón un tema bueno;
Al Rey dirijo mis versos;
Mi lengua es como pluma de escribiente muy ligeroa.
2 Eres el más hermoso de los hijos de los hombres;
La gracia se derrama en Tus labiosa;
Por tanto, Dios te ha bendecido para siempreb.
3 Prepara Tu espadaa sobre el muslo, oh valienteb,
En Tu esplendor y Tu majestad.
4 En Tu majestad cabalga en triunfo,
Por la causa de la verdad, de la humildad y de la justiciaa;
Que Tu diestra te enseñe cosas tremendasb.
5 Tus flechas son agudasa;
Los pueblos caen debajo de Tib;
En el corazón de los enemigos del reyc están Tus flechas.
6 Tu trono, oh Dios, es eterno y para siemprea;
Cetro de equidad es el cetro de Tu reinob.
7 Has amado la justiciaa y aborrecido la iniquidad;
Por tanto Dios, Tu Dios, te ha ungido
Con óleo de alegría más que a Tus compañerosb.
8 Todas Tus vestiduras están perfumadas con mirra, áloe y casiaa;
Desde palacios de marfil te han alegrado con instrumentos de cuerdab.
9 Hijas de reyes hay entre Tus damas noblesa;
A Tu diestrab, en oro de Ofirc, está la reina.
10 Escucha, hija, presta atención e inclina tu oído;
Olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padrea.
11 Entonces el Rey deseará tu hermosura;
Inclínate ante Éla, porque Él es tu señorb.
12 Y la hija de Tiro vendrá con presentesa;
Los ricos del pueblo suplicarán tu favorb.
13 Toda radiante está la hija del Rey dentro de su palacio;
Recamado de oro está su vestidoa.
14 En vestido bordadoa será conducida al Reyb;
Las vírgenesc, sus compañeras que la siguen,
Serán llevadas a Ti.
15 Serán conducidas con alegría y regocijo;
Entrarán al palacio del Rey.
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| 1 | Heb. Belial. |
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| 1 | O estás deprimida. |
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| dag | Posiblemente, Lirios. |
| dot | Posiblemente, Salmo didáctico, o contemplativo. |
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