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Salmo 34–37
El Señor, Proveedor y Salvador
Salmo de David cuando se fingió loco delante de Abimelec, quien lo echó, y él se fue.
1 Bendeciré al Señor en todo tiempoa;
Continuamente estará Su alabanza en mi bocab.
2 En el Señor se gloriará mi almaa;
Lo oirán los humildes y se regocijaránb.
3 Engrandezcan al Señor conmigoa,
Y exaltemos a una Su nombreb.
4 Busqué al Señor, y Él me respondióa,
Y me libró de todos mis temoresb.
5 Los que a Él miraron, fueron iluminadosa;
Sus rostros jamás serán avergonzadosb.
6 Este pobre clamó, y el Señor le oyó,
Y lo salvó de todas sus angustiasa.
7 El ángel del Señora acampa alrededor de los que le temen,
Y los rescata.
8 Prueben y vean que el Señor es buenoa.
¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugiab!
9 Teman al Señor, ustedes Sus santosa,
Pues nada les faltab a aquellos que le temen.
10 Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre,
Pero los que buscan al Señor no carecerán de bien algunoa.
11 Vengan, hijos, escúchenmea;
Les enseñaré el temor del Señorb.
12 ¿Quién es el hombre que desea vidaa
Y quiere muchos días para ver el bienb?
13 Guarda tu lengua del mala
Y tus labios de hablar engañob.
14 Apártate del mal y haz el biena,
Busca la paz y síguelab.
15 Los ojos del Señor están sobre los justosa,
Y Sus oídos atentos a su clamor.
16 El rostro del Señor está contra los que hacen mala,
Para cortar de la tierra su memoriab.
17 Claman los justos, y el Señor los oye
Y los libra de todas sus angustiasa.
18 Cercano está el Señora a los quebrantados de corazónb,
Y salva a los abatidos de espírituc.
19 Muchas son las aflicciones del justoa,
Pero de todas ellas lo libra el Señorb.
20 Él guarda todos sus huesos;
Ni uno de ellos es quebrantadoa.
21 La maldad dará muerte al impío,
Y los que aborrecen al justo serán condenadosa.
22 El Señor redime el alma de Sus siervosa,
Y no será condenado ninguno de los que en Él se refugianb.
Oración de un justo perseguido
Salmo de David.
1 Combate, oh Señor, a los que me combatena;
Ataca a los que me atacanb.
2 Echa mano del broquel y del escudoa,
Y levántate en mi ayudab.
3 Empuña también la lanza y el hacha para enfrentarte a los que me persiguen;
Dile a mi alma: «Yo soy tu salvacióna».
4 Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vidaa;
Sean puestos en fuga y humillados los que traman el mal contra míb.
5 Sean como paja delante del vientoa,
Con el ángel del Señor acosándolos.
6 Sea su camino tenebroso y resbaladizoa,
Con el ángel del Señor persiguiéndolos.
7 Porque sin causa me tendieron su reda;
Sin causa cavaron fosa para mi almab.
8 Que venga destrucción sobre él sin darse cuentaa,
Y la red que él mismo tendió lo prendab,
¡Que caiga en esa misma destrucciónc!
9 Y mi alma se regocijará en el Señora;
En Su salvación se gozaráb.
10 Dirán todos mis huesosa: «Señor, ¿quién como Túb,
Que libras al afligido de aquel que es más fuertec que él,
Sí, al afligido y al necesitado de aquel que lo despojad?».
11 Se levantan testigos malvadosa,
Y de lo que no sé me preguntan.
12 Me devuelven mal por biena
Para aflicción de mi alma.
13 Pero yo, cuando ellos estaban enfermosa, vestía de ciliciob;
Humillé mi alma con ayunoc,
Y mi oración se repetía en mi pechod.
14 Como por mi amigo, como por mi hermano, andaba de aquí para allá;
Como el que está de duelo por la madre, enlutado me encorvabaa.
15 Pero ellos se alegraron en mi tropiezoa, y se reunieron;
Los agresores, a quienes no conocía, se juntaron contra míb;
Me despedazaban sin cesarc.
16 Como bufones impíos en una fiesta,
Rechinaban sus dientes contra mía.
17 ¿Hasta cuándo, Señor, estarás mirandoa?
Rescata mi alma de sus estragosb,
Mi única vida de los leonesc.
18 En la gran congregación te daré graciasa;
Entre mucha gente te alabaréb.
19 No permitas que se regocijen a costa míaa los que injustamente son mis enemigosb,
Ni que guiñen el ojo con maliciac los que sin causa me aborrecend.
20 Porque ellos no hablan paz,
Sino que piensan palabras engañosas contra los pacíficos de la tierraa,
21 Y abrieron bien grande su boca contra mía;
Dijeron: «¡Ajá, nuestros ojos lo han vistob!».
22 Tú lo has vistoa, Señor, no callesb;
Señor, no estés lejos de míc.
23 Despierta y levántate para mi defensaa
Y para mi causa, Dios mío y Señor mío.
24 Júzgame conforme a Tu justiciaa, oh Señor, Dios mío;
Que no se rían de míb.
25 Que no digan en su corazón: «¡Esto es lo que queríamosa!».
Que no digan: «¡Lo hemos devoradob!».
26 Sean avergonzados y humillados a una los que se alegran de mi mala;
Cúbranse de vergüenza y deshonra los que se engrandecen contra míb.
27 Canten de júbilo y regocíjensea los que favorecen mi causab;
Y digan continuamente: «Engrandecido sea el Señorc,
Que se deleita en la paz de Su siervod».
28 Y mi lengua hablará de Tu justicia
Y de Tu alabanza todo el díaa.
La maldad del hombre y la misericordia de Dios
Para el director del coro. Salmo de David, siervo del Señor.
1 La transgresión habla al impío dentro de su corazón;
No hay temor de Dios delante de sus ojosa.
2 Porque en sus propios ojos la transgresión le engañaa
En cuanto a descubrir su iniquidad y aborrecerla.
3 Las palabras de su boca son iniquidad y engañoa;
Ha dejado de ser sabio y de hacer el bienb.
4 Planea la iniquidad en su camaa;
Se obstina en un camino que no es buenob;
No aborrece el malc.
5 Tu misericordia, oh Señor, se extiende hasta los cielosa,
Tu fidelidad, hasta el firmamento.
6 Tu justicia es como los montes de Dios1a;
Tus juicios son como profundo abismob.
Tú preservas, oh Señor, al hombre y al animalc.
7 ¡Cuán preciosa es, oh Dios, Tu misericordiaa!
Por eso los hijos de los hombres se refugian a la sombra de Tus alasb.
8 Se sacian de la abundancia de Tu casaa,
Y les das a beber del río de Tus deliciasb.
9 Porque en Ti está la fuente de la vidaa;
En Tu luz vemos la luz.
10 Continúa Tu misericordia para con los que te conocena,
Y Tu justicia para con los rectos de corazónb.
11 Que no me alcance el pie del orgullo,
Ni me mueva la mano de los impíos.
12 Allí han caído los que obran iniquidad;
Han sido derribados y no se pueden levantara.
El justo y el problema del mal
Salmo de David.
1 No te irrites a causa de los malhechoresa;
No tengas envidia de los que practican la iniquidadb.
2 Porque como la hierba pronto se secarána
Y se marchitarán como la hierba verdeb.
3 Confía en el Señor, y haz el biena;
Habita en la tierrab, y cultiva la fidelidadc.
4 Pon tu delicia en el Señora,
Y Él te dará las peticiones de tu corazónb.
5 Encomienda al Señor tu caminoa,
Confía en Él, que Él actuará;
6 Hará resplandecer tu justicia como la luza,
Y tu derecho1 como el mediodíab.
7 Confía callado en el Señora y espera en Él con pacienciab;
No te irritesc a causa del que prospera en su caminod,
Por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.
8 Deja la ira y abandona el furora;
No te irrites, solo harías lo malo.
9 Porque los malhechores serán exterminadosa,
Pero los que esperan en el Señor poseerán la tierrab.
10 Un poco más y no existirá el impíoa;
Buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allíb.
11 Pero los humildes poseerán la tierraa
Y se deleitarán en abundante prosperidad1b.
12 El impío trama contra el justoa,
Y contra él rechina sus dientesb.
13 El Señor se ríe de éla,
Porque ve que su día se acercab.
14 Los impíos han sacado la espada y entesado el arcoa
Para abatir al afligido y al necesitadob,
Para matar a los de recto procederc.
15 Su espada les atravesará su propio corazón,
Y sus arcos serán quebradosa.
16 Mejor es lo poco del justoa
Que la abundancia de muchos impíos.
17 Porque los brazos de los impíos serán quebradosa,
Pero el Señor sostiene a los justosb.
18 El Señor conoce los días de los íntegrosa,
Y su herencia será perpetuab.
19 No serán avergonzados en el tiempo malo,
Y en días de hambre se saciarána.
20 Pero los impíos perecerána,
Y los enemigos del Señor serán como las flores1 de los prados;
Desaparecen, se desvanecen como el humob.
21 El impío pide prestado y no paga,
Pero el justo es compasivo y daa.
22 Porque los que son bendecidos por el Señor poseerán la tierraa,
Pero los maldecidos por Él serán exterminadosb.
23 Por el Señor son ordenados1 los pasos del hombrea,
Y el Señor se deleita en su caminob.
24 Cuando caiga, no quedará derribadoa,
Porque el Señor sostiene su manob.
25 Yo fui joven, y ya soy viejo,
Y no he visto al justo desamparadoa,
Ni a su descendencia mendigando panb.
26 Todo el día es compasivo y prestaa,
Y su descendencia es para bendiciónb.
27 Apártate del mal y haz el biena,
Y tendrás morada para siempreb.
28 Porque el Señor ama la justiciaa,
Y no abandona a Sus santosb;
Ellos son preservados para siemprec,
Pero la descendencia de los impíos será exterminadad.
29 Los justos poseerán la tierraa,
Y para siempre morarán en ella.b
30 La boca del justo profiere sabiduríaa
Y su lengua habla rectitudb.
31 La ley de su Dios está en su corazóna;
No vacilan sus pasosb.
32 El impío acecha al justoa
Y procura matarlob.
33 El Señor no dejará al justo en sus manosa,
Ni permitirá que lo condenen cuando sea juzgadob.
34 Espera en el Señora y guarda Su camino,
Y Él te exaltará para que poseas la tierra.
Cuando los impíos sean exterminados, tú lo verásb.
35 He visto al impío, violentoa,
Extenderse como frondoso árbol en su propio suelob.
36 Luego pasó, y ya no estabaa;
Lo busqué, pero no se pudo encontrar.
37 Observa al que es íntegroa, mira al que es rectob;
Porque el hombre de paz tendrá descendenciac.
38 Pero los transgresores serán destruidos a unaa;
La posteridad de los impíos será exterminadab.
39 Pero la salvación de los justos viene del Señora;
Él es su fortaleza en el tiempo de la angustiab.
40 El Señor los ayuda y los libraa;
Los libra de los impíos y los salvab,
Porque en Él se refugianc.
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| 1 | O montes poderosos. |
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| 1 | O tu justa causa. |
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| 1 | O paz. |
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| 1 | Lit. la hermosura. |
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| 1 | O afirmados. |
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