Estudio bíblico Logos

Romanos 8:3–8

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Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carnea, Dios lo hizob: enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carnec,

para que el requisito de la leya se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritub.

Porque los que viven1 conforme a la carnea, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritub.

Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paza.

La mente puesta en la carne es enemiga de Diosa, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo,

y los que están en la carnea no pueden agradar a Dios.

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Notas al pie

  1. 1 son.

Referencias cruzadas

  1. aRom. 7:18, 19; Heb. 7:18
  2. bHech. 13:39; Heb. 10:1 y
  3. cFil. 2:7; Heb. 2:14, 17; 4:15
  4. aLuc. 1:6; Rom. 2:26
  5. bGál. 5:16, 25
  6. aGál. 5:19–21
  7. bGál. 5:22–25
  8. aRom. 6:21; 8:13; Gál. 6:8
  9. aSant. 4:4
  10. aRom. 7:5