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Nehemías 8–9
8 Todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguasa, y pidieron al escriba Esdrasb que trajera el libro de la ley de Moisés que el Señor había dado a Israelc.
2 Entonces el sacerdote Esdras trajo la leya delante de la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían entender lo que oían. Era el primer día del mes séptimob.
3 Y leyó en el libro frente a la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguasa, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.
4 El escriba Esdras estaba sobre un estrado de madera que habían hecho para esta ocasión. Junto a él, a su derecha, estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías; y a su izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam.
5 Esdras abrió el libro a la vista de todo el puebloa, pues él estaba en un lugar más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso en pieb.
6 Entonces Esdras bendijo al Señor, el gran Dios. Y todo el pueblo respondió: «¡Amén, Aména!», mientras alzaban las manos. Después se postraron y adoraron al Señor rostro en tierrab.
7 También Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán, Pelaías, y los levitas, explicaban la ley al pueblo mientras el pueblo permanecía en su lugar.
8 Y leyeron en el libro de la ley de Dios, interpretándolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura.
9 Entonces Nehemías, que era el gobernadora, y Esdras, el sacerdote y escribab, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este día es santo para el Señor su Diosc; no se entristezcan, ni lloren». Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la leyd.
10 También les dijo: «Vayan, coman de la grasa, beban de lo dulce, y manden raciones a los que no tienen nada preparadoa; porque este día es santo para nuestro Señor. No se entristezcan, porque la alegría del Señor es la fortaleza de ustedes».
11 Los levitas calmaron a todo el pueblo diciéndole: «Callen, porque el día es santo, no se entristezcan».
12 Entonces todo el pueblo se fue a comer, a beber, a mandar porcionesa y a celebrar una gran fiesta, porque comprendieron las palabras que les habían enseñadob.
13 Al segundo día los jefes de casas paternas de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron junto al escriba Esdras para entender las palabras de la ley.
14 Y encontraron escrito en la ley que el Señor había mandado por medio de Moisés que los israelitas habitaran en tabernáculos1 durante la fiesta del mes séptimoa.
15 Así que ellos dieron a conocer esta proclamaa en todas sus ciudades y en Jerusalénb: «Salgan al monte y traigan ramas de olivo, ramas de olivo silvestre, ramas de mirto, ramas de palmera y ramas de otros árboles frondosos, para hacer tabernáculos, como está escritoc».
16 El pueblo salió y trajeron las ramas y se hicieron tabernáculos, cada uno en su terradoa, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguasb y en la plaza de la puerta de Efraínc.
17 Toda la asamblea de los que habían regresado de la cautividad hicieron tabernáculos y habitaron en ellos. Los israelitas ciertamente no habían hecho de esta manera desde los días de Josué, hijo de Nun, hasta aquel díaa. Y hubo gran regocijob.
18 Esdras leyó del libro de la ley de Diosa cada día, desde el primer día hasta el último día. Celebraron la fiesta siete días, y al octavo día hubo una asamblea solemne según lo establecidob.
9 El día veinticuatro de ese mesa se congregaron los israelitas en ayunob, vestidos de cilicio y con polvo sobre síc.
2 Y los descendientes de Israel se separaron de todos los extranjerosa, y se pusieron en pie, confesando sus pecados y las iniquidades de sus padresb.
3 Puestos de pie, cada uno en su lugara, una cuarta parte del día estuvieron leyendo en el libro de la ley del Señor su Dios, y otra cuarta parte, estuvieron confesando y adorando al Señor su Dios.
4 Y sobre el estrado de los levitas se levantaron Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bania y Quenani, y clamaron en alta voz al Señor su Dios.
5 Entonces los levitas, Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías, dijeron: «Levántense, bendigan al Señor su Dios por siempre y para siempre.
Sea bendito Tu glorioso nombre
Y exaltado sobre toda bendición y alabanza.
6 »Sólo Tú eres el Señora.
Tú hiciste los cielos,
Los cielos de los cielos con todo su ejército,
La tierra y todo lo que en ella hayb,
Los mares y todo lo que en ellos hay.
Tú das vida a todos ellosc
Y el ejército de los cielos se postra ante Ti.
Que escogiste a Abrama,
Lo sacaste de Ur de los caldeosb
Y le diste por nombre Abrahamc.
8 »Hallaste fiel su corazón delante de Ti,
E hiciste con él un pacto
Para darle la tierra del cananeo,
Del hitita, del amorreo,
Del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo,
Para darla a su descendenciaa.
Y has cumplido Tu palabrab, porque eres justo.
9 »Tú viste la aflicción de nuestros padres en Egiptoa,
Y escuchaste su clamor junto al Mar Rojo1b.
10 »Entonces hiciste señales y maravillas contra Faraóna,
Contra todos sus siervos y contra todo el pueblo de su tierra;
Pues supiste que ellos los trataban con soberbia,
Y te hiciste un nombreb como el de hoy.
11 »Dividiste el mar delante de ellosa,
Y pasaron por medio del mar sobre tierra firme;
Y echaste en los abismos a sus perseguidores,
Como a una piedra en aguas turbulentasb.
12 »Con columna de nube los guiaste de día,
Y con columna de fuego de noche,
Para alumbrarles el camino
En que debían andara.
13 »Luego bajaste sobre el monte Sinaía,
Y desde el cielo hablaste con ellosb;
Les diste ordenanzas justas y leyes verdaderas,
Estatutos y mandamientos buenosc.
14 »Les hiciste conocer Tu santo día de reposoa,
Y les entregaste mandamientos, estatutos y la ley
Por medio de Tu siervo Moisés.
15 »Les proveíste pan del cielo para su hambrea,
Les sacaste agua de la peña para su sedb,
Y les dijiste que entraran a poseer
La tierra que Tú habías jurado darlesc.
16 »Pero ellos, nuestros padres, obraron con soberbiaa,
Fueron tercos1 y no escucharon Tus mandamientosb.
Y no se acordaron de las maravillas que hiciste entre ellosa;
Fueron tercos y eligieron un jefe para volver a su esclavitud en Egipto1b.
Pero Tú eres un Dios de perdón,
Clemente y compasivo,
Lento para la ira y abundante en misericordiac,
Y no los abandonaste.
18 »Ni siquiera cuando hicieron
Un becerro de metal fundido
Y dijeron: “Este es tu Dios
Que te sacó de Egipto”,
Y cometieron grandes blasfemiasa,
Tú no los abandonaste en el desiertoa.
La columna de nube no los dejó de día
Para guiarlos en el camino,
Ni la columna de fuego de noche para alumbrarles el camino por donde debían andarb.
20 »Y diste Tu buen Espíritu para instruirlesa;
No retiraste Tu maná de su boca,
Y les diste agua para su sed.
21 »Por cuarenta años proveíste para ellos en el desierto y nada les faltóa,
Sus vestidos no se gastaron ni se hincharon sus pies.
22 »También les diste reinos y pueblos,
Y se los repartiste con sus límites.
Tomaron posesión de la tierra de Sehón, rey1 de Hesbón,
Y la tierra de Og, rey de Basána.
23 »Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cieloa,
Y los llevaste a la tierra
Que habías dicho a sus padres que entraran a poseerla.
24 »Así que entraron los hijos y poseyeron la tierraa.
Y Tú sometiste delante de ellos a los habitantes de la tierra, a los cananeos,
Y los entregaste en su mano, con sus reyes y los pueblos de la tierra,
Para hacer con ellos como quisieranb.
25 »Capturaron ciudades fortificadasa y una tierra fértilb.
Tomaron posesión de casas llenas de toda cosa buena,
Cisternas excavadas, viñas y olivares,
Y árboles frutales en abundanciac.
Comieron, se saciaron, engordarond
Y se deleitaron en tu gran bondade.
26 »Pero fueron desobedientes y se rebelaron contra Tia,
Echaron Tu ley a sus espaldasb,
Mataron a Tus profetasc que los amonestaban1
Para que se volvieran a Tid;
Y cometieron grandes blasfemias2e.
27 »Entonces los entregaste en mano de sus enemigos, que los oprimierona;
Pero en el tiempo de su angustia clamaron a Ti,
Y Tú escuchaste desde el cielo, y conforme a Tu gran compasiónb
Les diste libertadores que los libraron de mano de sus opresoresc.
28 »Pero cuando tenían descansoa, volvían a hacer lo malo delante de Ti;
Por tanto, Tú los abandonabas en mano de sus enemigos para que los dominaran.
Cuando clamaban de nuevo a Ti, Tú oías desde el cielo
Y muchas veces los rescataste conforme a Tu compasiónb.
29 »Los amonestaste para que volvieran a Tu leya,
Pero ellos obraron con soberbia y no escucharon Tus mandamientosb, sino que pecaron contra Tus ordenanzas,
Las cuales si el hombre las cumple, por ellas vivirác.
Dieron la espalda en rebeldía, fueron tercos y no escucharond.
30 »Sin embargo, Tú fuiste paciente con ellos por muchos añosa,
Y los amonestasteb con Tu Espírituc por medio de Tus profetas,
Pero no prestaron oído.
Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras.
31 »Pero en Tu gran compasión no los
exterminastea ni los abandonaste,
Porque Tú eres un Dios clemente y compasivo.b
32 »Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, poderoso y temible, que guardas el pacto y la misericordiaa,
No parezca insignificante ante Ti toda la aflicción
Que nos ha sobrevenido, a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo Tu pueblo,
Desde los días de los reyes de Asiriab hasta el día de hoy.
33 »Pero Tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros,
Porque Tú has obrado fielmentea,
Pero nosotros, perversamente.
34 »Nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no han observado Tu ley
Ni han hecho caso a Tus mandamientos ni a Tus amonestaciones1 con que los amonestabas2.
35 »Pero ellos en su propio reino,
Con los muchos …
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| b | Lit. mar de Cañas. |
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| b | Lit. endurecieron su cerviz. |
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| d | O les testificaban. |
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| e | Lit. provocaciones. |
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| 2 | Lit. testimonios. |
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