Nehemías 5–6
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Poner fin a la usura
Y hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíosa.
Había quienes decían: «Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas somos muchos; por tanto, que se nos dé trigo para que comamos y vivamosa».
Había otros que decían: «Nosotros tenemos que empeñar nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas para conseguir grano, a causa del hambre».
También había otros que decían: «Hemos pedido dinero prestado para el impuesto del rey sobre nuestros campos y nuestras viñasa.
»Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanosa, y nuestros hijos como sus hijos. Sin embargo, estamos obligando a nuestros hijos y a nuestras hijas a que sean esclavos, y algunas de nuestras hijas ya están sometidas a servidumbreb, y no podemos hacer nada porque nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros».
Entonces me enojéa en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras.
Se rebeló mi corazón dentro de mí, y reprendí a los nobles y a los oficiales y les dije: «Ustedes están cobrando en exceso cada uno a su hermanoa». Por tanto congregué contra ellos una gran asamblea.
Y les dije: «Nosotros, conforme a nuestras posibilidades, hemos redimido a nuestros hermanos judíos que fueron vendidos a las nacionesa; y ahora, ¿venderían ustedes aun a sus hermanos para que sean vendidos a nosotros?». Ellos se quedaron callados y no hallaron respuesta que dar.
Agregué además: «No está bien lo que hacen. ¿No deben andar en el temor de nuestro Dios a causa del oprobio de las nacionesa enemigas nuestras?
»También yo y mis hermanos y mis siervos les hemos prestado dinero y grano. Les ruego, pues, que abandonemos esta usura.
»Les ruego que hoy mismo les devuelvan sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas; también la centésima parte del dinero y del grano, del vino nuevo y del aceite que están exigiendo de ellos».
Entonces ellos dijeron: «Lo devolveremosa y no les exigiremos nadab; haremos tal como has dicho». Así que llamé a los sacerdotes y les hice jurar que harían conforme a esta promesac.
También sacudí los pliegues de mi mantoa y dije: «Así sacuda Dios de su casa y de sus bienes a todo hombre que no cumpla esta promesa; así sea sacudido y despojado». Y toda la asamblea dijo: “¡Amén!». Y alabaron al Señorb. Entonces el pueblo hizo conforme a esta promesa.
Además, desde el día en que el rey me mandó que fuera gobernador en la tierra de Judá, desde el año veintea hasta el año treinta y dos del rey Artajerjesb, doce años, ni yo ni mis hermanos hemos comido del pan del gobernador.
Pero los gobernadores anteriores que me precedieron gravaban al pueblo y tomaban de ellos 40 siclos (456 gramos) de plata además del pan y del vino; también sus sirvientes oprimían al pueblo. Pero yo no hice así, a causa del temor de Diosa.
También yo me dediqué a la obra en esta muralla; y no compramos ningún terreno, y todos mis siervos estaban reunidos allí para la obra.
Había a mi mesa 150 judíos y oficiales, sin contar los que vinieron a nosotros de las naciones que nos rodeabana.
Lo que se preparaba para cada día era un buey y seis ovejas escogidas, también eran preparadas aves para mía; cada diez días se proveía en abundancia toda clase de vino. Y con todo esto, no reclamé el pan del gobernador, porque la servidumbre era pesada sobre este pueblob.
Acuérdate de mí, Dios mío, para bien, conforme a todo lo que he hecho por este puebloa.
Conspiración contra Nehemías
Cuando se les informó a Sanbalat, a Tobías, a Gesem el árabe y a los demás enemigos nuestros que yo había reedificado la muralla y que no quedaba ninguna brecha en ella (aunque en aquel tiempo yo no había asentado todavía las hojas en las puertasa),
Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: «Ven, reunámonos en Quefirim en el llano de Onoa». Pero ellos tramaban hacerme daño.
Y les envié mensajeros, diciéndoles: «Yo estoy haciendo una gran obra y no puedo descender. ¿Por qué ha de detenerse la obra mientras la dejo y desciendo a ustedes?».
Cuatro veces me enviaron mensajes en la misma forma, y en cada ocasión yo les respondí de la misma manera.
Entonces Sanbalat, por quinta vez, me envió su siervo en la misma forma, con una carta abierta en su mano.
En ella estaba escrito: «Se ha oído entre las naciones, y Gasmu dice, que tú y los judíos están tramando rebelarsea; por eso reedificas la muralla. Y según estos informes tú vas a ser su rey.
»También has puesto profetas para anunciar en Jerusalén en cuanto a ti: “Un rey está en Judá”. Y ahora llegarán a oídos del rey estos informes. Ahora pues, ven, consultemos juntos».
Entonces le envié un mensaje, diciéndole: «No han sucedido esas cosas que tú dices, sino que las estás inventando en tu corazóna».
Porque todos ellos querían atemorizarnos, pensando: «Ellos se desanimarán con la obra y no será hecha». Pero ahora, oh Dios, fortalece mis manosa.
Cuando yo entré en casa de Semaías, hijo de Delaía, hijo de Mehetabel, que estaba encerrado allía, él dijo: «Reunámonos en la casa de Dios, dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen a matarte, vienen de noche a matarte».
Pero yo dije: «¿Huir un hombre como yoa? ¿Y acaso uno como yo entraría al templo para salvar su vida? No entraré».
Entonces me di cuenta de que ciertamente Dios no lo había enviado, sino que había dicho su profecía contra mí porque Tobías y Sanbalat le habían pagado.
Le pagaron por esta razón: para que yo me atemorizara y obrara de esa manera y pecara, y así ellos tuvieran un mal informe de mía y pudieran reprocharme.
Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat conforme a estas obras suyasa, también de la profetisa Noadíasb y de los demás profetas que estaban atemorizándome.
La muralla fue terminada el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos díasa.
Cuando se enteraron todos nuestros enemigosa y lo vieron todas las naciones que estaban alrededor nuestro, decayó su ánimo; porque reconocieron que esta obra había sido hecha con la ayuda de nuestro Diosb.
También en aquellos días se enviaban muchas cartas de los nobles de Judá a Tobías, y de Tobías venían cartas a ellos.
Porque muchos en Judá estaban unidos a él bajo juramento porque él era yerno de Secanías, hijo de Ara, y su hijo Johanán se había casado con la hija de Mesulam, hijo de Berequías.
Además, hablaban de sus buenas obras en mi presencia y a él le informaban de mis palabras. Y Tobías me enviaba cartas para atemorizarme.
Referencias cruzadas
- aLev. 25:35; Dt. 15:7
- aHag. 1:6
- aEsd. 4:13; 7:24
- aGn. 37:27
- bLev. 25:39
- aEx. 11:8
- aEx. 22:25; Lev. 25:36; Dt. 23:19, 20
- aLev. 25:48
- aNeh. 4:4
- a2 Crón. 28:15
- bNeh. 10:31
- cEsd. 10:5
- aHech. 18:6
- bNeh. 8:6
- aNeh. 1:1
- bNeh. 13:6
- aNeh. 5:9; Job 31:23
- a1 Rey. 18:19
- a1 Rey. 4:22, 23
- b2 Tes. 3:8
- aNeh. 13:14, 22, 31
- aNeh. 3:1, 3
- a1 Crón. 8:12
- aNeh. 2:19
- aJob 13:4; Sal. 52:2
- aSal. 138:3
- aJer. 36:5
- aPrv. 28:1
- aNeh. 6:6
- aNeh. 13:29
- bEzq. 13:17
- aNeh. 4:1, 2
- aNeh. 2:10; 4:1, 7
- bEx. 14:25
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