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Marcos 4–15
4 aComenzó Jesús a enseñar de nuevo junto al mar; y se llegó1 a Él una multitud tan grandeb que tuvo que subirse a una barcac que estaba en el mar, y se sentó; y toda la multitud estaba en tierra a la orilla del mar.
2 Les enseñaba muchas cosas en parábolasa, y les decía en Su enseñanza:
3 «Escuchen: El sembrador salió a sembrar;
4 y al sembrar, una parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron.
5 »Otra parte cayó en un pedregal donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó por no tener profundidad de tierra.
6 »Pero cuando salió el sol, se quemó, y por no tener raíz, se secó.
7 »Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.
8 »Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno».
9 Y añadió: «El que tiene oídos para oír, que oigaa».
10 Cuando Jesús se quedó solo, Sus seguidores1 junto con los doce Le preguntaban sobre las parábolas.
11 «A ustedes les ha sido dado el misterio del reino de Dios», les decía, «pero los que están afueraa reciben todo en parábolasb;
12 para que viendo, vean pero no perciban, y oyendo, oigan pero no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonadosa».
13 aTambién les dijo*: «¿No entienden esta parábola? ¿Cómo, pues, comprenderán todas las otras parábolas?
14 »El sembrador siembra la palabra.
15 »Estos que están junto al camino donde se siembra la palabra, son aquellos que en cuanto la oyen, al instante viene Satanása y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos.
16 »Y de igual manera, estos en que se sembró la semilla en pedregales son los que al oír la palabra enseguida la reciben con gozo;
17 pero no tienen raíz profunda en sí mismos, sino que solo son temporales. Entonces, cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, enseguida se apartan de ella1.
18 »Otros son aquellos en los que se sembró la semilla entre los espinos; estos son los que han oído la palabra,
19 pero las preocupaciones del mundo1, y el engaño de las riquezas, y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra, y se vuelve estérila.
20 »Y otros son aquellos en que se sembró la semilla en tierra buena; los cuales oyen la palabra, la aceptan y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por unoa».
21 También Jesús les decía: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de una vasija o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candeleroa?
22 »Porque nada hay oculto, si no es para que sea manifestado; ni nada ha estado en secreto, sino para que salga a la luza.
23 »Si alguno tiene oídos para oír, que oigaa».
24 Además les decía: «Cuídense de lo que oigan. Con la medida con que ustedes midan, se les mediráa, y aun más se les dará.
25 »Porque al que tiene, se le dará más, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitaráa».
Parábola del crecimiento de la semilla
26 Jesús decía también: «El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierraa,
27 y se acuesta1 de noche y se levanta de día, y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe.
28 »La tierra produce fruto por sí misma; primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro1 en la espiga.
29 »Y cuando el fruto lo permite, él enseguida mete1 la hoza, porque ha llegado el tiempo de la siega».
30 aTambién Jesús decía: «¿A qué compararemos el reino de Diosb, o con qué parábola lo describiremos?
31 »Es como un grano de mostaza, el cual, cuando se siembra en la tierra, aunque es más pequeño que todas las semillas que hay en la tierra,
32 sin embargo, después de sembrado, crece y llega a ser más grande que todas las hortalizas y echa grandes ramas, tanto que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombraa».
33 Con muchas parábolas como estas Jesús les hablaba la palabra, según podían oírla;
34 y sin parábolas1a no les hablaba, pero lo explicabab todo en privado a Sus propios discípulos.
35 aEse mismo día, caída ya la tarde, Jesús les dijo*: «Pasemos al otro lado».
36 Despidiendo1 a la multitud, lo llevaron* con ellos en la barcaa, como estaba; y había otras barcas con Él.
37 Pero se levantó* una violenta tempestad1, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya la barca se llenaba de agua.
38 Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre una almohadilla; entonces lo despertaron* y le dijeron*: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
39 Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: «¡Cálmate1, sosiégate2». Y el viento cesó, y sobrevino una gran calmaa.
40 Entonces les dijo: «¿Por qué están atemorizados? ¿Cómo no tienen fea?».
41 Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: «¿Quién, pues, es Este que aun el viento y el mar le obedecen?»
5 aLlegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos1.
2 Cuando Jesús salió de la barcaa, enseguida se acercó a Él, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundob,
3 que tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía ya atarlo ni aun con cadenas;
4 porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo.
5 Siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras.
6 Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de Él;
7 y gritando a gran voz, dijo*: «¿Qué tengo yo que ver contigo1, Jesús, Hijo del Diosa Altísimob? Te imploro por Dios que no me atormentesc»
8 Porque Jesús le decía: «Sal del hombre, espíritu inmundo».
9 «¿Cómo te llamas?», le preguntó Jesús. «Me llamo Legióna», respondió*, «porque somos muchos».
10 Le rogaba entonces con insistencia que no los enviara fuera de la tierra.
11 Había allí una gran manada de cerdos paciendo junto al monte.
12 Y los demonios le rogaron, diciendo: «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos»
13 Jesús les dio permiso. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la manada, unos 2,000, se precipitó por un despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron1.
14 Los que cuidaban los cerdos1 huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y la gente vino a ver qué era lo que había sucedido.
15 Vinieron* a Jesús, y vieron* al que había estado endemoniadoa, sentado, vestidob y en su cabal juicio, el mismo que había tenido la legiónc; y tuvieron miedod.
16 Los que lo habían visto les describieron cómo le había sucedido esto al endemoniadoa, y lo de los cerdos.
17 Y comenzaron a rogar a Jesús que se fuera de su regióna.
18 aAl entrar Él en la barca, el que había estado endemoniadob le rogaba que lo dejara ir con Él1.
19 Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo*: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas1 el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de tia».
20 Y él se fue, y empezó a proclamar en Decápolisa cuán grandes cosas1 Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.
21 Cuando Jesús pasó otra veza en la barcab al otro lado, se reunió una gran multitud alrededor de Él; así que Él se quedó1 junto al marc.
22 aY vino uno de los oficiales1 de la sinagogab, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró* a Sus pies,
23 y le rogaba* con insistencia: «Mi hijita está al borde de la muerte; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ellaa para que sane1 y viva»
24 Jesús fue con él; y una gran multitud lo seguía y oprimía.
25 Había una mujer que padecía de flujo de sangre por doce años.
26 Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado.
27 Cuando ella oyó hablar de Jesús, se llegó a Él por detrás entre la multitud y tocó Su manto.
28 Porque decía1: «Si tan solo toco Sus ropas, sanaré2»
29 Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su afliccióna.
30 Enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de Éla, volviéndose entre la gente, dijo: «¿Quién ha tocado Mi ropa?».
31 Y Sus discípulos le dijeron: «Ves que la multitud te oprime, y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».
32 Pero Él miraba a su alrededor para ver a la mujer que lo había tocado1.
33 Entonces la mujer, temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad.
34 «Hija, tu fe te ha sanado1a», le dijo Jesús; «vete en pazb y queda sana de tu aflicciónc».
Jesús resucita a la hija de Jairo
35 Mientras Él estaba todavía hablando, vinieron* unos enviados de la casa del oficial de la sinagogaa, diciendo: «Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro?».
36 Pero Jesús, oyendo lo que se hablaba, dijo* al oficial de la sinagogaa: «No temas, cree solamente1b».
37 Y no permitió que nadie fuera con Él sino solo Pedro, Jacobo1 y Juan, hermano de Jacoboa.
38 Fueron* a la casa del oficial de la sinagogaa, y Jesús vio* el alboroto, y a los que lloraban y se lamentaban mucho.
39 Cuando entró les dijo*: «¿Por qué hacen alboroto y lloran? La niña no ha muerto, sino que está dormida».
40 Y se burlaban de Él. Pero echando fuera a todos, Jesús tomó* consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con Él, y entró* donde estaba la niña.
41 Tomando a la niña por la mano, le dijo*: «Talita cum», que traducido significa: «Niña, a ti te digo, ¡levántatea!».
42 Al instante la niña se levantó y comenzó a caminar, pues tenía doce años. Y al momento todos se quedaron completamente atónitos.
43 Entonces les dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de estoa; y dijo que le dieran de comer a la niña1.
6 aJesús se marchó de allí y llegó* a Su pueblob, y Sus discípulos lo siguieron*.
2 Cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagogaa; y muchos que escuchaban se asombrabanb, diciendo: «¿Dónde obtuvo Este tales1 cosas, y cuál es esta sabiduría que le ha sido dada, y estos milagros2 que hace con Sus manos?
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| 1 | Lit. se reúne. |
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| a | |
| 1 | Lit. los que estaban a su derredor. |
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| 1 | Lit. se les hace tropezar. |
| 1 | O siglo. |
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| a | |
| 1 | Lit. Y duerme. |
| 1 | O lleno. |
| 1 | Lit. envía. |
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| 1 | Lit. sin una parábola. |
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| 1 | Lit. Dejando. |
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| 1 | Lit. tempestad de viento. |
| 1 | Lit. Calla. |
| 2 | Lit. enmudece. |
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| a | |
| 1 | Otros mss. dicen: guerasenos, o, guerguesenos. |
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| 1 | Lit. ¿Qué a mí y a ti. |
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| 1 | Lit. se ahogaban. |
| 1 | Lit. Y los que los cuidaban. |
| a | |
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| c | |
| d | |
| a | |
| a | |
| a | |
| b | |
| 1 | Lit. para que estuviera con Él. |
| 1 | O todo lo que. |
| a | |
| a | |
| 1 | O todo lo que. |
| a | |
| b | |
| 1 | Lit. estaba. |
| c | |
| a | |
| 1 | O principales, y así en el resto del cap. |
| b | |
| a | |
| 1 | Lit. se salve. |
| 1 | O pensaba. |
| 2 | Lit. seré salva. |
| a | |
| a | |
| 1 | Lit. había hecho esto. |
| 1 | Lit. salvado. |
| a | |
| b | |
| c | |
| a | |
| a | |
| 1 | O sigue creyendo. |
| b | |
| 1 | O Santiago. |
| a | |
| a | |
| a | |
| a | |
| 1 | Lit. ella. |
| a | |
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| a | |
| b | |
| 1 | Lit. estas. |
| 2 | O hechos poderosos. |
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