Lucas 10:13–37
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»¡aAy de ti Corazín! ¡Ay de ti Betsaida! Porque si los milagros1 que se hicieron entre ustedes hubieran sido hechos en Tiro y Sidón, hace tiempo que se hubieran arrepentido sentados en cilicio y cenizab.
»Por eso, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidóna que para ustedes.
»Y tú, Capernaúma, ¿acaso serás elevada hasta los cielos? ¡Hasta el Hades1 serás hundidab!
»El que a ustedes escucha, me escucha a Mía, y el que a ustedes rechaza, me rechaza a Mí; y el que me rechaza a Mí, rechaza al que me enviób».
Regreso de los setenta
Los setenta1 regresaron con gozo, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos sujetan en Tu nombrea».
Y Él les dijo: «Yo veía a Satanása caer del cielo como un rayo.
»Miren, les he dado autoridad para pisotear sobre serpientesa y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada les hará daño.
»Sin embargo, no se regocijen en esto, de que los espíritus se les sometan, sino regocíjense de que sus nombres están escritos en los cielosa».
Jesús se regocija
aEn aquella misma hora Jesús se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de Tu agrado.
»Todas las cosas me han sido entregadasa por Mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijob, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
aVolviéndose hacia los discípulos, les dijo aparte: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven;
porque les digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron».
Pregunta sobre la vida eterna
aCierto intérprete de la ley1 se levantó, y para poner2 a prueba a Jesúsb dijo: «Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Y Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué1 lees en ella?».
Respondiendo él, dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismoa».
Entonces Jesús le dijo: «Has respondido correctamente; haz esto y vivirása.”
Pero queriendo él justificarse a sí mismoa, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
Parábola del buen samaritano
Jesús le respondió: «Cierto hombre bajaba de Jerusaléna a Jericó, y cayó en manos de salteadores, los cuales después de despojarlo y de darle golpes, se fueron, dejándolo medio muerto.
»Por casualidad cierto sacerdote bajaba por aquel camino, y cuando lo vio, pasó por el otro lado del camino.
»Del mismo modo, también un levita, cuando llegó al lugar y lo vio, pasó por el otro lado del camino.
»Pero cierto samaritanoa, que iba de viaje, llegó adonde él estaba; y cuando lo vio, tuvo compasión.
»Acercándose, le vendó sus heridas, derramando aceite y vino sobre ellas; y poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un mesón y lo cuidó.
»Al día siguiente, sacando dos denarios1 se los dio al mesonero, y dijo: “Cuídelo, y todo lo demás que gaste, cuando yo regrese se lo pagaré”.
»¿Cuál de estos tres piensas tú que demostró ser prójimo del que cayó en manos de los salteadores?».
El intérprete de la ley respondió: «El que tuvo misericordia de él». «Ve y haz tú lo mismo», le dijo Jesús.
Footnotes
Cross references
- aLuc. 10:13–15: Mat. 11:21–23
- bIsa. 23:1–18; Ezq. 26:1–28:26; Joel 3:4–8; Mat. 11:21; Apoc. 11:3
- aMat. 11:21
- aMat. 4:13
- bIsa. 14:13–15; Mat. 11:23
- aMat. 10:40; Mar. 9:37; Luc. 9:48; Juan 13:20; Gál. 4:14
- bJuan 12:48; 1Tes. 4:8
- aMar. 16:17
- aMat. 4:10
- aSal. 91:13; Mar. 16:18
- aEx. 32:32; Sal. 69:28; Isa. 4:3; Ezq. 13:9; Dan. 12:1; Fil. 4:3; Heb. 12:23; Apoc. 3:5; 13:8; 17:8; 20:12, 15; 21:27
- aLuc. 10:21, 22: Mat. 11:25–27
- aJuan 3:35
- bJuan 10:15
- aLuc. 10:23, 24: Mat. 13:16, 17
- aLuc. 10:25–28: Mat. 22:34–40; Mar. 12:28–31
- bMat. 19:16–19; 22:35
- aLev. 19:18; Dt. 6:5
- aLev. 18:5; Mat. 19:17
- aLuc. 16:15
- aLuc. 18:31; 19:28
- aMat. 10:5; Luc. 9:52
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