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Lucas 18–22
Parábola de la viuda y el juez injusto
18 Jesús les contó una parábola para enseñarles que ellos debían orara en todo tiempo, y no desfallecerb:
2 «Había en cierta ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a hombre algunoa.
3 »También había en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él constantemente, diciendo: “Hágame usted justicia de mi adversario”.
4 »Por algún tiempo el juez no quiso, pero después dijo para sí: “Aunque ni temo a Dios, ni respeto a hombre algunoa,
5 sin embargo, porque esta viuda me molestaa, le haré justicia; no sea que por venir continuamente me agote la paciencia1b”».
6 El Señora dijo: «Escuchen lo que dijo* el juez injusto.
7 »¿Y no hará Dios justiciaa a Sus escogidosb, que claman a Él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?1c
8 »Les digo que pronto les hará justicia. No obstante, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe1a en la tierra?».
Parábola del fariseo y el publicano
9 Dijo también Jesús esta parábola a unos que confiaban en sí mismosa como justos, y despreciaban a los demásb:
10 «Dos hombres subieron al templo a orara; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos* .
11 »El fariseo puesto en pie, orabaa para sí de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos.
12 ”Yo ayunoa dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que ganob”.
13 »Pero el recaudador de impuestos, de piea y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielob, sino que se golpeaba el pechoc, diciendo: “Dios, ten piedad de1 mí, pecador”.
14 »Les digo que este descendió a su casa justificado pero aquel no; porque todo el que se engrandece será humillado, pero el que se humilla será engrandecidoa».
15 aY traían a Jesús aun a los niños muy pequeños para que los tocara. Al ver esto los discípulos, los reprendían.
16 Pero Jesús, llamándolos a su lado, dijo: «Dejen que los niños vengan a Mí, y no se lo impidan, porque de los que son como estos1 es el reino de Dios.
17 »En verdad les digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en éla».
18 aCierto hombre prominente1 le preguntó a Jesús: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
19 Jesús le respondió: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo uno, Dios.
20 »Tú sabes los mandamientos: “No cometas adulterio, no mates, no hurtes, no des falso testimonio, honra a tu padre y a tu madrea”».
21 «Todo esto lo he guardado desde mi juventud», dijo el hombre.
22 Cuando Jesús oyó esto, le dijo: «Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielosa; y ven, síguemeb».
23 Pero al oír esto, se puso muy triste, pues era sumamente rico.
24 Mirándolo Jesús, dijo: «¡Qué difícil es que entren en el reino de Dios los que tienen riquezasa!
25 »Porque es más fácil que un camello pase1 por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Diosa».
26 Los que oyeron esto, dijeron: «¿Y quién podrá salvarse?»
27 «Lo imposible para los hombres es posible para Diosa», respondió Jesús.
28 Y Pedro dijo: «Nosotros hemos dejado todo1 y te hemos seguidoa»
29 Entonces Él les contestó: «En verdad les digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres o hijos por la causa del reino de Diosa,
30 que no reciba muchas veces más en este tiempo, y en el siglo venideroa, la vida eterna».
Jesús anuncia Su muerte por tercera vez
31 aTomando aparte a los doce discípulos, Jesús les dijo: «Miren, subimos a Jerusalénb, y se cumplirán todas las cosas que están escritas por medio de los profetas acerca del Hijo del Hombrec.
32 »Pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burla, afrentado y escupidoa;
33 y lo azotarán, y después lo matarán, y al tercer día resucitará».
34 Pero ellos no comprendieron nada de esto. Este dicho les estaba encubiertoa, y no entendían lo que se les decía.
35 aAconteció que al acercarse Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigandob.
36 Al oír que pasaba una multitud, preguntaba qué era aquello.
37 Y le informaron que pasaba Jesús de Nazaret.
38 Entonces gritó: «¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mía!»
39 Y los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten misericordia de mía!»
40 Jesús se detuvo y1 ordenó que lo trajeran; y cuando estuvo cerca, le preguntó:
41 «¿Qué deseas que haga por ti?». «Señor, que recobre la vista», contestó el ciego.
42 Jesús entonces le dijo: «Recibe1 la vista, tu fe te ha sanado2a».
43 Al instante recobró la vista y lo seguía glorificando a Diosa. Cuando toda la gente vio aquello, dieron gloria a Diosb.
19 Cuando Jesús entró en Jericó, pasaba por la ciudada.
2 Y un hombre llamado1 Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos2 y era rico,
3 trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, ya que Zaqueo era de pequeña estatura.
4 Corriendo delante, se subió a un árbol sicómoro y así lo podría vera, porque Jesús estaba a punto de pasar por allí.
5 Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa».
6 Entonces él se apresuró a descender y lo recibió con gozo1.
7 Al ver esto, todos murmuraban: «Ha ido a hospedarse con1 un hombre pecador»
8 Pero Zaqueo, puesto en pie, dijo a Jesúsa: «Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudadob a alguien, se lo restituiré cuadruplicadoc»
9 «Hoy ha venido la salvación a esta casa», le dijo Jesús, «ya que él también es hijo de Abrahama;
10 porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdidoa».
11 Estando ellos oyendo estas cosas, Jesús continuó diciendo una parábola, porque Él estaba cerca de Jerusaléna y ellos pensaban que el reino de Dios iba a aparecerb de un momento a otro.
12 Por eso dijo: «aCierto hombre de familia noble fue a un país lejano a recibir un reino para sí y después volver.
13 »Llamando a diez de sus siervos, les repartió diez minas1 y les dijo: “Negocien con esto hasta que yo regrese2”.
14 »Pero sus ciudadanos lo odiaban, y enviaron una delegación tras él, diciendo: “No queremos que este reine sobre nosotros”.
15 »Y al regresar él, después de haber recibido el reino, mandó llamar a su presencia a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que habían ganado negociando1.
16 »Se presentó el primero, diciendo: “Señor, su moneda se ha multiplicado diez veces”.
17 »Y él le dijo: “Bien hecho, buen siervo, puesto que has sido fiel en lo muy pocoa, ten autoridad sobre diez ciudades”.
18 »Entonces vino el segundo, diciendo: “Su moneda, señor, se ha multiplicado cinco veces”.
19 »Dijo también a este: “Y tú vas a estar1 sobre cinco ciudades”.
20 »Y vino otro, diciendo: “Señor, aquí está su moneda, que he tenido guardada en un pañuelo;
21 pues a usted le tenía miedo, porque es un hombre exigente, que recoge lo que no depositó y siega lo que no sembró”.
22 »Él le contestó*: “Siervo inútil1, por tus propias palabras2 te voy a juzgar. ¿Sabías que yo soy un hombre exigente, que recojo lo que no deposité y siego lo que no sembré?
23 ”Entonces, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco, y al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?”.
24 »Y dijo a los que estaban presentes: “Quítenle la moneda y dénsela al que tiene las diez monedas”.
25 »Ellos le dijeron: “Señor, él ya tiene diez monedas”.
26 »Les digo, que a cualquiera que tiene, más le será dado, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitaráa.
27 »Pero a estos mis enemigos, que no querían que reinara sobre ellosa, tráiganlos acá y mátenlos delante de míb».
28 Habiendo dicho esto, Jesús iba delante, subiendo hacia Jerusaléna.
a29 Cuando se acercó a Betfagé y a Betaniab, cerca del monte que se llama de los Olivos1c, envió a dos de los discípulos,
30 diciéndoles: «Vayan a la aldea que está enfrente, en la cual, al entrar, encontrarán un pollino atado sobre el cual nunca se ha montado nadie1; desátenlo y tráiganlo.
31 »Y si alguien les pregunta: “¿Por qué lo desatan?”, de esta manera hablarán: “Porque el Señor lo necesita”».
32 Entonces los enviados fueron y lo encontraron como Él les había dicho.
33 Mientras desataban el pollino, sus dueños1 les dijeron: «¿Por qué desatan el pollino?»
34 Les respondieron: «Porque el Señor lo necesita»
35 Lo trajeron a Jesús, a y echando sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jesús sobre él.
36 Y mientras Él iba avanzando, tendían sus mantos por el camino.
37 Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivosa, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Diosb a gran voz por todas las maravillas1 que habían visto,
«¡Benditoael Rey que viene en el nombre del Señorb!
¡Paz en el cielo y gloria en las alturasc!».
39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijerona: «Maestro, reprende a Tus discípulos»
40 Pero Él respondió: «Les digo que si estos se callan, las piedras clamarána».
41 Cuando Jesús se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ellaa,
42 diciendo: «¡Si tú también hubieras sabido en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
43 »Porque sobre ti vendrán días, cuando1 tus enemigos echarán terraplén delante de tia, te sitiarán y te acosarán por todas partesb.
44 »Te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedraa, porque no conociste el tiempo de tu visitaciónb».
Jesús echa a los mercaderes del templo
45 aEntrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían,
46 diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oracióna pero ustedes la han hecho cueva de ladronesb”».
47 Jesús enseñaba diariamente en el temploa. Pero los principales sacerdotes, los escribas y los más prominentes del pueblo procuraban matar a Jesúsb;
48 y no encontraban la manera de hacerlo1, porque todo el pueblo …
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| 1 | Lit. me abofetee. |
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| 1 | O noche, y no obstante es muy paciente en cuanto a ellos? |
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| 1 | Lit. la fe. |
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| 1 | O sé propicio a. |
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| 1 | O de los tales. |
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| 1 | O principal. |
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| 1 | Lit. entre. |
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| 1 | Lit. lo nuestro. |
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| 1 | Lit. puesto en pie. |
| 1 | O Recobra. |
| 2 | Lit. salvado. |
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| 1 | Lit. de nombre llamado. |
| 2 | O publicanos; i.e. los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos. |
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| 1 | Lit. regocijándose. |
| 1 | O a ser huésped de. |
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| 1 | I.e. salario de unos mil días. |
| 2 | Lit. en lo que vengo. |
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| 1 | Lit. sé. |
| 1 | Lit. malo. |
| 2 | Lit. de tu boca. |
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| 1 | O huerto de los Olivos. |
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| 1 | Lit. hombre. |
| 1 | Lit. señores. |
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| 1 | U obras de poder. |
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| 1 | Lit. y. |
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| 1 | Lit. lo que harían. |
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