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Juan 11–12
11 Estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betaniaa, la aldea de María y de su hermana Martab.
2 María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señora con perfume y le secó los pies con sus cabellosb.
3 Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: «Señora, el que Tú amasb está enfermo»
4 Cuando Jesús lo oyó, dijo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Diosa, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella».
5 Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaroa.
6 Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
7 Luego, después de esto, dijo* a Sus discípulos: «Vamos de nuevo a Judeaa».
8 Los discípulos le dijeron*: «Rabí1a, hace poco que2 los judíos te querían apedrearb, ¿y vas allá otra vez?»
9 Jesús respondió: «¿No hay doce horas en el día? Si alguien anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundoa.
10 »Pero si alguien anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él».
11 Dijo esto, y después añadió1: «Nuestro amigo Lázaroa se ha dormidob; pero voy a despertarlo».
12 Los discípulos entonces le dijeron: «Señor, si se ha dormido, se recuperará1».
13 Jesús había hablado de la muerte de Lázaro1, pero ellos creyeron que hablaba literalmente del sueño2a.
14 Entonces Jesús, por eso, les dijo claramente: «Lázaro ha muerto;
15 y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean; pero vamos a donde está él».
16 Tomása, llamado el Dídimo1b, dijo entonces a sus condiscípulos: «Vamos nosotros también para morir con Él»
17 Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro díasa que Lázaro estaba en el sepulcro.
18 Betaniaa estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros;
19 y muchos de los judíosa habían venido a la casa de Marta y Maríab, para consolarlasc por la muerte de su hermano.
20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, lo fue a recibir, pero Maríaa se quedó sentada en casa.
21 Y1 Marta dijo a Jesús: «Señora, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muertob.
22 »Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederáa»
23 «Tu hermano resucitará», le dijo* Jesús.
24 Marta le contestó*: «Yo sé que resucitará en la resurreccióna, en el día final»
25 Jesús le contestó: «Yo soy la resurrección y la vidaa; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá,
26 y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamása. ¿Crees esto?».
27 Ella le dijo*: «Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Cristo1, el Hijo de Diosa, o sea, el que viene2 al mundob»
28 Habiendo dicho esto, Marta se fuea y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: «El Maestrob está aquí, y te llama»
29 Tan pronto como ella lo oyó, se levantó* rápidamente y fue hacia Él.
30 Porque Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta lo había encontradoa.
31 Entonces los judíos que estaban con ella en la casa consolándolaa, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieronb, suponiendo que iba al sepulcro a llorar allí.
32 Al llegar María adonde estaba Jesús, cuando lo vio, se arrojó a Sus pies, diciendo: «Señora, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muertob»
33 Y1 cuando Jesús la vio llorando, y a los judíosa que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamenteb en el espíritu, y se entristeció2c.
34 «¿Dónde lo pusieron?», preguntó Jesús. «Señor, ven y ve», le dijeron*.
35 Jesús lloróa.
36 Por eso los judíosa decían: «Miren, cómo lo amabab»
37 Pero algunos de ellos dijeron: «¿No podía Este, que abrió los ojos del ciegoa, haber evitado también que Lázaro muriera1?»
38 Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido, fue* al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ellaa.
39 «Quiten la piedra», dijo* Jesús. Marta, hermana del que había muerto, le dijo*: «Señor, ya huele mal, porque hace cuatro díasa que murió.”
40 Jesús le dijo: «¿No te dije que si crees, verás la gloria de Diosa?».
41 Entonces quitaron la piedraa. Jesús alzó los ojosb, y dijo: «Padre, te doy graciasc porque me has oído.
42 »Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multituda que me rodea, para que crean que Tú me has enviadob».
43 Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!».
44 Y el que había muerto salió, los pies y las manos atadosa con vendas, y el rostro envuelto en un sudariob. Jesús les dijo*: «Desátenlo, y déjenlo ir».
45 Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a Maríaa, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Élb.
46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseosa y les contaron lo que Jesús había hecho.
47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseosa convocaronb un concilioc, y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales1d.
48 »Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar1a y nuestra2 nación»
49 Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdotea ese añob, les dijo: «Ustedes no saben nada,
50 ni tienen en cuenta que les es más conveniente que un hombre muera por el puebloa, y no que toda la nación perezca»
51 Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa1, sino que siendo el sumo sacerdote ese añoa, profetizó que Jesús iba a morir por la nación;
52 y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidosa.
53 Así que, desde ese día planearon entre sí matar a Jesúsa.
54 Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíosa, sino que se fue de allí a la región cerca del desierto, a una ciudad llamada Efraínb; y se quedó allí con los discípulos.
55 Estaba cerca la Pascua de los judíosa, y muchos de la región subieron a Jerusalén antes de la Pascua para purificarseb.
56 Entonces buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se decían unos a otros: «¿Qué les parece? ¿Que vendrá a la fiesta o noa?»
57 Y los principales sacerdotes y los fariseosa habían dado órdenes de que si alguien sabía dónde estaba Jesús, diera aviso para que lo prendieran.
12 aEntonces Jesús, seis días antes de la Pascuab, vino a Betania donde estaba Lázaro1, al que Jesús había resucitado de entre los muertosc.
2 Y1 le hicieron una cena allí, y Martaa servía; pero Lázaro era uno de los que estaban2 a la mesa con Él.
3 Entonces María, tomando unos 300 gramos de perfume de nardo puroa que costaba mucho, ungió los pies de Jesús, y se los secó1 con los cabellosb, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.
4 Y Judas Iscariote, uno de Sus discípulos, el que lo iba a entregar1a, dijo*:
5 «¿Por qué no se vendió este perfume por 300 denarios1 y se dio a los pobres?»
6 Pero dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la bolsa del dineroa, sustraía de lo que se echaba en ellab.
7 Entonces Jesús dijo: «Déjala, para que lo guarde para el día de Mi sepultura1a.
8 »Porque a los pobres siempre los tendrán1 con ustedes; pero a Mí no siempre me tendrán1a».
Conspiración para matar a Lázaro
9 Entonces la gran multitud de judíosa se enteró de que Jesús estaba allí; y vinieron no solo por causa de Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertosb.
10 Pero los principales sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro;
11 porque por causa de éla muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesúsb.
12 Al día siguiente, a cuando la gran multitud que había venido a la fiestab, oyó que Jesús venía a Jerusalén,
13 tomaron hojas de las palmas y salieron a recibir a Jesús, y gritaban: «¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señora, el Rey de Israelb».
14 Jesús, hallando un asnillo, se montó en él; como está escrito:
15 “No temas, mira, Sión; he aquí, tu Rey viene, montado en un pollino de asnaa».
16 Sus discípulos no entendieron esto al principioa, pero después, cuando Jesús fue glorificadob, entonces se acordaron de que esto se había escrito de Él, y de que le habían hecho estas cosas.
17 Y así, la multitud que estaba con Jesús cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertosa, daba testimonio de Él.
18 Por eso la multitud fue también a recibir a Jesúsa, porque habían oído que Él había hecho esta señal1b.
19 Entonces los fariseos se decían unos a otros: «¿Ven que ustedes no consiguen nada? Miren, todo el mundo se ha ido tras Él»
20 Había unos griegosa entre los que subían a adorar en la fiestab;
21 estos fueron a Felipea, que era de Betsaidab de Galilea, y le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús»
22 Felipe fue* y se lo dijo* a Andrésa; Andrés y Felipe fueron* y se lo dijeron* a Jesús.
23 Jesús les respondió*: «Ha llegado la horaa para que el Hijo del Hombre sea glorificadob.
24 »En verdad les digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, produce mucho frutoa.
25 »El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vidaa en este mundo, la conservaráb para vida eterna.
26 »Si alguien me sirve, que me siga; y donde Yo estoy, allí también estará Mi servidora; si alguien me sirve, el Padre lo honraráb.
27 »Ahora Mi alma se ha angustiadoa; y ¿qué diré: “Padreb, sálvame de esta horac”? Pero para esto he llegado a esta hora.
28 »Padrea, glorifica Tu nombre». Entonces vino una voz del cielob: «Y lo he glorificado, y de nuevo lo glorificaré».
29 Por eso la multitud que estaba allí y oyó la voz, decía que había sido un trueno; otros decían: «Un ángel le ha habladoa»
30 Jesús les dijo: «Esta voz no ha venido por causa Mía, sino por causa de ustedesa.
31 »Ya está aquí1 el juicio de este mundoa; ahora el príncipe de este mundob será echado fuera.
32 »Pero Yo, si soy levantado de la tierraa, atraeré a todos a Mí mismob».
33 Pero Él decía esto para indicar la clase de muerte que iba a morira.
34 Entonces la multitud le respondió: «Hemos oído en1 la leya que el Cristo2 permanecerá para siempreb; ¿y cómo dices Tú: “El Hijo del Hombrec tiene que ser levantadod”? ¿Quién es este Hijo del Hombre?».
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| 1 | O Maestro. |
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| 2 | Lit. ahora. |
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| 1 | Lit. les dice. |
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| 1 | Lit. se salvará. |
| 1 | Lit. su muerte. |
| 2 | Lit. del sopor del sueño. |
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| 1 | I.e. el Gemelo. |
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| 1 | Lit. Por tanto. |
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| 1 | I.e. el Mesías. |
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| 2 | «El Que Viene» era el título que se daba al Mesías prometido. |
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| 1 | Lit. Por tanto. |
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| 2 | Lit. se turbó. |
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| 1 | Lit. haber hecho también que este no muriera. |
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| 1 | O muchos milagros. |
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| 1 | I.e. el templo. |
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| 2 | Lit. el lugar y la. |
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| 1 | Lit. de sí mismo. |
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| 1 | Algunos mss. agregan: el que había estado muerto. |
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| 1 | Lit. Por tanto. |
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| 2 | Lit. se reclinaban. |
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| 1 | Lit. y le secó los pies. |
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| 1 | O traicionar. |
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| 1 | I.e. salario de 300 días. |
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| 1 | I.e. la costumbre de ungir para la sepultura. |
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| 1 | Lit. tienen. |
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| 1 | O este milagro. |
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| 1 | Lit. Ahora es. |
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| 1 | O aprendido de. |
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| 2 | I.e. el Mesías. |
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