Josué 8:1–29
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Entonces el Señor dijo a Josué: «No temas ni te acobardesa. Toma contigo a todo el pueblo de guerra y levántate, sube a Hai. Mira, he entregado en tu manob al rey de Hai, su pueblo, su ciudad y su tierra.
»Harás con Hai y con su rey lo mismo que hiciste con Jericó y con su rey. Tomarán para ustedes como botín solamente los despojos y el ganadoa. Prepara1 una emboscada a la ciudad detrás de ella».
Josué se levantó con todo el pueblo de guerra para subir a Hai. Y escogió Josué 30,000 hombres, valientes guerreros, y los envió de noche.
Josué les dio órdenes, diciéndoles: «Miren, ustedes van a poner emboscada a la ciudad por detrás de ella1a. No se alejen mucho de la ciudad, sino estén todos alerta.
»Entonces yo y todo el pueblo que me acompaña nos acercaremos a la ciudad. Cuando ellos salgan a nuestro encuentro como la primera vez, nosotros huiremos delante de ellosa,
y ellos saldrán tras nosotros hasta que los hayamos alejado de la ciudad, porque dirán: “Huyen ante nosotros como la primera vez”. Huiremos, pues, ante ellos.
»Ustedes saldrán1 de la emboscada y se apoderarán de la ciudad, porque el Señor su Dios la entregará en sus manos.
»Cuando hayan tomado la ciudad, le1 prenderán fuego. Lo harán conforme a la palabra del Señor. Miren que yo se lo he mandadoa».
Josué los envió, y fueron al lugar de la emboscada y se quedaron entre Betel1 y Hai, al occidente de Hai; pero Josué pasó la noche entre el pueblo.
Josué se levantó muy de mañana, pasó revista al pueblo y subió con los ancianos de Israel frente al pueblo de Haia.
Entonces todos los hombres1 de guerra que estaban con él subieron y se acercaron, y llegaron frente a la ciudad, y acamparon al lado norte de Hai. Había un valle entre él y Hai.
Josué tomó unos 5,000 hombres y los puso en emboscada entre Betela y Haib, al occidente de la ciudad1.
Y apostaron al pueblo: todo el ejército que acampó al norte de la ciudad, y su retaguardia que acampó al occidente de la ciudad. Y Josué pasó1 aquella noche en medio del valle.
Al ver esto el rey de Hai, los hombres de la ciudad se apresuraron, se levantaron temprano y salieron para enfrentarse a Israel en batalla, él y todo su pueblo, en el lugar señalado frente a la llanura del desierto, sin saber que había una emboscada contra él por detrás de la ciudad.
Josué y todo Israel se fingieron vencidos delante de ellos, y huyeron camino del desiertoa.
Y todo el pueblo que estaba en la ciudad fue llamado para perseguirlos, y persiguieron a Josué, y se alejaron de la ciudada.
No quedó hombre en Hai o Betel que no saliera tras Israel, y dejaron la ciudad sin protección1 por perseguir a Israel.
Entonces el Señor dijo a Josué: «Extiende la jabalina que está en tu mano hacia Hai, porque la entregaré en tu mano». Y Josué extendió hacia la ciudad la jabalina que estaba en su manoa.
Los que estaban emboscados se levantaron rápidamente de su lugar, y corrieron cuando él extendió su mano, entraron en la ciudad y se apoderaron de ella, inmediatamente le prendieron fuego a la ciudad.
Cuando los hombres de Hai se volvieron y miraron, vieron que el humo de la ciudad subía al cielo y no tenían lugar adónde huir, ni por un lado ni por el otro, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra sus perseguidores.
Al ver Josué y todo Israel que los emboscados habían tomado la ciudad y que el humo de la ciudad subía, se volvieron y comenzaron a matar1 a los hombres de Hai.
Y los de la emboscada1 salieron de la ciudad a su encuentro, así que los de Hai quedaron en medio de Israel, unos1 por un lado y otros1 por el otro. Los mataron2 hasta no quedar de ellos3 ni sobreviviente ni fugitivoa.
Pero al rey de Hai lo tomaron vivo, y lo trajeron a Josué.
Cuando Israel acabó de matar a todos los habitantes de Hai en el campo y en el desierto, adonde ellos los habían perseguido y todos habían caído a filo de espada hasta ser exterminados, todo Israel volvió a Hai y la hirieron a filo de espada.
El total de los que cayeron aquel día, tanto hombres como mujeres, fue de 12,000; todo el pueblo1 de Haia.
Josué no retiró su mano con la cual tenía extendida la jabalinaa, hasta que hubo exterminado por completo1 a todos los habitantes de Hai.
Solo el ganado y los despojos de aquella ciudad tomó Israel para sí como botín, conforme a la palabra que el Señor había ordenado a Josuéa.
Josué incendió la ciudad de Hai y la convirtió en un montón de ruinas para siemprea, en una desolación hasta el día de hoy.
También colgó al rey de Hai en un árbol hasta la tarde. A la puesta del sol Josué dio orden que bajaran su cadáver del árbol. Lo arrojaron a la entrada de la puerta de la ciudad y levantaron sobre él un gran montón de piedras que permanece hasta el día de hoya.
Footnotes
Cross references
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