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Jonás 3:1–4:11
3 La palabra del Señor vino por segunda vez a Jonás:
2 «Levántate, ve a Nínive, la gran ciudada, y proclama en ella el mensaje que Yo te diréb»
3 Y Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad muy grande1a, de un recorrido de tres días.
4 Entonces Jonás comenzó a recorrer1 la ciudad camino de un día, y proclamabaa: «Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada»
5 Entonces los habitantes de Nínive creyeron en Dios, y proclamaron ayunoa y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos.
6 Cuando llegó la noticia al rey de Nínive, se levantó de su trono, se despojó de su manto, se cubrió de cilicio y se sentó sobre cenizaa.
7 Y mandó proclamar y anunciar en Nínive, por decreto del rey y de sus grandes: «Ni hombre ni animal, ni buey ni oveja prueben cosa alguna. No dejen que pasten o beban aguaa.
8 »Cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Diosa con fuerza, y vuélvase cada uno de su mal caminob y de la violencia que hay en sus manos.
9 »¡Quién sabe! Quizá Dios se vuelva, se arrepienta y aparte el ardor de Su ira, y no perezcamosa»
10 Cuando Dios vio sus acciones, que se habían apartado de su mal caminoa, entonces Dios se arrepintió del mal que había dicho que les haríab, y no lo hizo.
Queja de Jonás y respuesta de Dios
4 Pero esto desagradó a Jonás en gran manera, y se enojóa.
2 Y oró al Señora: «¡Ah Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsisb. Porque yo sabía que Tú eres un Dios clemente y compasivo, lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal anunciadoc.
3 »Y ahora, oh Señor, te ruego que me quites la vidaa, porque mejor me es la muerte que la vidab».
4 Y el Señor dijo: «¿Tienes acaso razón para enojarte?».
5 Entonces salió Jonás de la ciudad y se sentó al oriente de la misma. Allí se hizo un cobertizo y se sentó bajo la sombra de él, hasta ver qué sucedería en la ciudada.
6 Y el Señor Dios dispuso que una planta creciera sobre Jonás para que hiciera sombra sobre su cabeza y lo librara de su incomodidad. Y Jonás se alegró grandemente por la planta.
7 Pero al rayar el alba del día siguiente Dios dispuso que un gusano atacara la planta, y esta se secóa.
8 Y sucedió que al salir el sol, Dios dispuso un sofocante viento del estea, y el sol hirió la cabeza de Jonás, así que él desfallecíab, y con toda su alma deseaba morir, y decía: «Mejor me es la muerte que la vidac»
9 Entonces Dios le preguntó a Jonás: «¿Tienes acaso razón para enojarte por causa de la planta?». «Tengo mucha razón para enojarme hasta la muerte», le respondió.
10 Entonces el Señor le dijo: «Tú te apiadaste de la planta por la que no trabajaste ni hiciste crecer, que nació en una noche y en una noche pereció,
11 ¿y no he de apiadarme Yo de Nínivea, la gran ciudad, en la que hay más de 120,000 personas que no saben distinguir entre su derecha y su izquierdab, y también muchos animalesc?»
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