Hechos de los Apóstoles 16:20–33
Nueva Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Greek
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
Después de haberlos presentado a los magistrados superiores, dijeron: «Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad,
y proclaman costumbres que no nos es lícito aceptar ni observara, puesto que somos romanosb»
La multitud se levantó a una contra ellos, y los magistrados superiores, rasgándoles sus ropas, ordenaron que los azotaran con varasa.
Después de darles muchos azotes, los echaron en la cárcel, ordenando al carceleroa que los guardara con seguridad;
el cual, habiendo recibido esa orden, los echó en el calabozo interior y les aseguró los pies en el cepoa.
Conversión del carcelero
Como a medianoche, Pablo y Silasa oraban y cantabanb himnos a Dios, y los presos los escuchaban.
De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidosa. Al instante se abrieron todas las puertasb y las cadenas de todos se soltaronc.
Al despertar el carceleroa y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matarb, creyendo que los prisioneros se habían escapado.
Pero Pablo clamó a gran voz, diciendo: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí»
Entonces él pidió luz y se precipitó adentro, y temblando, se postró ante Pablo y Silasa,
y después de sacarlos, dijo: «Señores, ¿qué debo hacera para ser salvo?».
Ellos respondieron: «Cree en el Señor Jesús, y serás salvoa, tú y toda tu casab».
Y le hablaron la palabra del Señor1 a él y a todos los que estaban en su casa.
El carcelero los tomó en aquella misma hora de la nochea y les lavó las heridas, y enseguida fue bautizado con todos los suyos.
Footnotes
- 1Algunos antiguos dicen: de Dios.
Cross references
Copyright 2005 por The Lockman Foundation