Hechos de los Apóstoles 12:10–17
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Cuando habían pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrióa por sí misma. Entonces salieron y siguieron por una calle, y de repente el ángel se apartó de él.
Cuando Pedro volvió en sía, dijo: «Ahora sé en verdad que el Señor ha enviado a Su ángel, y me ha rescatadob de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos».
Al darse cuenta de esto, fue a la casa de María, la madre de Juan, llamado también Marcosa, donde muchos estaban reunidos y orabanb.
Cuando llamó a la puerta de la entrada, una sirvientaa llamada Rode salió a ver quién era1.
Al reconocer la voz de Pedro, de alegríaa no abrió la puerta, sino que corrió adentro y anunció que Pedro estaba a la puerta.
«¡Estás loca!», le dijeron ellos. Pero ella insistía en que así era. Y ellos decían: «Es su ángela».
Pero Pedro continuaba llamando; y cuando ellos abrieron, lo vieron y se asombraron.
Y haciéndoles señal con la manoa para que guardaran silencio, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Y les dijo: «Informen de estas cosas a Jacobo1b y a los hermanosc». Entonces salió, y se fue a otro lugar.
Footnotes
Cross references
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