Esdras 5–6
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La construcción se reanuda
Cuando los profetas Hageoa y Zacarías, hijo de Iddob, profetizaron a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén, en el nombre del Dios de Israel que estaba sobre ellos,
Zorobabel, hijo de Salatiel, y Jesúa, hijo de Josadaca, se levantaron entonces y comenzaron a reedificar la casa de Dios en Jerusalén; y los profetas de Dios estaban con ellos apoyándolosb.
En aquel tiempo Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del Río1, y Setar Boznai y sus compañerosa vinieron a ellos y les hablaron así: «¿Quién les dio orden de reedificar este templo y de terminar este edificiob?»
También les dijeron así: «¿Cuáles son los nombres de los hombresa que están reedificando este edificio?».
Pero el ojo de su Dios velabaa sobre los ancianos de los judíos, y no les detuvieron la obra hasta que un informe llegara a Darío, y volviera una respuesta escrita tocante al asunto.
Esta es la copia de la carta que Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del río, y Setar Boznai y sus compañerosa los oficialesb que estaban al otro lado del río, enviaron al rey Darío.
Le enviaron un informe que estaba escrito así: «Al rey Darío, toda paz.
»Sepa el rey que hemos ido a la provincia de Judá, a la casa del gran Dios, que está siendo edificada con piedras enormes y vigas empotradas en las paredes; y esta obra se adelanta con gran esmero y prospera en sus manos.
»Entonces preguntamos a aquellos ancianos, y les dijimos así: “¿Quién les dio orden de reedificar este templo y de terminar este edificio?”.
»También les preguntamos sus nombres para informarle, y para dar por escrito los nombres de los hombres que eran sus jefes.
»Y así nos respondieron: “Somos los siervos del Dios del cielo y de la tierra, y estamos reedificando el templo que fue construido hace muchos años, el cual un gran rey de Israel edificó y terminóa.
”Pero como nuestros padres provocaron a ira al Dios del cieloa, Él los entregó en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, el caldeo, quien destruyó este templo, y llevó cautivo al pueblo a Babiloniab.
”Sin embargo, en el año primero de Ciro, rey de Babilonia, el rey Ciro proclamó un decreto de que se reedificara esta casa de Diosa.
”También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y llevado al templo de Babilonia, los sacó el rey Ciro del templo de Babiloniaa, y fueron entregados a Sesbasarb, a quien había puesto por gobernador.
”Y le dijo: ‘Toma estos utensilios, ve y colócalos en el templo que está en Jerusalén, y sea la casa de Dios reedificada en su lugar’.
”Entonces aquel Sesbasar vino y puso los cimientos de la casa de Dios que está en Jerusaléna; y desde entonces hasta ahora se sigue construyendo, pero aún no está terminadab”.
»Ahora, si al rey le parece bien, que se busque en la casa del tesoro del reya que está allí en Babilonia, a ver si es que fue proclamado un decreto de parte del rey Ciro para reedificar esta casa de Dios en Jerusalén; y que se nos envíe la decisión del rey en cuanto a este asunto».
Decreto de Darío
Entonces el rey Darío proclamó un decreto, y buscaron en los archivos donde se guardaban los tesoros allí en Babiloniaa.
Y en Acmeta, en la fortaleza que está en la provincia de Mediaa, hallaron un rollo en el que estaba escrito lo siguiente: Memorándum:
«En el año primero del rey Ciro, el rey Ciro proclamó un decreto: “En cuanto a la casa de Dios en Jerusalén, que sea reedificado el temploa, el lugar donde se ofrecen los sacrificios, y que se conserven sus cimientos, con su altura de 60 codos (27 metros) y su anchura de 60 codos;
con tres hileras de piedras enormes y una hilera de maderaa; y que los gastos se paguen del tesoro real.
”Y que también se devuelvan los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, los cuales Nabucodonosor sacó del templo en Jerusalén y trajo a Babilonia, y que se lleven a sus lugares en el templo en Jerusalén y sean colocados en la casa de Diosa”.
»Ahora pues, Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del Río1, Setar Boznai, y sus compañerosa, los oficiales del otro lado del río, aléjense de allí.
»No impidan esta obra de la casa de Dios, y que el gobernador de los judíos y los ancianos de los judíos reedifiquen esta casa de Dios en su lugar.
»Además, este es mi decreto en cuanto a lo que han de hacer por estos ancianos de Judá en la reedificación de esta casa de Dios: del tesoro real de los tributos del otro lado del río se han de pagar todos los gastos a este puebloa, y esto sin demora.
»Y todo lo que se necesite: novillos, carneros y corderos para holocausto al Dios del cielo, y trigo, sal, vino y aceite de unción, según lo pidan los sacerdotes que están en Jerusalén, se les dará día por día sin falta,
para que puedan ofrecer sacrificios agradables al Dios del cielo y orar por la vida del rey y de sus hijosa.
»He proclamado un decreto de que cualquiera que quebrante este edictoa, se arranque un madero de su casa, y levantándolo, sea colgado1 en él, y que su casa sea reducida a escombrosb a causa de esto.
»Y que el Dios que ha hecho morar allí Su nombrea derribe a todo rey o pueblo que trate de cambiarlo para destruir esta casa de Dios en Jerusalén. Yo, Darío, he proclamado este decreto; que sea ejecutado con toda exactitud».
Entonces Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del Río1, Setar Boznai y sus compañerosa llevaron a cabo el decreto con toda exactitud, tal como el rey Darío había ordenado.
Y los ancianos de los judíos tuvieron éxito en la edificación según la profecía del profeta Hageo y de Zacarías, hijo de Iddoa. Y terminaron de edificar conforme al mandato del Dios de Israel y al decreto de Cirob, de Daríoc y de Artajerjes, rey de Persiad.
Y este templo fue terminado el tercer día del mes de Adara; era el año sexto del reinado del rey Darío.
Dedicación del templo
Los israelitas, los sacerdotes, los levitas y los demás desterrados, celebraron con júbilo la dedicación de esta casa de Diosa.
Y para la dedicación de esta casa de Dios ofrecieron 100 novillos, 200 carneros, 400 corderos, y como ofrenda por el pecado por todo Israel, doce machos cabríosa, conforme al número de las tribus de Israel.
Entonces asignaron a los sacerdotes en sus seccionesa y a los levitas en sus clasesb para el servicio de Dios en Jerusalén, como está escrito en el libro de Moisésc.
Los desterradosa celebraron la Pascua el día catorce del mes primerob.
Puesto que los sacerdotes y los levitas se habían purificadoa juntos, todos ellos estaban purificados, entonces mataron al cordero de la Pascuab para todos los desterrados, tanto para sus hermanos los sacerdotes como para sí mismos.
Los israelitas que habían vuelto del destierro y todos aquellos que se habían apartadoa de la impureza de las naciones de la tierrab para unirse a ellos, comieron la Pascua para buscar al Señor, Dios de Israel.
Y por siete días celebraron gozosos la Fiesta de los Panes sin Levaduraa, porque el Señor los había llenado de regocijo, y había vuelto hacia ellos el corazón del rey de Asiriab para animarlos en la obra de la casa de Diosc, el Dios de Israel.
Notas al pie
Referencias cruzadas
- aHag. 1:1
- bZac. 1:1
- aEsd. 3:2; Hag. 1:12; Zac. 4:6–9
- bEsd. 6:14; Hag. 2:4; Zac. 3:1
- aEsd. 6:6, 13
- bEsd. 1:3; 5:9
- aEsd. 5:10
- aEsd. 7:6, 28
- aEsd. 5:3
- bEsd. 4:9
- a1 Rey. 6:1, 38
- a2 Crón. 36:16, 17
- b2 Rey. 25:8–11; Jer. 52:12–15
- aEsd. 1:1–4
- aEsd. 1:7; 6:5; Dan. 5:2
- bEsd. 1:8; 5:16
- aEsd. 3:8, 10
- bEsd. 6:15
- aEsd. 6:1, 2
- aEsd. 5:17
- a2 Rey. 17:6
- aEsd. 1:1; 5:13
- a1 Rey. 6:36
- aEsd. 1:7; 5:14
- aEsd. 5:3; 6:13
- aEsd. 6:4; 7:14–22
- aEsd. 7:23; Jer. 29:7; 1 Tim. 2:1, 2
- aEsd. 7:26
- bDan. 2:5; 3:29
- aDt. 12:5, 11; 1 Rey. 9:3
- aEsd. 6:6
- aEsd. 5:1, 2
- bEsd. 1:1; 5:13
- cEsd. 4:24; 6:12
- dEsd. 7:1
- aEst. 3:7
- a1 Rey. 8:63; 2 Crón. 7:5
- aEsd. 8:35
- a1 Crón. 24:1; 2 Crón. 35:5
- b1 Crón. 23:6
- cNúm. 3:6; 8:9
- aEsd. 1:11
- bEx. 12:6
- a2 Crón. 29:34; 30:15
- b2 Crón. 35:11
- aNeh. 9:2; 10:28
- bEsd. 9:11
- aEx. 12:15
- bEsd. 7:27
- cEsd. 1:1; 6:1
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