Eclesiastés 6–9
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Hay un mal que he visto bajo el sola, y muy común entre1 los hombres:
un hombre a quien Dios ha dado riquezas, bienes y honoresa, y nada le falta a su alma de todo lo que deseab, pero que Dios no le ha capacitado para disfrutar1 de ellos, porque un extraño los disfruta2. Esto es vanidad y penosa aflicción.
Si un hombre engendra cien hijos y vive muchos años, por muchos que sean sus años1, si su alma no se ha saciado de cosas buenas, y tampoco halla sepulturaa, entonces digo: «Mejor es el abortivo que élb,
porque en vano viene, y a la oscuridad va; y en la oscuridad su nombre quedará oculto»
«Además, no ha visto el sol y nada sabe; más reposo tiene este que aquel.
»Aunque el hombre viva dos veces mil años, pero no disfruta de1 cosas buenas, ¿no van todos al mismo2 lugara?»
Todo el trabajo del hombre es para su bocaa,
Sin embargo, su apetito no se sacia1.
Pues ¿qué ventaja tiene el sabio sobre el necioa?
¿Qué ventaja tiene el pobre que sabe comportarse entre1 los vivientes?
Mejor es lo que ven los ojos que lo que el alma desea1a.
También esto es vanidad y correr tras el viento2b.
A lo que existe, ya se le ha dado nombrea,
Y se sabe lo que es un hombre:
No puede luchar con el que es más fuerte que élb.
Cuando hay muchas palabras, aumenta la vanidad.
¿Cuál es entonces la ventaja para el hombre?
Porque, ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre durante su vida, en los contados días de su vana vida? Los pasará1 como una sombra. Pues, ¿quién hará saber al hombre lo que sucederá después de éla bajo el sol?
Contraste entre la sabiduría y la insensatez
Mejor es el buen nombre que el buen ungüentoa,
Y el día de la muerte que el día del nacimientob.
Mejor es ir a una casa de luto
Que ir a una casa de banquete,
Porque aquello1 es el fin de todo hombrea,
Y al que vive lo hará reflexionar en2su corazónb.
Mejor es la tristeza que la risaa,
Porque cuando el rostro está triste el corazón puede estar contentob.
El corazón de los sabios está en la casa del luto,
Mientras que el corazón de los necios está en la casa del placer.
Mejor es oír la reprensión del sabio
Que oír la canción de los neciosa.
Porque como crepitar1 de espinos bajo la ollaa,
Así es la risab del necio.
Y también esto es vanidad.
Ciertamente la opresióna enloquece al sabio,
Y el soborno corrompe1 el corazónb.
Mejor es el fin de un asunto que su comienzoa;
Mejor es la paciencia de espíritub que la arrogancia de espíritu.
No te apresures en tu espíritu a enojarte,
Porque el enojo se anida en el seno de los neciosa.
No digas: «¿Por qué fueron los días pasados mejores que estos?».
Pues no es sabio1 que preguntes sobre esto.
Buena es la sabiduría con herencia,
Y provechosaa para los que ven el sol.
Porque la sabiduría protege1a como el dinero protege1;
Pero la ventaja del conocimiento es que la sabiduría preserva la vidab de sus poseedores.
Considera la obra de Diosa:
Porque ¿quién puede enderezar lo que Él ha torcidob?
Alégrate en el día de la prosperidada,
Y en el día de la adversidadb considera:
Dios ha hecho tanto el uno como el otro
Para que el hombre no descubra nada que suceda después de élc.
He visto todo durante mi vida1 de vanidada:
Hay justo que perece en su justicia,
Y hay impío que alarga su vida en su perversidadb.
No seas demasiado justo,
Ni seas sabio en excesoa.
¿Por qué has de destruirte?
No seas demasiado impío,
Ni seas necio.
¿Por qué has de morir antes de tu tiempoa?
Bueno es que retengas esto
Sin soltar1 aquello de tu mano;
Porque el que teme a Diosa se sale con todo ello.
La sabiduría hace más fuerte al sabioa
Que diez gobernantes que haya en una ciudad.
Ciertamente no hay hombre justo en la tierra
Que haga el bien y nunca pequea.
Tampoco tomes en serio1 todas las palabras que se hablan,
No sea que oigas a tu siervo maldecirtea.
Porque tú también te das cuenta1
Que muchas veces has maldecido a otros de la misma manera.
Todo esto probé con sabiduría, y dije:
«Seré sabio»; pero eso estaba lejos de mía.
Está lejos lo que ha sido,
Y en extremo profundoa.
¿Quién lo descubriráb?
Dirigí1 mi corazón a conocer,
A investigar y a buscar la sabiduría y la razón,
Y a reconocer la maldad de la insensatez
Y la necedad de la locuraa.
Y hallé más amarga que la muertea
A la mujer cuyo corazón es lazosb y redes,
Cuyas manos son cadenas.
El que agrada a Dios escapará de ellac,
Pero el pecador será por ella apresadod.
«Mira», dice el Predicador, «he descubierto esto,
Agregando una cosa a otra para hallar la razón,
Que mi alma está todavía buscando pero no ha hallado:
He hallado a un hombre entre mil,
Pero no he hallado mujer entre todas estasa.
»Mira, solo esto he hallado:
Que Dios hizo rectos a los hombresa,
Pero ellos se buscaron muchas artimañas».
¿Quién es como el sabio?
¿Y quién otro sabe la explicación de un asunto?
La sabiduría del hombre ilumina su rostro
Y hace que la dureza de su rostro cambiea.
Yo digo: «Guarda el mandato1 del rey por causa del juramento de Diosa.
»No te apresures a irte de su presenciaa. No te unas a una causa impía, porque él hará todo lo que le plazca»
Puesto que la palabra del rey es soberana, ¿quién le dirá: «¿Qué hacesa?»?
El que guarda el mandatoa real no experimenta ningún malb;
Porque el corazón del sabio conoce el tiempo y el modo de hacerlo.
Porque para cada deleite hay un tiempo y un modoa,
Aunque la aflicción del hombre sea mucha sobre él.
Si nadie sabe qué sucederáa,
¿Quién le anunciará cómo ha de suceder?
No hay hombre que tenga potestad para refrenar el viento con el viento,
Ni potestad sobre el día de la muertea.
No se da licencia en tiempo de guerra,
Ni la impiedad salvará a los que la practican1b.
Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en toda obra que se hace bajo el sol, cuando el hombre domina a otro hombre para su mala.
También he visto a los impíos ser sepultados, los que entraban y salían del lugar santo, y que fueron pronto olvidadosa en la ciudad en que así habían actuado. También esto es vanidad.
Porque la sentencia contra una mala obra no se ejecuta enseguidaa, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos entregado enteramente a hacer el malb.
Aunque el pecador haga el mal cien veces y alargue su vidaa, con todo, yo sé que les irá bien a los que temen a Diosb, a los que temen ante Su presencia.
Pero no le irá bien al impíoa, ni alargará sus días como una sombrab, porque no teme ante la presencia de Dios.
Hay una vanidad que se hace sobre la tierra: hay justos a quienes les sucede1 conforme a las obras de los impíosa, y hay impíos a quienes les sucede1 conforme a las obras de los justosb. Digo que también esto es vanidad.
Por tanto yo alabé el placer, porque no hay nada bueno para el hombre bajo el sol sino comer, beber y divertirsea, y esto le acompañará en sus afanes1 en los días de su vida que Dios le haya dado bajo el sol.
Cuando apliqué mi corazón a conocer la sabiduría y a ver la tarea que ha sido hecha sobre la tierraa (aunque uno no durmiera1 ni de día ni de nocheb),
y vi toda la obra de Dios, decidí que el hombre no puede descubrir la obra que se ha hechoa bajo el sol. Aunque el hombre busque con afán, no la descubrirá; y aunque el sabio diga que la conoce, no puede descubrirlab.
Todo está en manos de Dios
Pues bien, he tomado todas estas cosas en mi corazón y declaro1 todo esto: que los justos y los sabios y sus hechos están en la mano de Diosa. Los hombres no sabenb ni de amor ni de odioc, aunque todo está delante de ellos.
A todos les sucede lo mismoa:
Hay una misma suerte para el justo y para el impío;
Para el bueno1, para el limpio y para el inmundo;
Para el que ofrece sacrificio y para el que no sacrifica.
Como el bueno, así es el pecador;
Como el que jura, así es el que teme jurar2b.
Este mal hay en todo lo que se hace bajo el sol: que hay una misma suerte para todosa. Además, el corazón de los hijos de los hombres está lleno de maldadb y hay locurac en su corazón toda su vida. Después se van a los muertos.
Para cualquiera que está unido con los vivos, hay esperanza; ciertamente un perro vivo es mejor que un león muerto.
Porque los que viven saben que han de morir,
Pero los muertos no saben nadaa,
Ni tienen ya ninguna recompensa,
Porque su recuerdo está olvidadob.
En verdad, su amor, su odio y su celo ya han perecido,
Y nunca más tendrán parte en todo lo que se hacea bajo el sol.
Vete, come tu pan con gozo,
Y bebe tu vino con corazón alegre,
Porque Dios ya ha aprobado tus obrasa.
En todo tiempo sean blancas tus ropasa,
Y que no falte ungüento sobre tu cabezab.
Goza de la vida con la mujer que amas todos los días de tu vida fugaz1a que Él te ha dado bajo el sol, todos los días de tu vanidad. Porque esta es tu parte en la vida y en el trabajo con que te afanas bajo el solb.
Todo lo que tu mano halle para hacer, hazlo según tus fuerzasa; porque no hay actividad ni propósito ni conocimiento ni sabiduríab en el Seol1c adonde vas.
Vi, además, que bajo el sol
No es de los ligeros la carreraa,
Ni de los valientes1 la batallab;
Y que tampoco de los sabios es el pan,
Ni de los entendidos las riquezasc,
Ni de los hábiles el favor,
Sino que el tiempo y la suerte les llegan a todosd.
Porque el hombre tampoco conoce su tiempoa:
Como peces atrapados en la red traicionera
Y como aves apresadas en la trampab,
Así son atrapados los hijos de los hombresc en el tiempo malo
Cuando este cae de repente sobre ellosd.
Sabiduría y necedad
También esto llegué a ver como sabiduría bajo el sol, y me impresionó1:
Había una pequeña ciudad con pocos hombres en ella. Llegó1 un gran rey, la cercó y construyó contra ella grandes baluartes.
Pero en ella se hallaba un hombre pobre y sabioa; y él con su sabiduría libró1 la ciudadb; sin embargo, nadie se acordó de aquel hombre pobrec.
Y yo me dije:
«Mejor es la sabiduría que la fuerzaa».
Pero la sabiduría del pobre se desprecia
Y no se presta atención a sus palabras.
Las palabras del sabio oídas en quietud son mejores
Que los gritos del gobernante entre los neciosa.
Mejor es la sabiduría que las armas de guerraa,
Pero un solo pecador destruye mucho bienb.
Footnotes
- 1 sobre.
- 1 comer.
- 2 come.
- 1 los días de sus años.
- 1 vea.
- 2 a un.
- 1 su alma no se llena.
- 1 andar delante de.
- 1 sigue.
- 2O aflicción de espíritu.
- 1 hará.
- 1 la muerte.
- 2 lo dará a.
- 1 la voz.
- 1 destruye.
- 1 de sabiduría.
- 1 está en una sombra.
- 1 mis días.
- 1 y también no descanses.
- 1 También no des tu corazón a.
- 1 también tu corazón sabe.
- 1 Volví.
- 1 la boca.
- 1 sus poseedores.
- 1 golpea.
- 1 su trabajo.
- 1 no vea sueño en sus ojos.
- 1 examino.
- 1Algunas versiones antiguas agregan: y para el malo.
- 2 un juramento.
- 1 vida de vanidad.
- 1 región de los muertos.
- 1O guerreros.
- 1 grande fue para mí.
- 1 Vino a ella.
- 1O pudiera haber librado.
Cross references
- aEcl. 5:13
- a1 Rey. 3:13
- bSal. 17:14; 73:7; Ecl. 2:10
- aIsa. 14:20; Jer. 8:2; 22:19
- bJob 3:16; Ecl. 4:3
- aEcl. 2:14
- aPrv. 16:26
- aEcl. 2:15
- aEcl. 11:9
- bEcl. 1:14
- aEcl. 1:9; 3:15
- bJob 9:32; 40:2; Prv. 21:30; Isa. 45:9
- aEcl. 3:22
- aPrv. 22:1
- bEcl. 4:2; 7:8
- aEcl. 2:14, 16; 3:19, 20; 6:6; 9:2, 3
- bSal. 90:12
- aEcl. 2:2
- b2 Cor. 7:10
- aSal. 141:5; Prv. 6:23; 13:18; 15:31, 32; 25:12; Ecl. 9:17
- aSal. 58:9; 118:12
- bEcl. 2:2
- aEcl. 4:1; 5:8
- bEx. 23:8; Dt. 16:19; Prv. 17:8, 23
- aEcl. 7:1
- bPrv. 14:29; 16:32; Gál. 5:22; Ef. 4:2
- aPrv. 14:17; Sant. 1:19
- aPrv. 8:10, 11; Ecl. 2:13
- aEcl. 7:19; 9:18
- bPrv. 3:18; 8:35
- aEcl. 3:11; 8:17
- bEcl. 1:15
- aDt. 26:11; Ecl. 3:22; 9:7; 11:9
- bDt. 8:5; Job 2:10
- cEcl. 3:22
- aEcl. 6:12; 9:9
- bEcl. 8:12–14
- aPrv. 25:16; Rom. 12:3; Fil. 3:6
- aJob 22:16; Sal. 55:23; Prv. 10:27
- aEcl. 3:14; 5:7; 8:12, 13; 12:13
- aEcl. 7:12; 9:13–18
- a1 Rey. 8:46; 2 Crón. 6:36; Sal. 143:2; Prv. 20:9; Rom. 3:23
- aPrv. 30:10
- aEcl. 3:11; 8:17
- aRom. 11:33
- bJob 11:7; 37:23; Ecl. 8:17
- aEcl. 1:15, 17; 10:13
- aPrv. 5:4
- bPrv. 7:23
- cPrv. 6:23, 24
- dPrv. 22:14
- a1 Rey. 11:3
- aGn. 1:27
- aEx. 34:29, 30; Dt. 28:50
- aEx. 22:11; 2 Sam. 21:7; Ezq. 17:18
- aEcl. 10:4
- aJob 9:12; Dan. 4:35
- aEcl. 12:13
- bPrv. 12:21
- aEcl. 3:1, 17
- aEcl. 3:22; 6:12; 7:14; 9:12
- aSal. 49:7
- bEcl. 8:13
- aEcl. 4:1; 5:8; 7:7
- aEcl. 1:11; 2:16; 9:5, 15
- aEx. 34:6; Sal. 86:15; 2 Ped. 3:9
- bEcl. 9:3; Rom. 2:24
- aEcl. 7:15
- bDt. 4:40; 12:25; Sal. 37:11; Prv. 1:33; Isa. 3:10
- aEcl. 8:8; Isa. 3:11
- bJob 14:2; Ecl. 6:12
- aSal. 73:14
- bJob 21:7; Sal. 73:3, 12; Ecl. 7:15; Jer. 12:1; Mal. 3:15
- aEcl. 2:24; 3:12, 13; 5:18; 9:7
- aEcl. 1:13, 14
- bEcl. 2:23
- aEcl. 3:11
- bSal. 73:16; Ecl. 7:23; Rom. 11:33
- aDt. 33:3; Job 12:10; Sal. 119:109
- bEcl. 10:14
- cEcl. 9:6
- aJob 9:22; Ecl. 9:11
- bEcl. 2:14; 3:19; 6:6; 7:2
- aEcl. 9:2
- bEcl. 8:11; Jer. 17:10
- cEcl. 1:17
- aJob 14:21
- bSal. 88:12; Ecl. 1:11; 2:16; 8:10; Isa. 26:14
- aEcl. 2:10; 3:22
- aEcl. 2:24; 8:15
- aApoc. 3:4
- bSal. 23:5
- aEcl. 6:12; 7:15
- bEcl. 2:10
- aEcl. 11:6; Rom. 12:11; Col. 3:23
- bEcl. 9:5
- cGn. 37:35; Job 21:13; Isa. 38:10
- aAmós 2:14, 15
- b2 Crón. 20:15; Sal. 76:5; Zac. 4:6
- cDt. 8:17, 18
- d1 Sam. 6:9
- aEcl. 8:7
- bPrv. 7:23
- cPrv. 29:6; Isa. 24:18; Os. 9:8
- dLuc. 21:34, 35
- aEcl. 4:13
- b2 Sam. 20:22
- cEcl. 2:16; 8:10
- aPrv. 21:22; Ecl. 7:12, 19
- aEcl. 7:5; 10:12
- aEcl. 9:16
- bJos. 7:1–26; 2 Rey. 21:2–17
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