Estudio bíblico Logos

Apocalipsis 10:10–15:8

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Tomé el librito de la mano del ángel y lo devoré, y en mi boca fue dulce como la miel; pero cuando lo comí, me amargó las entrañas.

Y me dijeron*1a: «Debes profetizar otra vezb acerca de muchos pueblos, naciones, lenguasc y reyesd».

Los dos testigos

Me fue dada una caña de medir (unos 3 metros) semejante a una varaa, y alguien dijob: «Levántate y mide el templo1 de Dios y el altar, y a los que en él adoran.

»Pero excluye1 el patio2a que está fuera del templo3, no lo midas, porque ha sido entregado a las nacionesb, y estas pisotearánb la ciudad santac por cuarenta y dos mesesd.

»Otorgaré autoridad a mis dos testigosa, y ellos profetizarán por 1,260 díasb, vestidos de cilicio1c».

Estos son los dos olivosa y los dos candelabros que están delante del Señor de la tierra.

Si alguien quiere hacerles daño, de su boca sale fuegoa y devora a sus enemigos. Así debe morirb cualquiera que quisiera hacerles daño.

Ellos tienen poder para cerrar el cieloa a fin de que no llueva durante los días en que ellos profeticen1b; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangrec, y para herir la tierra con toda suerte de plagas todas las veces que quierand.

Cuando hayan terminado de dar su testimonio, la bestiaa que subeb del abismoc hará guerra contra ellosd, los vencerá y los matará.

Sus cadáveres estarán1 en la calle de la gran ciudada, que simbólicamente2 se llama Sodomab y Egiptoc, donde también su Señor fue crucificado.

Gente de todos los pueblos, tribus, lenguas, y nacionesa, contemplarán1 sus cadáveres2 por tres días y medio, y no permitirán3 que sus cadáveres sean sepultadosb.

Los que moran en la tierraa se regocijarán1 por2 ellos y se alegrarán3, y se enviarán regalos unos a otrosb, porque estos dos profetas habían atormentado a los que moran en la tierraa.

Pero después de los tres días y medio, el aliento de vida de parte de Dios vino a ellosa y se pusieron en pie, y gran temor cayó sobre quienes los contemplaban.

Entonces ellos oyeron una gran voz del cielo que les decía: «Suban acáa». Y subieron al cielo en la nubeb, y sus enemigos los vieron.

En aquella misma hora hubo un gran terremotoa y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y siete mil personas1 murieron en el terremoto, y los demás, aterrorizados, dieron gloriab al Dios del cieloc.

El segundo ¡ay! ha pasadoa; pero el tercer ¡ay! viene pronto.

La séptima trompeta

El séptimo ángel tocó la trompetaa, y hubo1 grandes voces en el cielob, que decían:

«El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señorc y de Su Cristo2d. Él reinará por los siglos de los siglose».

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronosa, se postraron sobre sus rostros y adoraron a Diosb,

diciendo:

«Te damos gracias, oh Señor Dios Todopoderosoa, el que eres y el que eras1, porque has tomado Tu gran poder y has comenzado a reinar2b.

»Las nacionesa se enfurecieron, y vino Tu ira y llegó el tiempo de juzgar a los muertosb y de dar la recompensa a Tus siervos los profetasc, a los santos y a los que temen Tu nombre, a los pequeños y a los grandesd, y de destruir a los que destruyen la tierra»

El templo1 de Diosa que está en el cielo fue abierto; y el arca de Su pactob se veía2 en Su templo1, y hubo relámpagosc, voces3 y truenos, y un terremoto y una fuerte granizada4d.

La mujer, el dragón y el niño

Una gran señala apareció en el cielob: una mujerc vestida del sold, con1 la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.

Estaba encinta, y gritaba*a por los dolores del parto y el sufrimiento de dar a luz.

Entonces apareció otra señal en el cieloa: Un gran dragón rojob que tenía siete cabezasc y diez cuernosd, y sobre sus cabezas había siete diademase.

Su cola arrastró* la tercera parte de las estrellas del cieloa y las arrojó sobre la tierrab. Y el dragónc se paró delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijod cuando ella diera a luz.

Y ella dio a luz un Hijo varón, que ha de regir1 a todas las naciones2 con vara de hierroa. Su Hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta Su tronob.

La mujer huyó al desierto, donde tenía* un lugar preparado por Dios, para ser sustentada1 allí por 1,260 díasa.

Entonces hubo guerra en el cielo: Miguela y sus ángeles combatieron contra el dragónb. Y el dragón y sus ángeles lucharonc,

pero no pudieron vencer1, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

Y fue arrojado el gran dragóna, la serpiente antiguab que se llama Diablo y Satanásc, el cual engaña al mundo enterod. Fue arrojado a la tierrae y sus ángeles fueron arrojados con él.

Entonces oí una gran voz en el cieloa, que decía:

«Ahora ha venido la salvaciónb, el poder y el reino de nuestro Diosa y la autoridad de Su Cristo1, porque el acusadorc de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado.

»Ellos lo vencierona por medio de la sangre del Corderob y por la palabra del testimonio de ellosc, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerted.

»Por lo cual regocíjense, cielosa y los que moran en ellosb. ¡Ay de la tierra y del marc!, porque el diablo ha descendido a ustedesd con1 gran furor, sabiendo que tiene poco tiempoe»

Cuando el dragóna vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al Hijo varónb.

Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águilaa a fin de que volara de la presencia1 de la serpiente al desiertob, a su lugar, donde fue* sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempoc.

La serpientea arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que ella fuera arrastrada por la corriente1.

Pero la tierra ayudó a la mujer, y la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había arrojado de su boca.

Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y salió para hacer guerraa contra el resto de la descendencia de ellab, los que guardan los mandamientos de Diosc y tienen el testimonio de Jesúsd.

La bestia que sube del mar

El dragón se paró1 sobre la arena del mar.

Y vi que subía del mar una bestiaa que tenía diez cuernosb y siete cabezasb. En sus cuernos había diez diademasc, y en sus cabezas había nombres blasfemosd.

La bestia que vi era semejante a un leopardoa, sus pies eran como los de un osob y su boca como la boca de un leónc. El dragónd le dio su poder, su tronoe, y gran autoridad.

Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortala fue sanada. Y la tierra entera se maravillób y seguía tras la bestia.

Adoraron al dragón, porque había dado autoridada a la bestia. Adoraron a la bestia, diciendo: «¿Quién es semejante a la bestiab, y quién puede luchar contra ella?»

A la bestia se le dio una boca que hablaba palabras arrogantes1a y blasfemias, y se le dio autoridad para actuar2 durante cuarenta y dos mesesb.

Y abrió su boca con blasfemias contra Dios, para blasfemar Su nombre y Su tabernáculo, es decir, contra los que moran en el cieloa.

Se le concedió hacer guerra contra los santosa y vencerlos. Y se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y naciónb.

Adorarán a la bestia todos los que moran en la tierraa, cuyos nombres no han sido escritosb desde la fundación del mundoc en el libro de la vida del Cordero que fue inmoladod.

Si alguno tiene oído, que oigaa.

Si alguien es destinado a la cautividad, a la cautividad vaa; si alguien ha de morir a espadab, a espada ha de morir. Aquí está la perseveranciac y la fe de los santos.

La bestia que sube de la tierra

Vi otra bestiaa que subía de la tierra. Tenía dos cuernos semejantes a los de un corderob y hablaba como un dragónc.

Ejerce toda la autoridad de la primera bestiaa en su presencia1b, y hace que la tierra y los que moran en ellac adoren a la primera bestiad, cuya herida mortal fue sanadae.

También hace grandes señalesa, de tal manera que aun hace descender fuego del cielob a la tierra en presencia de los hombres.

Además engañaa a los que moran en la tierrab a causa de las señales que se le concedió hacerc en presencia de1 la bestiad, diciendo a los moradores de la tierra que hagan una imagen de la bestia que tenía* la herida de la espadae y que ha vuelto a vivir.

Se le concedió dar aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen de la bestia también hablara y diera muerte a todosa los que no adoran la imagenb de la bestia.

Y hace que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavosa, se les dé1 una marcab en la mano derecha o en la frente,

para que nadie pueda comprar ni vender, sino el que tenga la marcaa, la cual es el nombre de la bestiab o el número de su nombrec.

Aquí hay sabiduríaa. El que tiene entendimiento, que calcule el número de la bestia, porque el número es el de un hombreb, y su número1 es 666.

El cordero y los 144,000

Miré que el Corderoa estaba de pie sobre el monte Siónb, y con Él 144,000c que tenían el nombre del Corderod y el nombre de Su Padred escrito en la frentee.

Oí una voz del cielo, como el estruendo de muchas aguasa y como el sonido de un gran truenob. La voz que oí era como el sonido de arpistasc tocando sus arpas.

Y cantaban* un1 cántico nuevoa delante del trono y delante de los cuatro seres vivientesb y de los ancianosc. Nadie podía aprender el cánticod, sino los 144,000e que habían sido rescatados2 de la tierra.

Estos son los que no se han contaminado con mujeresa, pues son castos. Estos son los que siguen al Corderob adondequiera que va. Estos han sido rescatados1c de entre los hombres como primiciasd para Dios y para el Cordero.

En su bocaa no fue hallado engaño; están sin manchab.

El mensaje de los tres ángeles

Después vi volar en medio del cieloa a otro ángel que tenía un evangelio eternob para anunciarlo a los que moran en la tierrac, y a toda nación, tribu, lengua, y pueblod,

que decía a gran voz: «Teman1 a Diosa y den a Él gloriab, porque la hora de Su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el marc y las fuentes de las aguasd»

Lo siguió otro ángel, el segundo, diciendo: «¡Cayó, cayóa la gran Babiloniab!, la que ha hecho beber a todas las nacionesc del vino de la…

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Apocalipsis 11:15: Tocó el séptimo ángel su trompeta, y en el cielo resonaron fuertes voces que decían: «El reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos.»

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Notas al pie

  1. 1 dicen.
  2. 1O santuario.
  3. 1 echa fuera.
  4. 2O el atrio.
  5. 3O santuario.
  6. 1I.e. vestidura áspera usada para penitencia.
  7. 1 los días de su profecía.
  8. 1Algunos antiguos dicen: Y su cadáver yacerá.
  9. 2 espiritualmente.
  10. 1 contemplan.
  11. 2 su cadáver.
  12. 3 no permiten.
  13. 1 regocijan.
  14. 2 sobre.
  15. 3 se alegran.
  16. 1 nombres de hombres, siete mil.
  17. 1 y sucedieron.
  18. 2I.e. el Mesías.
  19. 1Algunos posteriores agregan: y el que has de venir.
  20. 2 reinaste.
  21. 1O santuario.
  22. 2O apareció.
  23. 3O ruidos.
  24. 4 gran granizo.
  25. 1 y.
  26. 1O pastorear.
  27. 2O todos los gentiles.
  28. 1 para que la sustentaran.
  29. 1O no fueron lo suficientemente fuertes.
  30. 1I.e. el Mesías.
  31. 1 teniendo.
  32. 1 del rostro.
  33. 1 el río.
  34. 1Algunos posteriores dicen: Y yo me paré.
  35. 1 grandes cosas.
  36. 2 hacer.
  37. 1O por su autoridad.
  38. 1O por la autoridad de.
  39. 1 les den.
  40. 1Algunos dicen: seiscientos dieciséis.
  41. 1Algunos antiguos dicen: cantan, como un.
  42. 2 comprados.
  43. 1 comprados.
  44. 1O Reverencien.

Referencias cruzadas

  1. aApoc. 11:1
  2. bEzq. 37:4, 9
  3. cApoc. 5:9
  4. dApoc. 17:10, 12
  5. aEzq. 40:3–42:20; Zac. 2:1; Apoc. 21:15, 16
  6. bApoc. 10:11
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  9. cIsa. 52:1; Mat. 4:5; 27:53; Apoc. 21:2, 10; 22:19
  10. dDan. 7:25; 12:7; Apoc. 12:6; 13:5
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  13. cGn. 37:34; 2Sam. 3:31; 1Rey. 21:27; 2Rey. 19:1, 2; Neh. 9:1; Est. 4:1; Sal. 69:11; Joel 1:13; Jon. 3:5, 6, 8
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  28. aApoc. 5:9; 10:11
  29. b1Rey. 13:22; Sal. 79:2, 3
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  33. aApoc. 4:1
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  37. cApoc. 16:11
  38. aApoc. 8:13; 9:12
  39. aApoc. 8:2; 10:7
  40. bApoc. 16:17; 19:1
  41. cApoc. 12:10
  42. dSal. 2:2; Hech. 4:26
  43. eEx. 15:18; Dan. 2:44; 7:14, 27; Luc. 1:33
  44. aMat. 19:28; Apoc. 4:4
  45. bApoc. 4:10
  46. aApoc. 1:8
  47. bApoc. 19:6
  48. aSal. 2:1
  49. bSal. 2:5; 110:5; Dan. 7:10; Apoc. 20:12
  50. cApoc. 10:7; 16:6
  51. dSal. 115:13; Apoc. 13:16; 19:5
  52. aApoc. 4:1; 15:5
  53. bHeb. 9:4
  54. cApoc. 4:5; 8:5; 16:18
  55. dApoc. 16:21
  56. aMat. 24:30; Apoc. 12:3
  57. bApoc. 11:19
  58. cGál. 4:26
  59. dSal. 104:2; Cant. 6:10
  60. aIsa. 26:17; 66:6–9; Miq. 4:9, 10
  61. aApoc. 12:1; 15:1
  62. bIsa. 27:1; Apoc. 12:4, 7, 9, 13, 16, 17; 13:2, 4, 11; 16:13; 20:2
  63. cApoc. 13:1; 17:3, 7, 9 y
  64. dDan. 7:7, 20, 24; Apoc. 13:1; 17:12, 16
  65. eApoc. 13:1; 19:12
  66. aApoc. 8:7
  67. bDan. 8:10
  68. cIsa. 27:1; Apoc. 12:3, 7, 9, 13, 16, 17; 13:2, 4, 11; 16:13; 20:2
  69. dMat. 2:16
  70. aSal. 2:9; Isa. 66:7; Apoc. 2:27
  71. b2Cor. 12:2 y
  72. aApoc. 11:3; 13:5
  73. aDan. 10:13, 21; 12:1; Jud. 9
  74. bApoc. 12:3
  75. cMat. 25:41
  76. aApoc. 12:3
  77. bGn. 3:1; 2Cor. 11:3; Apoc. 12:15; 20:2
  78. cMat. 4:10; 25:41
  79. dApoc. 13:14; 20:3, 8, 10
  80. eLuc. 10:18; Juan 12:31
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  82. bApoc. 7:10
  83. cJob 1:11; 2:5; Zac. 3:1; Luc. 22:31; 1Ped. 5:8
  84. aJuan 16:33; 1Jn. 2:13; Apoc. 15:2
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  88. aSal. 96:11; Isa. 44:23; Apoc. 18:20
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  90. cApoc. 8:13
  91. dApoc. 12:9
  92. eApoc. 10:6
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  95. aEx. 19:4; Dt. 32:11; Isa. 40:31
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  110. dApoc. 12:3; 13:4, 12
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  119. aDan. 7:21; Apoc. 11:7
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  121. aApoc. 3:10; 13:12, 14
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  126. aIsa. 33:1; Jer. 15:2; 43:11
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  132. aApoc. 13:4
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  136. eApoc. 13:3
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  146. aApoc. 11:18; 19:5, 18
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  160. cApoc. 5:8
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  165. eApoc. 7:4; 14:1
  166. aMat. 19:12; 2Cor. 11:2; Ef. 5:27; Apoc. 3:4
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  168. cApoc. 5:9
  169. dHeb. 12:23; Sant. 1:18
  170. aSal. 32:2; Sof. 3:13; Mal. 2:6; Juan 1:47; 1Ped. 2:22
  171. bHeb. 9:14; 1Ped. 1:19; Jud. 24
  172. aApoc. 8:13
  173. b1Ped. 1:25; Apoc. 10:7
  174. cApoc. 3:10
  175. dApoc. 5:9
  176. aApoc. 15:4
  177. bApoc. 11:13
  178. cApoc. 4:11
  179. dApoc. 8:10
  180. aIsa. 21:9; Jer. 51:8; Apoc. 18:2
  181. bDan. 4:30; Apoc. 16:19; 17:5; 18:10
  182. cJer. 51:7