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2º Reyes 4–8
4 Y una mujer de las mujeres de los hijos de los profetasa clamó a Eliseo, diciendo: «Su siervo, mi marido, ha muerto, y usted sabe que su siervo temía al Señor; y ha venido el acreedor a tomar a mis dos hijos para esclavos suyosb».
2 Y Eliseo le dijo: «¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa». Y ella respondió: «Su sierva no tiene en casa más que una vasija de aceitea».
3 Entonces Eliseo le dijo: «Ve, pide vasijas prestadas por todas partes de todos tus vecinos, vasijas vacías; no pidas pocas.
4 »Luego entra y cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos y echas el aceite en todas estas vasijas, poniendo aparte las que estén llenas».
5 Y ella se fue de su lado, y cerró la puerta tras sí y de sus hijos; y ellos traían las vasijas y ella echaba el aceite.
6 Cuando las vasijas estuvieron llenasa, ella dijo a un hijo suyo: «Tráeme otra vasija». Y él le dijo: «No hay más vasijas». Y cesó el aceite.
7 Entonces ella fue y se lo contó al hombre de Diosa. Y él le dijo: «Ve, vende el aceite y paga tu deuda, y tú y tus hijos pueden vivir de lo que quede».
8 Un día pasaba Eliseo por Sunema, donde había una mujer distinguida, y ella lo persuadió a que comiera. Y sucedía que siempre que pasaba, entraba allí a comer.
9 Y ella dijo a su marido: «Ahora entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa, es un santo hombre de Diosa.
10 »Te ruego que hagamos un pequeño aposento alto, con paredes, y pongamos allí para él una cama, una mesa, una silla y un candelero; y cuando venga a nosotros, se podrá retirar allía».
11 Y un día que Eliseo vino por allí, se retiró al aposento alto y allí se acostó.
12 Después dijo a Giezi su criadoa: «Llama a esta sunamita». Y cuando la llamó, ella se presentó delante de él.
13 Entonces Eliseo le dijo a Giezi: «Dile ahora: “Ya que te has preocupado por nosotros con todo este cuidado1, ¿qué puedo hacer por ti? ¿Quieres que hable por ti al rey o al jefe del ejército?”». Y ella respondió: «Yo vivo en medio de mi pueblo2».
14 Eliseo entonces preguntó: «¿Qué, pues, se puede hacer por ella?». Y Giezi respondió: «En verdad ella no tiene ningún hijo y su marido es viejo».
15 Y Eliseo dijo: «Llámala». Cuando él la llamó, ella se detuvo a la entrada.
16 Entonces Eliseo le dijo: «Por este tiempo, el año que viene1, abrazarás un hijoa». Y ella dijo: «No, señor mío, hombre de Dios, no engañe usted a su siervab».
17 Pero la mujer concibió y dio a luz un hijo al año siguiente en el1 tiempo que Eliseo le había dicho.
18 Cuando el niño creció, llegó el día en que salió al campo adonde estaba su padre con los segadores,
19 y dijo a su padre: «¡Ay, mi cabeza, mi cabeza!». Y el padre dijo a un criado: «Llévalo a su madre».
20 Y tomándolo, el criado lo llevó a su madre, y el niño estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió.
21 Entonces ella subió y lo puso sobre la camaa del hombre de Diosb, cerró la puerta, y salió.
22 Luego llamó a su marido y le dijo: «Te ruego que me envíes uno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al hombre de Dios y regrese».
23 Y él dijo: «¿Por qué vas hoy a él? No es luna nueva ni día de reposoa». Y ella respondió: «Quédate en paz».
24 Entonces ella aparejó el asna y dijo a su criado: «Arrea1 y anda; no detengas el paso2 por mí a menos que yo te lo diga».
25 Y ella fue y llegó al hombre de Dios en el monte Carmeloa. Cuando el hombre de Dios la vio a lo lejos, dijo a Giezi su criado: «Mira, allá viene la sunamita.
26 »Te ruego que corras ahora a su encuentro y le digas: “¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien al niño?”». Y ella respondió: «Estamos bien».
27 Pero cuando ella llegó al monte, al hombre de Diosa, se abrazó de sus pies. Y Giezi se acercó para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: «Déjala, porque su alma está angustiada y el Señor me lo ha ocultado y no me lo ha revelado».
28 Entonces ella dijo: «¿Acaso pedí un hijo a mi señor? ¿No dije: “No me engañe usteda?”».
29 Entonces Eliseo dijo a Giezi: «Prepáratea, toma mi báculo en tu mano, y veteb. Si encuentras a alguien, no lo saludes, y si alguien te saluda, no le respondasc, y pon mi báculo sobre el rostro del niñod».
30 Y la madre del niño dijo: «Vive el Señor y vive su alma, que no me apartaré de usteda». Entonces Eliseo se levantó y la siguió.
31 Y Giezi se adelantó a ellos y puso el báculo sobre el rostro del niño, pero no hubo voz ni reacción1. Así que volvió para encontrar a Eliseo, y le dijo: «El niño no ha despertadoa».
32 Cuando Eliseo entró en la casa, el niño ya estaba muerto, tendido sobre su cama.
33 Y entrando, cerró la puerta tras ambos y oró al Señora.
34 Entonces subió y se acostó sobre el niño, y puso la boca sobre su boca, los ojos sobre sus ojos y las manos sobre sus manos, y se tendió sobre él; y la carne del niño entró en calora.
35 Entonces Eliseo volvió y caminó por la casa de un lado para otro, y subió y se tendió sobre éla; y el niño estornudó siete veces y abrió sus ojos.
36 Eliseo llamó a Giezi y le dijo: «Llama a la sunamita». Y él la llamó. Cuando ella vino a Eliseo, él le dijo: «Toma a tu hijo».
37 Entonces ella entró, cayó a sus pies y se postró en tierra, y tomando a su hijo, salióa.
38 Cuando Eliseo regresó a Gilgala, había hambre en la tierrab. Estando sentados los hijos de los profetasc delante de éld, dijo a su criado: «Pon la ollae grande y prepara un potaje para los hijos de los profetas».
39 Entonces uno de ellos salió al campo a recoger hierbas, y encontró una viña silvestre y de ella llenó su manto de calabazas silvestres, y vino y las cortó en pedazos en la olla de potaje, porque no sabía lo que eran.
40 Y lo sirvieron para que los hombres comieran. Y sucedió que cuando comían el potaje, clamaron y dijeron: «¡Oh hombre de Dios, hay muertea en la olla!». Y no pudieron comer.
41 Pero Eliseo les dijo: «Tráiganme harina». Y la echó en la olla, y dijo: «Sírvanlo a la gente para que coman». Y ya no había nada maloa en la olla.
42 Y vino un hombre de Baal Salisa y trajo al hombre de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada y espigas de grano nuevo en su bolsa. Y él dijo: «Dáselos a la gente para que comana».
43 Su sirviente le dijo: «¿Cómo pondré esto delante de cien hombres?». Pero él respondió: «Dáselos a la gente para que coman, porque así dice el Señora: “Comerán y sobrará”».
44 Y lo puso delante de ellos y comieron, y sobró conforme a la palabra del Señora.
5 Naamán, capitán del ejército del rey de Arama, era un gran hombre delante de su señor y tenido en alta estima, porque por medio de él el Señor había dado la victoria1 a Aram. También el hombre era un guerrero valiente, pero leproso.
2 Los arameos, que habían salido en bandasa, habían tomado cautiva a una muchacha muy joven de la tierra de Israel, y ella estaba al servicio de la mujer de Naamán.
3 Y ella dijo a su señora: «¡Ah, si mi señor estuviera con el1 profeta que está en Samaria! Él entonces lo curaría de su lepra».
4 Entonces Naamán fue y habló a su señor el rey diciéndole: «Esto y esto ha dicho la muchacha que es de la tierra de Israel».
5 Y el rey de Aram le dijo: «Ve ahora1a, y enviaré una carta al rey de Israel». Y él fue y llevó consigo 340 kilos de plata y 6,000 siclos (68.4 kilos) de oro y diez mudas de ropab.
6 También llevó al rey de Israel la carta que decía: «Y cuando llegue a ti esta carta, comprenderás que te he enviado a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra».
7 Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestidosa, y dijo: «¿Acaso soy yo Dios, para dar muerte y para dar vidab, para que este me mande a decir que cure a un hombre de su lepra? Consideren ahora esto y vean cómo busca pleito conmigo1c».
8 Al oír Eliseo, el hombre de Diosa, que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió aviso al rey diciéndole: «¿Por qué ha rasgado sus vestidos? Que venga él a mí ahora, y sabrá que hay profeta en Israel».
9 Vino, pues, Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a la entrada de la casa de Eliseo.
10 Y Eliseo le envió un mensajero, diciendo: «Ve y lávatea en el Jordán siete veces, y tu carne se te restaurará y quedarás limpio».
11 Pero Naamán se enojó, y se fue diciendo: «Yo pensé1: “Seguramente él vendrá a mí, y se detendrá e invocará el nombre del Señor su Dios, moverá su mano sobre la parte enferma y curará la lepra2”.
12 »¿No son el Abaná1 y el Farfar, ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No pudiera yo lavarme en ellos y ser limpio?». Y dio la vuelta, y se fue enfurecidoa.
13 Pero sus siervos se le acercaron y le dijerona: «Padre mío, si el profeta le hubiera dicho que hiciera alguna gran cosa, ¿no la hubiera hecho? ¡Cuánto más cuando le dice a usted: “Lávese, y quedará limpiob”!».
14 Entonces él bajó y se sumergió siete veces en el Jordán conforme a la palabra del hombre de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niñoa, y quedó limpiob.
15 Cuando regresó al hombre de Dios con toda su compañía, fue y se puso delante de él, y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israela. Le ruego, pues, que reciba ahora un presente1 de su siervob».
16 Pero él respondió: «Vive el Señor, delante de quien estoya, que no aceptaré nadab». Y Naamán le insistió para que lo recibiera, pero él rehusó.
17 Y Naamán dijo: «Pues si no, le ruego que de esta tierra, se le dé a su siervo la carga de un par de mulos, porque su siervo ya no ofrecerá holocausto ni sacrificará a otros dioses, sino al Señora.
18 »Que el Señor perdone a su siervo en esto: Cuando mi señor entre en el templo1 de Rimón para adorar allí y se apoye en mi manoa, y yo me incline en el templo1 de Rimón cuando tenga que adorar allí2, que el Señor perdone a su siervo por esto».
19 Y él le dijo: «Vete en paza». Y se alejó de él a cierta distancia.
20 Pero Giezi, criado de Eliseoa, el hombre de Dios, dijo para sí: «Puesto que mi señor ha dispensado a este Naamán arameo al no1 recibir de sus manos lo que él trajo, vive el Señorb que correré tras él y tomaré algo de él».
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| 1 | Lit. temor. |
| 2 | Lit. mis parientes. |
| 1 | Lit. cuando el tiempo reviva. |
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| 1 | Lit. cuando el tiempo revivió en este. |
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| 1 | O Guía. |
| 2 | Lit. el cabalgar. |
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| 1 | Lit. atención. |
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| 1 | O salvación. |
| Aram | Arameo |
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| 1 | Lit. delante del. |
| 1 | Lit. Ve, entra. |
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| 1 | Lit. está buscando ocasión contra mí. |
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| 1 | Lit. dije. |
| 2 | Lit. al leproso. |
| 1 | Muchos mss. dicen: Amaná. |
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| a | |
| b | |
| a | |
| 1 | Lit. una bendición. |
| b | |
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| b | |
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| 1 | Lit. casa. |
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| 2 | Lit. en la casa de Rimón. |
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| 1 | Lit. de. |
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