2º Reyes 5:1–24
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Naamán, capitán del ejército del rey de Arama, era un gran hombre delante de su señor y tenido en alta estima, porque por medio de él el Señor había dado la victoria1 a AramAram También el hombre era un guerrero valiente, pero leproso.
Los arameos, que habían salido en bandasa, habían tomado cautiva a una muchacha muy joven de la tierra de Israel, y ella estaba al servicio de la mujer de Naamán.
Y ella dijo a su señora: «¡Ah, si mi señor estuviera con el1 profeta que está en Samaria! Él entonces lo curaría de su lepra».
Entonces Naamán fue y habló a su señor el rey diciéndole: «Esto y esto ha dicho la muchacha que es de la tierra de Israel».
Y el rey de Aram le dijo: «Ve ahora1a, y enviaré una carta al rey de Israel». Y él fue y llevó consigo 340 kilos de plata y 6,000 siclos (68.4 kilos) de oro y diez mudas de ropab.
También llevó al rey de Israel la carta que decía: «Y cuando llegue a ti esta carta, comprenderás que te he enviado a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra».
Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestidosa, y dijo: «¿Acaso soy yo Dios, para dar muerte y para dar vidab, para que este me mande a decir que cure a un hombre de su lepra? Consideren ahora esto y vean cómo busca pleito conmigo1c».
Al oír Eliseo, el hombre de Diosa, que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió aviso al rey diciéndole: «¿Por qué ha rasgado sus vestidos? Que venga él a mí ahora, y sabrá que hay profeta en Israel».
Vino, pues, Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a la entrada de la casa de Eliseo.
Y Eliseo le envió un mensajero, diciendo: «Ve y lávatea en el Jordán siete veces, y tu carne se te restaurará y quedarás limpio».
Pero Naamán se enojó, y se fue diciendo: «Yo pensé1: “Seguramente él vendrá a mí, y se detendrá e invocará el nombre del Señor su Dios, moverá su mano sobre la parte enferma y curará la lepra2”.
»¿No son el Abaná1 y el Farfar, ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No pudiera yo lavarme en ellos y ser limpio?». Y dio la vuelta, y se fue enfurecidoa.
Pero sus siervos se le acercaron y le dijerona: «Padre mío, si el profeta le hubiera dicho que hiciera alguna gran cosa, ¿no la hubiera hecho? ¡Cuánto más cuando le dice a usted: “Lávese, y quedará limpiob”!».
Entonces él bajó y se sumergió siete veces en el Jordán conforme a la palabra del hombre de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niñoa, y quedó limpiob.
Cuando regresó al hombre de Dios con toda su compañía, fue y se puso delante de él, y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israela. Le ruego, pues, que reciba ahora un presente1 de su siervob».
Pero él respondió: «Vive el Señor, delante de quien estoya, que no aceptaré nadab». Y Naamán le insistió para que lo recibiera, pero él rehusó.
Y Naamán dijo: «Pues si no, le ruego que de esta tierra, se le dé a su siervo la carga de un par de mulos, porque su siervo ya no ofrecerá holocausto ni sacrificará a otros dioses, sino al Señora.
»Que el Señor perdone a su siervo en esto: Cuando mi señor entre en el templo1 de Rimón para adorar allí y se apoye en mi manoa, y yo me incline en el templo1 de Rimón cuando tenga que adorar allí2, que el Señor perdone a su siervo por esto».
Y él le dijo: «Vete en paza». Y se alejó de él a cierta distancia.
Pero Giezi, criado de Eliseoa, el hombre de Dios, dijo para sí: «Puesto que mi señor ha dispensado a este Naamán arameo al no1 recibir de sus manos lo que él trajo, vive el Señorb que correré tras él y tomaré algo de él».
Y Giezi siguió a Naamán. Cuando Naamán vio a uno corriendo tras él, bajó de su carro a encontrarlo, y dijo: «¿Está todo bien?».
Y él dijo: «Todo está biena. Mi señor me ha enviado, diciendo: “En este mismo momento dos jóvenes de los hijos de los profetas han venido a mí de la región montañosa de Efraínb. Te ruego que les des 34 kilos de plata y dos mudas de ropac”».
Y Naamán dijo: «Dígnate aceptar 64 kilos». Y le insistió y ató 64 kilos de plata en dos bolsas con dos mudas de ropa, y los entregó a dos de sus criadosa; y estos los llevaron delante de Giezi.
Cuando llegó al monte, los tomó de sus manos y los guardó en la casa, luego despidió a los hombres y ellos se fuerona.
Footnotes
Cross references
- aLuc. 4:27
- a2 Rey. 6:23; 13:20
- a1 Sam. 9:7; 2 Rey. 4:42
- bJue. 14:12; 2 Rey. 5:22, 23
- aGn. 37:29
- bGn. 30:2; 1 Sam. 2:6
- c1 Rey. 20:7; Luc. 11:54
- a1 Rey. 12:22
- aJuan 9:7
- aPrv. 14:17; 16:32; 19:11
- a1 Sam. 28:23
- b2 Rey. 2:12; 6:21; 8:9
- a2 Rey. 5:10; Job 33:25
- bLuc. 4:27; 5:13
- aJos. 2:11; 1 Sam. 17:46, 47; 2 Rey. 5:8
- b1 Sam. 25:27
- a2 Rey. 3:14
- bGn. 14:22, 23; 2 Rey. 5:20, 26
- aEx. 20:24
- a2 Rey. 7:2, 17
- aEx. 4:18; 1 Sam. 1:17; Mar. 5:34
- a2 Rey. 4:12, 31, 36
- bEx. 20:7; 2 Rey. 6:31
- a2 Rey. 4:26
- bJos. 24:33
- c2 Rey. 5:5
- a2 Rey. 6:3
- aJos. 7:1, 11, 12, 21; 1 Rey. 21:16
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