2º Reyes 4:25–37
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Y ella fue y llegó al hombre de Dios en el monte Carmeloa. Cuando el hombre de Dios la vio a lo lejos, dijo a Giezi su criado: «Mira, allá viene la sunamita.
»Te ruego que corras ahora a su encuentro y le digas: “¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien al niño?”». Y ella respondió: «Estamos bien».
Pero cuando ella llegó al monte, al hombre de Diosa, se abrazó de sus pies. Y Giezi se acercó para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: «Déjala, porque su alma está angustiada y el Señor me lo ha ocultado y no me lo ha revelado».
Entonces ella dijo: «¿Acaso pedí un hijo a mi señor? ¿No dije: “No me engañe usteda?”».
Entonces Eliseo dijo a Giezi: «Prepáratea, toma mi báculo en tu mano, y veteb. Si encuentras a alguien, no lo saludes, y si alguien te saluda, no le respondasc, y pon mi báculo sobre el rostro del niñod».
Y la madre del niño dijo: «Vive el Señor y vive su alma, que no me apartaré de usteda». Entonces Eliseo se levantó y la siguió.
Y Giezi se adelantó a ellos y puso el báculo sobre el rostro del niño, pero no hubo voz ni reacción1. Así que volvió para encontrar a Eliseo, y le dijo: «El niño no ha despertadoa».
Cuando Eliseo entró en la casa, el niño ya estaba muerto, tendido sobre su cama.
Y entrando, cerró la puerta tras ambos y oró al Señora.
Entonces subió y se acostó sobre el niño, y puso la boca sobre su boca, los ojos sobre sus ojos y las manos sobre sus manos, y se tendió sobre él; y la carne del niño entró en calora.
Entonces Eliseo volvió y caminó por la casa de un lado para otro, y subió y se tendió sobre éla; y el niño estornudó siete veces y abrió sus ojos.
Eliseo llamó a Giezi y le dijo: «Llama a la sunamita». Y él la llamó. Cuando ella vino a Eliseo, él le dijo: «Toma a tu hijo».
Entonces ella entró, cayó a sus pies y se postró en tierra, y tomando a su hijo, salióa.
Footnotes
- 1 atención.
Cross references
Copyright 2005 por The Lockman Foundation