Estudio bíblico Logos

2º Reyes 7–9

Nueva Biblia de las AméricasOtras versiones

Español

Alemán

Árabe

Checo

Chino simplificado

Chino tradicional

Coreano

Francés

Hebreo

Húngaro

Inglés

Italiano

Latín

Portugués

Ruso

Eliseo predice abundancia de pan

Entonces Eliseo dijo: «Oigan la palabra del Señor. Así dice el Señor: “Mañana como a esta hora en la puerta de Samaria, una medida (7.3 litros) de flor de harina se venderá a un siclo (11.4 gramos de plata), y dos medidas de cebada a un sicloa”».

El oficial real en cuyo brazo se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios, y dijo: «Mira, aunque el Señor hiciera ventanas en los cielosa, ¿podría suceder tal cosa?». Entonces Eliseo dijo: «Bien, tú lo verás con tus propios ojos, pero no comerás de ellob».

Había cuatro leprosos a la entrada de la puerta, y se dijeron el uno al otro: «¿Por qué estamos aquí sentados esperando la muertea?

»Si decimos: “Vamos a entrar en la ciudad”, como el hambre está en la ciudad, moriremos allí; y si nos sentamos aquí, también moriremos. Ahora pues, vayamos y pasemos al1 campamento de los arameosa. Si nos perdonan la vida, viviremos; y si nos matan, pues moriremos».

Los leprosos se levantaron al anochecer para ir al campamento de los arameos, y cuando llegaron a las afueras del campamento de los arameos, resultó que no había nadie allí.

Porque el Señor había hecho que el ejército de los arameos oyera estruendo de carros y ruido de caballos, el estruendo de un gran ejércitoa, de modo que se dijeron el uno al otro: «Ciertamente el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los hititasb y a los reyes de los egipciosc, para que vengan contra nosotros».

Por lo cual se levantaron y huyerona al anochecer, y abandonaron sus tiendas, sus caballos y sus asnos y el campamento tal como estaba, y huyeron para salvar sus vidas.

Cuando los leprosos llegaron a las afueras del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y se llevaron de allí plata y oro y ropas, y fueron y lo escondierona; y volvieron y entraron en otra tienda y de allí también se llevaron botín, y fueron y lo escondieron.

Entonces se dijeron el uno al otro: «No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey».

Así que fueron y llamaron a los porteros de la ciudad, y les informaron: «Fuimos al campamento de los arameos, y vimos que no había nadie allí, ni siquiera se oía voz de hombre; solamente los caballos atados, también los asnos atados y las tiendas intactas».

Los porteros de la puerta llamaron, y lo anunciaron dentro de la casa del rey.

Entonces el rey se levantó de noche y dijo a sus siervos: «Ahora les diré lo que los arameos nos han hecho. Saben que estamos hambrientosa; por tanto han salido del campamento para esconderse en el campo, diciendo: “Cuando salgan de la ciudad, los tomaremos vivos y entraremos en la ciudadb”».

Entonces uno de sus siervos respondió: «Deja que algunos hombres tomen cinco de los caballos que quedan, de los que quedan en la ciudad. Porque en todo caso les sucederá como a toda la multitud de Israel que queda en la ciudad, (como a toda la multitud de Israel que ya ha perecido), vamos a enviarlos y veamos qué sucede».

Así que tomaron dos carros con caballos, y el rey los envió en pos del ejército de los arameos, diciendo: «Vayan y vean».

Los siguieron hasta el Jordán, y resultó que todo el camino estaba lleno de vestidos y objetos diferentes que los arameos habían arrojado en su prisa. Entonces los mensajeros volvieron e informaron al rey.

Y el pueblo salió y saqueó el campamento de los arameos. Entonces una medida de flor de harina se vendió1 a un siclo y dos medidas de cebada a un siclo, conforme a la palabra del Señora.

El rey había puesto a cargo de la puerta de la ciudad al oficial real en cuyo brazo se apoyabaa; pero el pueblo lo atropelló junto a la puerta y murió, tal como había dicho el hombre de Dios, el cual habló cuando el rey descendió a verlob.

Aconteció tal como el hombre de Dios había hablado al rey, cuando dijo: «Mañana a estas horas a la puerta de Samaria dos medidas de cebada serán vendidas a un siclo y una medida de flor de harina a un sicloa».

Y el oficial real, había respondido al hombre de Dios, diciendo: «Mira, aunque el Señor hiciera ventanas en los cielos, ¿podría suceder tal cosa?». Y Eliseo le dijo: «Bien, tú lo verás con tus propios ojos, pero no comerás de elloa».

Y así sucedió, porque el pueblo lo atropelló a la puerta, y murió.

Devolución de los bienes a la sunamita

Eliseo habló a la mujer, a cuyo hijo él había devuelto la vidaa, diciéndole: «Levántate y vete, tú y tu casa, y reside donde puedas residir, porque el Señor ha llamado al hambreb que vendrá sobre la tierra por siete añosc».

Entonces la mujer se levantó e hizo conforme a la palabra del hombre de Dios, y se fue ella con los de su casa y residió en la tierra de los filisteos siete años.

Después de los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos; y salió a implorar al rey por su casa y por su campo.

El rey estaba hablando con Giezi, criado del hombre de Diosa, diciéndole: «Te ruego que me cuentes todas las grandes cosas que ha hecho Eliseo».

Mientras él contaba al rey cómo había devuelto la vida a un muertoa, en ese momento la mujer a cuyo hijo había devuelto la vida, imploró al rey por su casa y por su campo. Y Giezi dijo: «Oh rey señor mío, esta es la mujer y este es su hijo, al que Eliseo devolvió la vida».

Cuando el rey preguntó a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey le asignó un oficial, diciendo: «Restáurale todo lo que era suyo y todo el fruto del campo desde el día que dejó el país hasta ahora».

Eliseo en Damasco

Entonces Eliseo fue a Damascoa. Y Ben Adad, rey de Aramb, estaba enfermo, y le avisaron: «El hombre de Diosc ha venido acá».

Y el rey dijo a Hazaela: «Toma un presente en tu manob y ve al encuentro del hombre de Dios y consulta al Señor por medio de él, diciendo: “¿Sanaré de esta enfermedadc?”».

Hazael fue a ver a Eliseo, y tomó un presente en su mano de todo lo bueno de Damasco, la carga de cuarenta camellos; y vino y se puso delante de él y le dijo: «Su hijo Ben Adad, rey de Aram, me ha enviado a usted, y preguntarle: “¿Sanaré de esta enfermedada?”».

Entonces Eliseo le dijo: «Ve y dile: “Ciertamente usted sanaráa”; pero el Señor me ha mostrado que ciertamente moriráb».

Y puso rígido su rostro y fijó sus ojos en Hazael hasta que se sintió avergonzadoa, y el hombre de Dios llorób.

Y Hazael dijo: «¿Por qué llora mi señor?». Entonces respondió: «Porque sé el mal que harás a los israelitasa: incendiarás sus fortalezas, matarás a espada a sus jóvenes, estrellarás a sus niños y rasgarás el vientre a sus mujeres encintab».

Entonces Hazael dijo: «Pero, ¿qué es su siervo, sino un perro, para que haga tan enorme cosaa?». Y Eliseo respondió: «El Señor me ha mostrado que usted será rey de Aramb».

Entonces Hazael se alejó de Eliseo y regresó a su señor, quien le dijo: «¿Qué te dijo Eliseo?». Y él respondió: «Me dijo que ciertamente usted sanaráa».

Pero al día siguiente Hazael tomó una colcha, la empapó en agua y se la puso al rey sobre la cara, y murióa. Entonces Hazael reinó en su lugar.

Reinados de Joram y Ocozías

En el año quinto de Joram, hijo de Acab, rey de Israel, siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram, hijo de Josafat, rey de Judáa.

aTenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén.

Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, tal como había hecho la casa de Acab (porque la hija de Acab era su mujer); e hizo lo malo ante los ojos del Señora.

Sin embargo, el Señor no quiso destruir a Judá por amor a David Su siervo, ya que le había prometido darle una lámpara por medio de sus hijos para siemprea.

En sus días se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y pusieron rey sobre ellosa.

Entonces pasó Joram a Zair, y todos sus carros con él. Y se levantó de noche y atacó a los edomitas que lo tenían cercado a él y a los jefes de los carros, pero su ejército1 huyó a sus tiendasa.

Y Edom se rebeló contra el dominio de Judá, hasta el día de hoya. Entonces Libna se rebelób en ese mismo tiempo.

Los demás hechos de Joram y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá?

Y Joram durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de Davida; y su hijo Ocozías reinó en su lugarb.

aEn el año doce de Joram, hijo de Acab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá.

Ocozías tenía veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre era Atalía, nieta1 de Omria, rey de Israel.

Él también anduvo en el camino de la casa de Acaba, e hizo lo malo ante los ojos del Señor, como había hecho la casa de Acab, porque era yerno de Acab.

Entonces fue con Joram, hijo de Acab, a la guerra contra Hazaela, rey de Aram, en Ramot de Galaadb; y los arameos hirieron a Joram.

Y el rey Joram regresó a Jezreel para ser curado de las heridas que los arameos le habían hecho en Ramot, cuando peleó contra Hazael, rey de Arama. Entonces Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá, descendió a Jezreel para visitar a Joram, hijo de Acab, porque estaba enfermob.

Jehú rey de Israel

El profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetasa, y le dijo: «Prepárate, toma este frasco de aceiteb en tu manoc y ve a Ramot de Galaadd.

»Cuando llegues allá, busca a Jehúa, hijo de Josafat, hijo de Nimsib. Entra y haz que se levante de entre sus hermanos, y llévalo a un aposento interior.

»Entonces toma el frasco de aceite, derrámalo sobre su cabeza, y dile: “Así dice el Señor: ‘Yo te he ungidoa rey sobre Israel’ ”. Abre luego la puerta y huye, no esperes».

El joven, el siervo del profeta, fue a Ramot de Galaada.

Cuando llegó allá los capitanes del ejército estaban sentados, y él dijo: «Capitán, tengo un mensaje para ti». Y Jehú dijo: «¿Para cuál de nosotros?». Y él dijo: «Para ti, capitán».

Entonces Jehú se levantó y entró en la casa, y el joven derramó el aceite sobre su cabeza y le dijo: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo te he ungido rey sobre el pueblo del Señor, sobre…

Leer en Logos

Este pasaje se ha acortado. Seguir leyendo 2º Reyes 7–9 en Logos

Notas al pie

  1. 1 caigamos en el.
  2. 1 era.
  3. 1 el pueblo.
  4. 1 hija.

Referencias cruzadas

  1. a2 Rey. 7:18
  2. aGn. 7:11; Mal. 3:10
  3. b2 Rey. 5:18; 7:17, 19
  4. aLev. 13:45, 46; Núm. 5:2–4; 12:10–14
  5. a2 Rey. 6:24
  6. a2 Sam. 5:24
  7. b1 Rey. 10:29
  8. c2 Crón. 12:2, 3; Isa. 31:1; 36:9
  9. aSal. 48:4–6; Prv. 28:1
  10. aJos. 7:21
  11. a2 Rey. 6:25–29
  12. bJos. 8:4–12
  13. a2 Rey. 7:1
  14. a2 Rey. 7:2
  15. b2 Rey. 6:32
  16. a2 Rey. 7:1
  17. a2 Rey. 7:2
  18. a2 Rey. 4:18, 31–35
  19. bSal. 105:16; Hag. 1:11
  20. cGn. 41:27, 54
  21. a2 Rey. 4:12; 5:20–27
  22. a2 Rey. 4:35
  23. a1 Rey. 11:24
  24. b2 Rey. 6:24
  25. c2 Rey. 5:20
  26. a1 Rey. 19:15, 17
  27. b1 Rey. 14:3
  28. c2 Rey. 1:2
  29. a2 Rey. 5:13
  30. a2 Rey. 8:14
  31. b2 Rey. 8:15
  32. a2 Rey. 2:17
  33. bLuc. 19:41
  34. a2 Rey. 10:32, 33; 12:17; 13:3, 7
  35. b2 Rey. 15:16; Nah. 3:10
  36. a1 Sam. 17:43; 2 Sam. 9:8
  37. b1 Rey. 19:15
  38. a2 Rey. 8:10
  39. a2 Rey. 8:10
  40. a2 Rey. 1:17; 3:1
  41. a2 Crón. 21:5–10
  42. a2 Rey. 8:27
  43. a2 Sam. 7:12–15; 1 Rey. 11:36
  44. a1 Rey. 22:47; 2 Rey. 3:9, 26, 27; 8:22
  45. a2 Sam. 18:17; 19:8
  46. aGn. 27:40
  47. bJos. 21:13; 2 Rey. 19:8
  48. a2 Crón. 21:20
  49. b2 Crón. 21:1, 7
  50. a2 Rey. 8:25–29: 2 Crón. 22:1–6
  51. a2 Crón. 22:2
  52. a2 Crón. 22:3
  53. a2 Rey. 8:15
  54. b1 Rey. 22:3, 29
  55. a2 Rey. 9:15
  56. b2 Rey. 8:28; 9:16; 2 Crón. 22:5, 6
  57. a2 Rey. 2:3
  58. b1 Sam. 10:1; 16:1; 1 Rey. 1:39
  59. c2 Rey. 4:29
  60. d2 Rey. 8:28, 29
  61. a2 Rey. 9:5, 11
  62. b1 Rey. 19:16, 17; 2 Rey. 9:14, 20
  63. a2 Crón. 22:7
  64. a2 Rey. 9:1