1 Tesalonicenses 2:1–10
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Porque ustedes mismos saben, hermanos, que nuestra visita1 a ustedesa no fue en vanob,
sino que después de haber sufrido y sido maltratadosa en Filiposb, como saben, tuvimos el valor, confiados en nuestro Dios, de hablarlesc el evangelio de Diosd en medio de mucha oposicióne.
Pues nuestra exhortacióna no procede de errorb ni de impurezac ni es con engañod,
sino que así como hemos sido aprobados por Diosa para que se nos confiara el evangeliob, así hablamos, no como agradando a los hombres, sino a Diosc que examina1 nuestros corazonesd.
Porque como saben, nunca fuimos1 a ustedes con palabras lisonjeras, ni con pretexto para sacar provechoa. Dios es testigob.
Tampoco buscamos gloria de los hombresa, ni de ustedes ni de otros, aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad1b.
Más bien demostramos ser1 benignos2a entre3 ustedes, como una madre que cría con ternura a sus propios hijosb.
Teniendo así un gran afecto por ustedes, nos hemos complacido en impartirlesa no solo el evangelio de Diosb, sino también nuestras propias vidas1, pues llegaron a ser muy amados para nosotros.
Porque recuerdan, hermanos, nuestros trabajos y fatigasa, cómo, trabajando de día y de nocheb para no ser cargac a ninguno de ustedes, les proclamamos el evangelio de Diosd.
Ustedes son testigos, y también Diosa, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos1 con ustedesb los creyentes.
Footnotes
Cross references
- a1Tes. 1:9
- b2Tes. 1:10
- aHech. 14:5; 16:19–24; Fil. 1:30
- bHech. 16:22–24
- cHech. 17:1–9
- dRom. 1:1
- eFil. 1:30
- aHech. 13:15
- b2Tes. 2:11
- c1Tes. 4:7
- d2Cor. 4:2
- a2Cor. 2:17
- bGál. 2:7
- cGál. 1:10
- dRom. 8:27
- aHech. 20:33; 2Ped. 2:3
- bRom. 1:9; 1Tes. 2:10
- aJuan 5:41, 44; 2Cor. 4:5
- b1Cor. 9:1, 2
- a2Tim. 2:24
- bGál. 4:19; 1Tes. 2:11
- a2Cor. 12:15; 1Jn. 3:16
- bRom. 1:1
- aFil. 4:16; 2Tes. 3:8
- bHech. 18:3
- c1Cor. 9:4, 5; 2Cor. 11:9
- dRom. 1:1
- a1Tes. 2:5
- b2Cor. 1:12; 1Tes. 1:5
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