1º Samuel 30:1–10
Nueva Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
Al tercer día, cuando David y sus hombresa llegaron a Siclag, los amalecitasb habían hecho una incursión en el Neguev1 y contra Siclagc, y habían asolado2 a Siclag y la habían incendiado,
y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban en ella, grandes y pequeños, sin dar muerte1 a nadiea. Se los llevaron y siguieron su camino.
Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad, vieron que había sido quemada; y que sus mujeres, sus hijos y sus hijas habían sido llevados cautivos.
Entonces David y la gente que estaba con él alzaron su voz y lloraron, hasta que no les quedaron fuerzas para llorara.
Las dos mujeres de David, Ahinoam la jezreelita y Abigail, la viuda1 de Nabal, el de Carmela, habían sido llevadas cautivas.
Y David estaba muy angustiado porque la gente hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba amargado1a, cada uno a causa de sus hijos y de sus hijas. Pero David se fortaleció en el Señor su Diosb.
Entonces dijo David al sacerdote Abiatar, hijo de Ahimeleca: «Te ruego que me traigas el efod». Y Abiatar llevó el efod a Davidb.
Y David consultó al Señora: «¿Perseguiré a esta banda? ¿Podré alcanzarlosb?». Y Él le respondió: «Persíguelos, porque de cierto los alcanzarás y sin duda los rescatarásc a todos».
Partió, pues, David, él y los 600 hombres que estaban con éla, y llegaron hasta el torrente Besor, donde algunos se quedaron rezagados.
Pero David siguió adelante1, él y 400 hombres, porque 200, que estaban demasiado fatigados para cruzar el torrente Besora, se quedaron atrás.
Footnotes
Cross references
- a1 Sam. 29:4, 11
- b1 Sam. 15:7; 27:8–10
- c1 Sam. 27:6, 8
- a1 Sam. 27:11
- aNúm. 14:1
- a1 Sam. 25:42, 43; 2 Sam. 2:2
- aEx. 17:4; Juan 8:59
- b1 Sam. 23:16; Sal. 18:2; 27:14; 31:24; 71:4, 5; Rom. 4:20
- a1 Sam. 23:6, 9
- b1 Sam. 22:20–23
- a1 Sam. 23:2, 4; Sal. 50:15; 91:15
- bEx. 15:9
- c1 Sam. 30:18
- a1 Sam. 27:2
- a1 Sam. 30:9, 21
Copyright 2005 por The Lockman Foundation