1º Reyes 18–19
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- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
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Encuentro de Elías y Acab
Después de muchos días, la palabra del Señor vino a Elías en el tercer añoa, diciéndole: «Ve, muéstrate a Acab, y enviaré lluvia sobre la superficie de la tierrab».
Y Elías fue a mostrarse a Acab. Y el hambre era intensa en Samaria.
Y Acab llamó a Abdías que era mayordomo de la casaa. (Y Abdías temía1 en gran manera al Señorb;
pues cuando Jezabel destruyó1 a los profetas del Señora, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en una cueva, y los sustentób con pan y agua).
Entonces Acab dijo a Abdías: «Ve por la tierra a todas las fuentes de agua y a todos los valles; quizá hallaremos hierba y conservaremos con vida los caballos y los mulos, y no tendremos que matar parte del ganado».
Y dividieron la tierra entre ellos para recorrerla; Acab se fue solo por un camino, y Abdías se fue solo por otro.
Abdías estaba en el camino cuando Elías le salió al encuentro, y Abdías lo reconocióa y cayó sobre su rostro, y le dijo: «¿Es usted Elías, mi señor?».
Él le respondió: «Yo soy. Ve, dile a tu señor: “Aquí está Elías”».
Y él dijo: «¿Qué pecado he cometido, que entrega a su siervo en manos de Acab para que me mate?
»Vive el Señor su Diosa, que no hay nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarlo; y cuando decían: “No está aquí”, hacía jurar al reino o a la nación que no lo habían hallado.
»Y ahora dices: “Ve, dile a tu señor: ‘Aquí está Elías’ ”.
»Y sucederá que cuando lo deje, el Espíritu del Señora lo llevará adonde yo no sepa; así que cuando yo vaya y se lo diga a Acab y él no pueda encontrarlo, me matará, aunque yo su siervo he temido1 al Señor desde mi juventud.
»¿No le han contado a mi señor lo que hice cuando Jezabel mató a los profetas del Señor, que escondí a cien de los profetas del Señor de cincuenta en cincuenta en una cueva, y los sustenté con pan y aguaa?
»Y ahora usted me dice: “Ve, dile a tu señor: ‘Aquí está Elías’ ”; entonces me matará».
Elías le dijo: «Vive el Señor de los ejércitosa, delante de quien estoy, que hoy ciertamente me mostraré a él».
Abdías fue al encuentro de Acab, y le dio aviso; y Acab fue al encuentro de Elías.
Cuando Acab vio a Elías, Acab le dijoa: «¿Eres tú, perturbador de Israel?».
Y él respondió: «Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, porque ustedes han abandonado los mandamientos del Señora y han seguido a los Baalesb.
»Ahora pues, envía a reunir conmigo a todo Israel en el monte Carmeloa, junto con 450 profetas de Baalb y 400 profetas de la Aserac que comen a la mesa de Jezabel».
Elías y los profetas de Baal
Acab envió mensaje a todos los israelitas y reunió a los profetas en el monte Carmelo.
Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: «¿Hasta cuándo vacilarán entre1 dos opinionesa? Si el Señor es Dios, síganlob; y si Baal, síganlo a él». Pero el pueblo no le respondió ni una palabra.
Entonces Elías dijo al pueblo: «Solo yo he quedado como profeta del Señora, pero los profetas de Baal son 450 hombresb.
»Que nos den, pues, dos novillos. Que escojan un novillo para ellos y lo despedacen, y lo coloquen sobre la leña, pero que no le pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro novillo y lo colocaré sobre la leña, y no le pondré fuego.
»Entonces invoquen el nombre de su dios, y yo invocaré el nombre del Señor; y el Dios que responda por fuego, ese es Diosa». Y todo el pueblo respondió: «La idea es buena».
Y Elías dijo a los profetas de Baal: «Escojan un novillo para ustedes y prepárenlo primero, pues son los más, e invoquen el nombre de su dios, pero no le pongan fuego».
Entonces tomaron el novillo que les dieron y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: «Oh Baal, respóndenos». Pero no hubo voza ni nadie respondió. Y danzaban1 alrededor del altar que habían hecho2.
Como al mediodía, Elías se burlaba de ellos y decía: «Clamen en voz alta, pues es un dios; tal vez estará meditando o se habrá desviado, o estará de viaje, quizá esté dormido y habrá que despertarlo».
Y gritaban a grandes voces y se sajaban, según su costumbrea, con espadas y lanzas hasta que la sangre chorreaba sobre ellos.
Pasado el mediodía, se pusieron a gritar frenéticamente1 hasta la hora de ofrecerse el sacrificio de la tardea; pero no hubo voz, ni nadie respondió ni nadie hizo caso.
Entonces Elías dijo a todo el pueblo: «Acérquense a mí». Y todo el pueblo se acercó a Elías. Entonces él reparó el altar del Señor que había sido derribadoa.
Elías tomó doce piedras conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, a quien había venido la palabra del Señor, diciendo: «Israel será tu nombrea».
Con las piedras edificó un altar en el nombre del Señora, e hizo una zanja alrededor del altar, suficientemente grande para contener dos medidas (14.6 litros) de semilla.
Dispuso después la leña, cortó el novillo en pedazos y lo colocó sobre la leñaa.
Y dijo: «Llenen cuatro cántaros de agua y derrámenla sobre el holocausto y sobre la leña». Después dijo: «Háganlo por segunda vez; y lo hicieron por segunda vez». Y añadió: «Háganlo por tercera vez»; y lo hicieron por tercera vez.
El agua corría alrededor del altar, y también llenó la zanja de agua.
Y a la hora de ofrecerse el sacrificio de la tardea, el profeta Elías se acercó y dijo: «Oh Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israelb, que se sepa hoy que Tú eres Dios en Israelc, que yo soy Tu siervo y que he hecho todas estas cosas por palabra Tuyad.
»Respóndeme, oh Señor, respóndeme, para que este pueblo sepa que Tú, oh Señor, eres Dios, y que has hecho volver sus corazones».
Entonces cayó el fuego del Señor, y consumió el holocaustoa, la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja.
Cuando todo el pueblo lo vio, se postraron sobre su rostro y dijeron: «El Señor, Él es Diosa; el Señor, Él es Dios».
Entonces Elías les dijo: «Prendan a los profetas de Baal, que no se escape ninguno de ellos». Los prendieron, y Elías los hizo bajar al torrente Cisóna y allí los degollób.
Fin de la sequía
Y Elías dijo a Acab: «Sube, come y bebe; porque se oye el estruendo de mucha lluvia».
Acab subió a comer y a beber, pero Elías subió a la cumbre del Carmeloa; y allí se agachó en tierrab y puso su rostro entre las rodillas.
Y dijo a su criado: «Sube ahora, y mira hacia el mar». Y él subió, miró y dijo: «No hay nada». Y Elías dijo siete veces: «Vuelve a mirar».
Y sucedió que a la séptima vez, él dijo: «Veo una nubea tan pequeña como la mano de un hombre, que sube del mar». Y Elías le dijo: «Sube, y dile a Acab: “Prepara1 tu carro y desciende, para que la fuerte lluvia no te detenga”».
Al poco tiempo, el cielo se oscureció con nubes y viento, y hubo gran lluvia. Y Acab montó en su carro y fue a Jezreela.
Y la mano del Señor estaba sobre Elíasa, quien ajustándose el cinturónb corrió delante de Acab hasta Jezreel.
Elías huye de Jezabel
Acab le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho y cómo1 había matado a espada a todos los profetasa.
Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías, diciendo: «Así me hagan los dioses y aun me añadana, si mañana a estas horas yo no he puesto tu vida como la vida de uno de ellos».
Elías tuvo miedo1, y se levantó y se fue para salvar su vida; y vino a Beersebaa de Judá y dejó allí a su criado,
y anduvo por el desierto un día de camino, y vino y se sentó bajo un arbusto1; pidió morirsea y dijo: «Basta ya, Señor, toma mi vida porque yo no soy mejor que mis padres».
Y acostándose bajo el arbusto, se durmió; pero un ángel lo tocóa y le dijo: «Levántate, come».
Entonces vio que en su cabecera había una torta cocida sobre piedras calientes y una vasija de agua. Comió y bebió, y volvió a acostarse.
El ángel del Señor volvió por segunda vez, lo tocó y le dijo: «Levántate, come, porque es muy largo el camino para ti».
Se levantó, pues, y comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta nochesa hasta Horeb, el monte de Diosb.
Elías se encuentra con Dios
Allí entró en una cueva y pasó en ella la noche; y vino a él la palabra del Señora, y Él le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?».
Y él respondió: «He tenido mucho celo por el Señora, Dios de los ejércitos; porque los israelitas han abandonado Tu pacto, han derribado Tus altares y han matado a espada a Tus profetas. He quedado yo solob y buscan mi vida para quitármelac».
Entonces el Señor le dijo: «Sal y ponte en el monte delante del Señora». En ese momento el Señor pasaba, y un grande y poderoso vientob destrozaba los montes y quebraba las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto.
Después del terremoto, un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego, el susurro de una brisa apaciblea.
Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostroa con su manto, y salió y se puso a la entrada de la cueva. Y una voz vino a él y le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elíasb?».
Entonces él respondió: «He tenido mucho celo por el Señor, Dios de los ejércitos; porque los israelitas han abandonado Tu pacto, han derribado Tus altares y han matado a espada a Tus profetas. He quedado yo solo y buscan mi vida para quitármelaa».
Y el Señor le dijo: «Ve, regresa por tu camino al desierto de Damasco y cuando hayas llegado, ungirás a Hazaela por rey sobre Aram;
y a Jehú, hijo de Nimsia, ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo, hijo de Safatb de Abel Mehola, ungirás por profeta en tu lugar.
»Al que escape de la espada de Hazaela, Jehú lo mataráb, y al que escape de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.
»Pero dejaré 7,000 en Israel, todas las rodillas que no se han doblado ante Baala y toda boca que no lo ha besadob».
Llamamiento de Eliseo
Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas de bueyes delante de él, y él estaba con la última. Elías pasó adonde él estaba y le echó su manto encimaa.
Dejando él los bueyes, corrió tras Elías, y dijo: «Permítame besar a mi padre y a mi madre, entonces lo seguiréa». Y él le dijo: «Ve, vuélvete, pues, ¿qué te he…
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Notas al pie
- 1O reverenciaba.
- 1 cortó.
- 1O reverenciado.
- 1 cojearán sobre.
- 1 cojeaban; un tipo de danza ceremonial.
- 2Así en algunos y versiones antiguas; en el , que él había hecho.
- 1 profetizaron.
- 1 Ata, unce.
- 1Así en algunas versiones antiguas; en el , y todo lo que.
- 1Así en muchos ; en el , Y él vio.
- 1O una retama o enebro.
Referencias cruzadas
- a1 Rey. 17:1; Luc. 4:25; Sant. 5:17
- bDt. 28:12
- a1 Rey. 16:9
- bNeh. 7:2; Job 28:28
- a1 Rey. 18:13
- bMat. 10:40–42
- a2 Rey. 1:6–8
- a1 Rey. 17:1
- a2 Rey. 2:16; Ezq. 3:12, 14; Hech. 8:39
- a1 Rey. 18:4
- a1 Rey. 17:1
- aJos. 7:25; 1 Rey. 21:20
- a1 Rey. 9:9; 2 Crón. 15:2
- b1 Rey. 16:31; 21:25, 26
- aJos. 19:26; 2 Rey. 2:25
- b1 Rey. 18:22
- c1 Rey. 16:33
- a2 Rey. 17:41; Mat. 6:24
- bJos. 24:15
- a1 Rey. 19:10, 14
- b1 Rey. 18:19
- a1 Rey. 18:38
- aSal. 115:4, 5; Jer. 10:5
- aLev. 19:28; Dt. 14:1
- aEx. 29:39, 41
- a1 Rey. 19:10, 14; 2 Crón. 33:16
- aGn. 32:28; 35:10; 2 Rey. 17:34
- aCol. 3:17
- aGn. 22:9; Lev. 1:7, 8
- a1 Rey. 18:29
- bGn. 28:13; Ex. 3:6; 4:5; Mat. 22:32
- c1 Rey. 8:43
- dNúm. 16:28–32
- aGn. 15:17; Lev. 9:24; 10:1, 2; Jue. 6:21; 2 Rey. 1:12; 1 Crón. 21:26; 2 Crón. 7:1; Job 1:16
- a1 Rey. 18:21, 24
- aJue. 4:7; 5:21
- bDt. 13:5; 18:20; 2 Rey. 10:24, 25
- a1 Rey. 18:19, 20
- bSant. 5:18
- aLuc. 12:54
- aJos. 17:16; Jue. 6:33
- a2 Rey. 3:15; Isa. 8:11; Ezq. 3:14
- b2 Rey. 4:29; Jer. 1:17; 1 Ped. 1:13
- a1 Rey. 18:40
- aRut 1:17; 1 Rey. 20:10; 2 Rey. 6:31
- aGn. 21:31
- aNúm. 11:15; Jer. 20:14–18; Jon. 4:3, 8
- aGn. 28:12
- aEx. 24:18; 34:28; Dt. 9:9–11, 18; Mat. 4:2
- bEx. 3:1; 4:27
- aEx. 33:21, 22
- aEx. 20:5; 34:14
- b1 Rey. 18:22
- cRom. 11:3, 4
- aEx. 19:20; 24:12, 18
- bEzq. 1:4
- aJob 4:16; Zac. 4:6
- aEx. 3:6
- b1 Rey. 19:9
- a1 Rey. 19:10
- a2 Rey. 8:8–15
- a2 Rey. 9:1–10
- b1 Rey. 19:19–21; 2 Rey. 2:9, 15
- a2 Rey. 8:12; 13:3, 22
- b2 Rey. 9:14–10:25
- aRom. 11:4
- bOs. 13:2
- a1 Sam. 28:14; 2 Rey. 2:8, 13, 14
- aMat. 8:21, 22; Luc. 9:61, 62; Hech. 20:37
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