1º Reyes 13–22
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Jeroboam y el hombre de Dios
Sucedió que un hombre de Dios fue desde Judá a Betel1 por palabra del Señora, cuando Jeroboam estaba junto al altar para quemar inciensob.
Y el hombre de Dios clamó contra el altar por palabra del Señora, y dijo: «Oh altar, altar, así dice el Señor: “A la casa de David le nacerá un hijo, que se llamará Josías; y él sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman incienso sobre ti, y sobre ti serán quemados huesos humanosb”».
Aquel mismo día dio una señal1, y dijo: «Esta es la señal de que el Señor ha habladoa: “El altar se romperá y las cenizas2 que están sobre él se derramarán”».
Cuando el rey oyó la palabra que el hombre de Dios había clamado contra el altar de Betel, extendió1 su mano desde el altar y dijo: «¡Préndanlo!». Pero la mano que extendió contra él se le quedó rígida, de modo que no podía volverla hacia sí.
El altar se rompió y las cenizas se derramaron del altar, conforme a la señal que el hombre de Dios había dado por palabra del Señor.
El rey respondió al hombre de Dios: «Te ruego que supliques al1 Señor tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restauradaa». El hombre de Dios suplicó al2 Señorb y la mano del rey le fue restaurada, y quedó como antes.
Entonces el rey dijo al hombre de Dios: «Ven conmigo a casa y refréscate, y te daré una recompensaa».
Pero el hombre de Dios dijo al rey: «Aunque usted me diera la mitad de su casa no iría con usted, tampoco comería pan ni bebería agua en este lugara.
»Porque así se me ordenó por palabra del Señor, que me dijo: “No comerás pan, ni beberás agua, ni volverás por el camino que fuiste”».
Y se fue por otro camino, no regresó por el camino por donde había ido a Betel.
El profeta y el hombre de Dios
Moraba entonces en Betel un anciano profeta; y sus hijos fueron y le contarona todo lo que el hombre de Dios había hecho aquel día en Betel. Las palabras que él había hablado al rey, también las contaron a su padre.
Y su padre les dijo: «¿Por dónde se fue?». Y sus hijos le mostraron el camino por donde se había ido el hombre de Dios que había venido de Judá.
Entonces dijo a sus hijos: «Aparéjenme el asno». Le aparejaron el asno, se montó sobre él,
y fue tras el hombre de Dios; lo halló sentado debajo de una encina, y le dijo: «¿Eres tú el hombre de Dios que vino de Judá?». Y él respondió: «Yo soy».
Entonces le dijo: «Ven conmigo a casa y come pan».
Y él respondió: «No puedo volver contigo ni ir contigo; tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugara.
»Porque me vino un mandato por palabra del Señora: “No comerás pan ni beberás agua allí, ni volverás por el camino que fuiste”».
Y el otro le respondió: «Yo también soy profetaa como tú, y un ángelb me habló por palabra del Señor, diciendo: “Tráelo contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua”». Pero le estaba mintiendoc.
Entonces se volvió con él, comió pan en su casa y bebió agua.
Y cuando ellos estaban a la mesa, la palabra del Señor vino al profeta que le había hecho volver;
y él le gritó al hombre de Dios que vino de Judá: «Así dice el Señor: “Porque has desobedecido el mandato del Señor, y no has guardado el mandamiento que el Señor tu Dios te ha ordenado,
sino que has vuelto y has comido pan y bebido agua en el lugar del cual Él te dijo: ‘No comerás pan ni beberás agua’, tu cadáver no entrará en el sepulcro de tus padres”».
Y después de haber comido pan y de haber bebido agua, aparejó el asno para él, para el profeta que había hecho volver.
Y cuando este se fue, un león lo encontró en el camino y lo matóa, y su cadáver quedó tirado en el camino y el asno estaba junto a él; también el león estaba junto al cadáver.
Entonces pasaron unos hombres y vieron el cadáver tirado en el camino y el león que estaba junto al cadáver; y fueron y lo dijeron en la ciudad donde vivía el anciano profetaa.
Cuando el profeta que le había hecho volver del camino lo oyó, dijo: «Es el hombre de Dios, que desobedeció el mandato del Señor; por tanto el Señor lo ha entregado al león que lo ha desgarrado y matado, conforme a la palabra que el Señor le había hablado».
Entonces habló a sus hijos, diciendo: «Aparéjenme el asno». Y se lo aparejaron.
Fue y halló el cadáver tirado en el camino, y el asno y el león estaban junto al cadáver; el león no había comido el cadáver ni desgarrado el asno.
El profeta levantó el cadáver del hombre de Dios, lo puso sobre el asno y lo trajo. Vino a la ciudad del anciano profeta para hacer duelo por él y enterrarlo.
Puso el cadáver en su propio sepulcro, e hicieron duelo por él, diciendo: «¡Ay, hermano míoa!».
Y después de haberlo enterrado, dijo a sus hijos: «Cuando yo muera, entiérrenme en el sepulcro donde está enterrado el hombre de Dios; pongan mis huesos junto a sus huesosa.
»Porque ciertamente sucederá lo que él clamó por palabra del Señor contra el altara en Betel y contra todas las casas de los lugares altosb que están en las ciudades de Samariac».
Después de este hecho, Jeroboam no se volvió de su mal camino, sino que volvió a nombrar sacerdotes para los lugares altos de entre el pueblo; al que lo deseaba lo investía1 para que fuera sacerdotea de los lugares altosb.
Y esto fue motivo de pecado para la casa de Jeroboama, lo que hizo que fuera borrada y destruida de sobre la superficie de la tierrab.
Profecía de Ahías contra Jeroboam
Por aquel tiempo Abías, hijo de Jeroboam, se enfermó.
Y Jeroboam dijo a su mujer: «Levántate ahora y disfrázatea para que no conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silob, pues allí está el profeta Ahías, que dijo de mí que yo sería rey sobre este puebloc.
»Toma en tus manos diez panesa, tortas y un jarro de miel, y ve a él. Él te dirá lo que le ha de suceder al niño».
Así lo hizo la mujer de Jeroboam; se levantó, fue a Siloa y llegó a casa de Ahíasb. Y Ahías no podía ver porque sus ojos se habían nublado1 a causa de su vejezc.
Pero el Señor había dicho a Ahías: «La mujer de Jeroboam viene a consultarte sobre su hijo, pues está enfermo. Esto y esto le dirás, pues será que cuando ella venga, fingirá ser otra mujera».
Cuando Ahías oyó el ruido de los pasos de ella al entrar por la puerta, dijo: «Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué finges ser otra mujer? Pues he sido enviado a ti con un duro mensaje.
»Ve, dile a Jeroboam: “Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Yo te levanté de entre el pueblo y te hice príncipe sobre Mi pueblo Israela.
’Arranqué el reino de la casa de David y te lo di a tia, pero tú no has sido como Mi siervo David, que guardó Mis mandamientos y me siguió de todo corazón, para hacer solo lo que era recto a Mis ojosb;
sino que has hecho más mal que todos los que fueron antes de ti, y fuiste e hiciste para ti otros diosesa e imágenes fundidasb para provocarme a ira, y me arrojaste detrás de tus espaldasc;
por tanto, voy a traer mal sobre la casa de Jeroboam, y cortaré de Jeroboam a todo varón, tanto esclavo como libre en Israela. Barreré completamente la casa de Jeroboamb, como se barre el estiércol hasta que desaparece del todo.
’Cualquiera de los de Jeroboam que muera en la ciudad, se lo comerán los perros. Y el que muera en el campo, se lo comerán las aves del cieloa; porque el Señor ha hablado’ ”.
»Y tú, levántate, vete a tu casa. Cuando tus pies entren en la ciudad, el niño moriráa.
»Y todo Israel hará duelo por él y lo sepultarán, pues solo este de la familia de Jeroboam irá a la sepultura, porque de la casa de Jeroboam, solo en él fue hallado algo bueno hacia el Señor, Diosa de Israel.
»Y el Señor levantará para sí un rey sobre Israel que destruirá la casa de Jeroboama en este día, y de ahora en adelante1.
»El Señor, pues, herirá a Israel, como se agita una caña en el agua, y Él arrancará a Israela de esta buena tierrab que dio a sus padresc, y los esparcirá más allá del río Éufrates, porque han hecho sus Aseras1, provocando a ira al Señord.
»Él abandonará a Israel a causa de los pecados que cometió Jeroboam y con los cuales hizo pecar a Israela».
Entonces la mujer de Jeroboam se levantó, se fue y llegó a Tirsaa. Y al entrar ella por el umbral de la casa, el niño muriób.
Y todo Israel lo sepultó e hizo duelo por éla, conforme a la palabra que el Señor había hablado por medio de Su siervo, el profeta Ahías.
Los demás hechos de Jeroboama, cómo peleó en las guerras y cómo reinó, están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel.
El tiempo que Jeroboam reinó fue de veintidós años, y durmió con sus padres; y su hijo Nadab reinó en su lugar.
Reinado de Roboam
aRoboam, hijo de Salomón, reinó en Judá. Roboam tenía cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que el Señor había escogido de entre todas las tribus de Israel para poner allí Su nombre. El nombre de su madre era Naama, una amonitab.
Judá hizo lo maloa ante los ojos del Señor, y lo provocaron a celosb más que todo lo que sus padres lo habían provocado con los pecados que habían hecho.
Porque ellos también edificaron para sí lugares altosa, pilaresb sagrados y Aserasc en toda colina alta y bajo todo árbol frondosod.
Hubo también en la tierra sodomitas de cultos paganosa. Hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que el Señor había echado delante de los israelitas.
Y sucedió que en el quinto año del rey Roboam, Sisac, rey de Egipto, subió contra Jerusaléna.
Tomó los tesoros de la casa del Señor y los tesoros del palacio del rey. Se apoderó de todo, llevándose aun todos los escudos de oro que había hecho Salomóna.
Entonces el rey Roboam hizo escudos de bronce en su lugar, y los entregó al cuidado de los jefes de la guardiaa que custodiaban la entrada de la casa del rey.
Cuando el rey entraba en la casa del Señor, los de la guardia llevaban los escudos; y después los devolvían a la sala de los de la guardia.
Los demás hechos de Roboam y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las Crónicasa de los reyes de Judá?
Hubo guerra continua entre Roboam y Jeroboama.
Y durmió Roboam con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de…
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Footnotes
Cross references
- a1 Rey. 12:22; 2 Rey. 23:17
- b1 Rey. 12:33
- a1 Rey. 13:32
- b2 Rey. 23:15, 16
- aEx. 4:1–5; Jue. 6:17; Isa. 38:7; Juan 2:18; 1 Cor. 1:22
- aEx. 8:8, 28; 9:28; 10:17; Hech. 8:24; Sant. 5:16
- bLuc. 6:27, 28
- a1 Sam. 9:7, 8; 2 Rey. 5:15
- aNúm. 22:18; 24:13; 1 Rey. 13:16, 17
- a1 Rey. 13:25; 2 Rey. 23:18
- a1 Rey. 13:8, 9
- a1 Rey. 20:35
- aMat. 7:15; 1 Jn. 4:1
- bGál. 1:8
- cPrv. 12:19, 22; 19:5; Jer. 29:31, 32; Ezq. 13:8, 9; 1 Tim. 4:1, 2
- a1 Rey. 20:36
- a1 Rey. 13:11
- aJer. 22:18
- aRut 1:17; 2 Rey. 23:17, 18
- a1 Rey. 13:2
- bLev. 26:30; 1 Rey. 12:31
- c1 Rey. 16:24; Juan 4:5; Hech. 8:14
- aJue. 17:5
- b1 Rey. 12:31, 32
- a1 Rey. 12:30; 2 Rey. 17:21
- b1 Rey. 14:10; 15:29, 30
- a1 Sam. 28:8; 2 Sam. 14:2; 2 Crón. 18:29
- bJos. 18:1
- c1 Rey. 11:29–31
- a1 Sam. 9:7, 8; 1 Rey. 13:7; 2 Rey. 4:42
- a1 Rey. 14:2
- b1 Rey. 11:29
- c1 Sam. 3:2; 4:15
- a2 Sam. 14:2
- a2 Sam. 12:7; 1 Rey. 11:28–31; 16:2
- a1 Rey. 11:31
- b1 Rey. 11:33, 38; 15:5
- a1 Rey. 12:28; 2 Crón. 11:15
- bEx. 34:17
- cNeh. 9:26; Sal. 50:17; Ezq. 23:35
- aDt. 32:36; 1 Rey. 21:21; 2 Rey. 9:8; 14:26
- b1 Rey. 15:29
- a1 Rey. 16:4; 21:24
- a1 Rey. 14:17
- a2 Crón. 19:3
- a1 Rey. 15:27–29
- aDt. 29:28; 2 Rey. 17:6; Sal. 52:5
- bJos. 23:15, 16
- c2 Rey. 15:29
- dEx. 34:13, 14; Dt. 12:3, 4
- a1 Rey. 12:30; 13:34; 15:30, 34; 16:2
- a1 Rey. 15:21, 33; 16:6–9, 15, 23; Cant. 6:4
- b1 Rey. 14:12
- a1 Rey. 14:13
- a1 Rey. 14:30; 2 Crón. 13:2–20
- a2 Crón. 12:1–16; 1 Rey. 11:32, 36
- b2 Crón. 12:13
- a2 Crón. 12:1, 14
- bDt. 32:21; Sal. 78:58; 1 Cor. 10:22
- aDt. 12:2; Ezq. 16:24
- bDt. 16:22
- c1 Rey. 14:15
- d2 Rey. 17:10; Isa. 57:5; Jer. 2:20
- aGn. 19:5; Dt. 23:17; 1 Rey. 15:12; 22:46; 2 Rey. 23:7
- a1 Rey. 11:40; 2 Crón. 12:2, 9
- a1 Rey. 10:17; 15:18; 2 Crón. 9:15, 16; 12:9
- a1 Sam. 8:11; 22:17
- a2 Crón. 12:15, 16
- a1 Rey. 12:21; 15:6
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