1º Crónicas 29:3–9
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»Además, en mi amor por la casa de mi Dios, el tesoro que tengo de oro y de plata, lo doy a la casa de mi Dios, además de todo lo que ya he provisto para la santa casa,
es decir, 102 toneladas de oroa, del oro de Ofirb, y 238 toneladas de plata acrisolada para revestir las paredes de los edificios;
de oro para las cosas de oro, y de plata para las cosas de plata, es decir, para toda la obra hecha por los artesanos. ¿Quién, pues, está dispuesto a dar su ofrenda hoy al Señor?».
Entonces los jefes de las casas paternas, y los jefes de las tribus de Israel, y los capitanes de millares y de centenares, con los supervisores sobre la obra del reya, ofrecieron voluntariamente sus donativosb;
y para el servicio de la casa de Dios dieron 170 toneladas y 10,000 monedas (85 kilos) de oroa, 1,340 toneladas de plata, 612 toneladas de bronce y 3,400 toneladas de hierro.
Y todos los que tenían piedras preciosas las dieron al tesoro de la casa del Señor a cargo de Jehiela el gersonita.
Entonces el pueblo se alegró porque habían contribuido voluntariamente, porque de todo corazóna hicieron su ofrenda al Señor; y también el rey David se alegró en gran manera.
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