Job 3:1–19
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Después de esto, Job abrió su boca y maldijo el día de su nacimiento1.
Y dijo Job:
«aPerezca el día en que yo nací,
Y la noche que dijo: “Un varón ha sido concebido”.
»Sea ese día tinieblas,
No lo tome en cuenta Dios desde lo alto,
Ni resplandezca sobre él la luz.
»Apodérense de él tinieblas y densa oscuridada,
Pósese sobre él una nube,
Llénelo de terror la negrura del día.
»Y en cuanto a aquella noche, apodérense de ella las tinieblas;
Que no se alegre entre los días del año,
Ni se cuente en el número de los meses.
»Que sea estéril aquella noche,
No entren en ella gritos de júbilo.
»Maldíganla los que maldicen el día,
Los que están listos1 para despertar a Leviatán2a.
»Oscurézcanse las estrellas de su alba;
Que espere la luz pero no la tenga,
Que tampoco vea el rayar1 de la aurora;
Porque no cerró las puertas1 del vientre de mi madre,
Ni escondió la aflicción de mis ojos.
»¿Por qué no morí yo al nacer1,
O expiré al salir del vientrea?
»¿Por qué me recibieron las rodillas,
Y para qué los pechos que me dieron de mamar?
»Porque ahora yo reposaría tranquilo;
Dormiría, y entonces tendría descansoa
Con los reyesa y los consejerosb de la tierra,
Que reedificaron ruinasc para sí;
O con príncipesa que tenían oro,
Que llenaban sus casas de platab.
»O como aborto desechado1, yo no existiría,
Como los niños que nunca vieron la luz.
»Allí los impíos dejan de sentir ira,
Y allí reposan los cansados1a.
»Juntos reposan los prisioneros;
No oyen la voz del capataz.
»Allí están los pequeños y los grandes,
Y el esclavo es libre de su señor.
Footnotes
Cross references
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