Ester 7:4–10
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porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para el exterminioa, para la matanza y para la destrucciónb. Y si solo hubiéramos sido vendidos como esclavos o esclavas, hubiera permanecido callada, porque el mal no se podría comparar con el disgusto1 del rey».
Entonces el rey Asuero preguntó a1 la reina Ester: «¿Quién es, y dónde está el que pretende2 hacer tal cosa?».
Ester respondió: «¡El adversario y enemigo es este malvado Amána!». Entonces Amán se sobrecogió de terror delante del rey y de la reina.
Y dejando de beber vino1, el rey se levantó lleno de furora y salió al jardín del palaciob. Pero Amán se quedó para rogar por su vida a la reina Ester, porque vio que el mal había sido determinado contra él por el rey.
Cuando el rey volvió del jardín del palacio al lugar donde estaban bebiendo vino1, Amán se había dejado caer sobre el lechoa donde se hallaba Ester. Entonces el rey dijo: «¿Aún se atreve a hacer violencia a la reina estando yo en la casa?». Al salir la palabra de la boca del rey, cubrieron el rostro a Amán.
Entonces Harbona, uno de los eunucos que estaban delante del rey, dijo: «Precisamente, la horca1 de 50 codos (22.5 metros) de alto está en la casa de Amán, la cual Amán había preparado para Mardoqueoa, quien había hablado bien en favor del reyb». «Ahórquenlo en ella», ordenó el rey.
Colgaron, pues, a Amán en la horca1 que había preparado para Mardoqueoa, y se aplacó el furor del reyb.
Footnotes
Cross references
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