2º Samuel 18:19–33
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Y Ahimaas, hijo de Sadoc, dijo: «Te ruego que me dejes correr y llevar las noticias al reya de que el Señor lo ha liberado1 de la mano de sus enemigosb».
Pero Joab le dijo: «Tú no eres el hombre para llevar hoy las noticias; las llevarás otro día. No llevarás noticias hoy, porque el hijo del rey ha muerto».
Entonces Joab dijo al cusita1: «Ve, anuncia al rey lo que has visto». Y el cusita se inclinó ante Joab, y corrió.
Y Ahimaas, hijo de Sadoc, volvió a decir a Joab: «Pase lo que pasea, te ruego que me dejes correr tras el cusita». «¿Por qué correrás, hijo mío, ya que no tendrás recompensa por ir?», le dijo Joab.
Pero él dijo: «Pase lo que pase, correré». Entonces le dijo: «Corre». Y Ahimaas corrió por el camino de la llanura, y pasó al cusita.
David estaba sentado entre las dos puertasa; y el atalaya subió al terrado de la puerta en el muro, y alzando los ojos miró, y vio a un hombre que corría solob.
Y el atalaya llamó y avisó al rey. Y el rey dijo: «Si viene solo hay buenas noticias en su boca». Mientras se acercaba más y más,
el atalaya vio a otro hombre corriendo. Entonces el atalaya dio voces al portero, y dijo: «Veo a otro hombre corriendo solo». «Este también trae buenas noticias», dijo el rey.
Y el atalaya dijo: «Creo1 que el correr del primero es como el correr de Ahimaas, hijo de Sadoca». Y el rey dijo: «Este es un buen hombre y viene con buenas noticiasb».
Y Ahimaas dio voces, y dijo al rey: «Todo está bien1». Se postró rostro en tierra delante del reya, y dijo: «Bendito es el Señor su Dios, que ha entregado a los hombres que levantaron sus manosb contra mi señor el rey».
«¿Le va bien al jovena Absalón?», preguntó el rey. Y Ahimaas respondió: «Cuando Joab envió al siervo del rey y a su siervo, vi un gran tumulto, pero no supe qué erab».
«Ponte a un lado y quédate aquí», le dijo el rey. Y él se puso a un lado, y se quedó allí.
Y cuando llegó el cusita, dijo: «Reciba mi señor el rey buenas noticias, porque el Señor lo ha librado1 hoy de la mano de todos aquellos que se levantaron contra usteda».
Dijo el rey al cusita: «¿Le va bien al joven Absalóna?». Y el cusita respondió: «Sean como ese joven los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra usted para malb».
1El rey se conmovió profundamente, y subió al aposento que había encima de la puerta y lloró. Y decía así mientras caminaba: «¡Hijo mío Absalón; hijo mío, hijo mío Absalóna! ¡Quién me diera haber muerto yo en tu lugar! ¡Absalón, hijo mío, hijo míob!».
Footnotes
Cross references
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